Los principales desafíos del nuevo gobierno uruguayo[1]
Antonio
Elías
“Estamos ante la emergencia de un nuevo escenario político y social que
pasa por la generación de mejores condiciones para la disputa con la hegemonía
de las clases dominantes.”
MRNA del PIT-CNT, 27/12/2004
La crisis económica y su correlato de pobreza y
exclusión debilitaron el “sentido común” neoliberal en Uruguay lo que se
refleja en el acceso al gobierno de una coalición de fuerzas sociales y políticas
opositoras al modelo neoliberal que se aplica en el país desde principio de los
setenta. La aplastante victoria en la primera vuelta electoral le otorgó
mayoría parlamentaria habilitando la posibilidad de realizar cambios
significativos en el marco institucional formal. Múltiples expectativas se han generado al respecto pero aún no es
posible discernir cual es la profundidad y viabilidad de sus propuestas de
cambio.
El
nuevo gobierno deberá responder, con mayor o menor énfasis, a las deudas
externa y social. En el marco institucional, las finanzas públicas y la
política presupuestal se reflejarán las presiones de los organismos multilaterales de crédito y de la creciente masa
de pobres y excluidos.
Las nuevas
autoridades fueron electas bajo un programa común, relativamente laxo, pero se
percibe claramente la existencia de concepciones político ideológicas y
estrategias de desarrollo relativamente diferentes, las pugnas por las
designaciones en el gabinete ministerial y en el equipo económico así lo
demuestran.
En líneas generales existen, esquematizando,
dos grandes tendencias, una, que fundamenta la necesidad de equilibrios
fiscales, estabilidad macroeconómica y de las reglas de juego, apostando a la
inversión privada nacional y extranjera que permitiría un proceso de crecimiento
que sustente los proyectos de interés social, propuesta que se identifica a sí
misma con las orientaciones del actual gobierno de Brasil e inclusive de Chile.
La otra tendencia, plantea una nueva estrategia de desarrollo productivo para superar una crisis estructural de larga data
a través de procesos de participación creciente de las organizaciones sociales
y de cambios culturales e institucionales que fortalezcan el papel del Estado
como orientador del proceso económico. La predominancia de unos u otros
dependerá, en gran medida, de la evolución en
los niveles de conciencia y organización de la sociedad.
El objetivo de esta ponencia es aportar
elementos, desde un enfoque básicamente económico, para analizar la actual
situación del Uruguay y fundamentar la necesidad de realizar cambios
institucionales y de política económica que, en primera instancia, jerarquicen
el papel del Estado y fortalezcan actores sociales fundamentales, como los
trabajadores, lo cual generaría condiciones para avanzar, en segunda instancia,
en transformaciones más profundas.
La sociedad uruguaya y el Estado no han encontrado los caminos para superar una crisis
estructural de inserción internacional y de desarrollo productivo de larga
data.
Dicha crisis estructural tiene su origen en factores históricos,
geográficos, demográficos, institucionales y de escala; ninguno de ellos,
aisladamente, es suficiente para explicar los resultados obtenidos. Con todo,
los aspectos institucionales tienen una alta relevancia que, sin embargo, ha
sido insuficientemente analizada.
El modelo aplicado en los
últimos treinta años es extremista en su preferencia por el mercado y en el
cuestionamiento de la acción colectiva a través del Estado. En su versión más
ortodoxa, pretende que el mercado determine por sí mismo la oferta de bienes
preferentes como la salud y la educación. En ese sentido excluye lo político,
porque lo político provoca acciones voluntarias que inciden negativamente en el
orden “natural” del mercado, omitiendo
que los procesos sociales son siempre históricos y no naturales.
Los sectores dominantes
ubicaron las causas profundas del estancamiento productivo de la economía
uruguaya en la transferencia de recursos del sector exportador hacia los
sectores protegidos y como respuesta imponen (dictadura militar mediante) un
modelo extrovertido: la producción debe dirigirse hacia el mercado externo.
En un marco de fuerte se procesaron
importantes transformaciones institucionales, que se concretaron en una ley de
inversiones extranjeras (1974) y una disminución generalizada y progresiva de
las restricciones a las importaciones
con el fin de generar una reconversión industrial para reemplazar la industria
sustitutiva de importaciones por actividades de exportación.
Mientras que la
liberalización comercial se fue procesando con marchas y contramarchas entre un
esquema de apertura unilateral y otro de integración regional - a pesar de los
acuerdos bilaterales con Argentina y Brasil y la posterior creación del
Mercosur - la apertura y la desregulación financiera se aplican en forma clara
en función de un proyecto que concibe al Uruguay como "plaza financiera
regional", basado fundamentalmente en: la admisión del dólar como unidad
de cuenta para los contratos internos; la libre movilidad de capitales y de
divisas; la instalación de la banca off-shore.
El conjunto de criterios de política económica en los que se sustentó
la prosecución del libre mercado y la “defensa del consumidor” generó lo contrario
a la sustitución de importaciones: la sustitución de bienes producidos en el
país por bienes producidos en el exterior. El mercado externo,
complementariamente, no logró asumir su
papel como impulsor fundamental del crecimiento.
Las dos grandes crisis que
culminaron en macrodevaluaciones en 1982 y 2002, demuestran que “la aplicación
de modelos de estabilización basados en ‘anclas
cambiarias’, con sobrevaluación de la moneda, déficit fiscal y en cuenta
corriente, y dependencia creciente del financiamiento interno y externo,
generan una fase de crecimiento acelerado que luego, ante el cambio de las
condiciones de financiamiento, da lugar a una crisis múltiple (de balanza de
pagos, bancaria, de financiamiento del sector público y del sector real), y que
“una economía pequeña como la uruguaya, que requiere crecer hacia fuera, no
puede tener niveles de tipo de cambio real desalineados de los de sus
principales socios comerciales”[2]

Fuente: Banco
Central del Uruguay, 2004 estimado por el autor.
La crisis 1999-2002
La mayor crisis económica de los últimos 100 años tuvo como causas
fundamentales: tuvo como causas fundamentales las devaluaciones de sus
principales socios comerciales y la incapacidad de la conducción económica para
adaptarse a la nueva situación
regional. Se deterioraron las finanzas públicas, aumentó del
riesgo-país, se debilitó el sistema bancario y se perdió la confianza en la
banca oficial.
La reducción de la afluencia de capitales hacia América Latina fue, en
buena medida, consecuencia de los efectos
“contagio” de la crisis asiática (1997) y, principalmente, de la crisis
rusa (1998). Ambas crisis potenciadas por la globalización financiera
impactaron negativamente en Uruguay a través de su efecto en las economías
vecinas - que en 1998 absorbían más de la mitad de las exportaciones de bienes
y servicios.
Luego de la
maxidevaluación de Brasil (enero de
1999) Uruguay no modificó su política cambiaria por lo que se produjo una
fuerte pérdida de competitividad bilateral con dicho país; se redujo a su vez
la demanda Argentina como consecuencia de un fuerte proceso de recesión (cayó
17% el PBI). La crisis se agravó y alcanzó su punto máximo en 2002 luego de la
profundización de la crisis argentina (fines de 2001).
El deterioro de las finanzas públicas, el
aumento del riesgo-país (con el consiguiente cierre de los mercados para el
financiamiento del sector público), el incremento en la morosidad en el BROU y
el BHU, sumado al “descalce” en monedas y plazos del BHU y la incapacidad del
equipo económico para controlar la situación, determinaron una creciente
pérdida de confianza en los bancos estatales.
En 2002 se produjo una formidable fuga de capitales. Se retiraron el 46% de los depósitos en dólares del sistema bancario. Los depósitos de no residentes cayeron 65% y los de residentes casi 30%.
El costo fiscal de la crisis bancaria por concepto de asistencia a instituciones afectadas por la “corrida” de depósitos fue muy elevado, puede estimarse en aproximadamente 2 mil millones de dólares equivalentes a un 11% del PBI de 2002.
Como consecuencia de los persistentes déficit fiscales, y de su financiamiento con endeudamiento en moneda extranjera (títulos públicos y préstamos de organismos financieros multilaterales), la deuda bruta del sector público, que en 1998 era relativamente baja como porcentaje del PBI, se triplico, pasando de 33,9% en 1998 a 92,8% en 2002.
La crisis determinó un
pronunciado deterioro de las principales variables macroeconómicas: Ingreso
Bruto Nacional (-19,7), PBI (-17,5), consumo (-20,2), inversión (-50,9),
exportaciones (-,19,8), importaciones (-37,3), inflación (-31,7), déficit
fiscal promedio (4,3). Se produjo como consecuencia un marcado deterioro de las
condiciones de vida de la población y al igual que en crisis anteriores, la
expulsión de sus ciudadanos (emigración) surge como una “válvula de escape”
para los problemas de la sociedad uruguaya.
La reactivación iniciada en 2003 se basa en una mejora sustancial de la
competitividad externa consecuencia de la pronunciada devaluación del 2002, la
baja inflación posterior y la apreciación de la moneda de los socios
comerciales de la región y de Europa.
Comenzó, sin embargo, el año pasado un nuevo proceso de fortalecimiento
de la moneda nacional que afecta la competitividad precio de las exportaciones
y favorece las importaciones con su consiguiente efecto negativo sobre el
mercado interno (la competitividad global del país cayo 13% en los últimos doce
meses).
El canje de la deuda externa pública (mayo 2003) que alejó el default
(postergando los pagos por amortizaciones y aumentando los costos por
intereses) sustentó una estabilización de las variables macroeconómicas y una
relativa recuperación de la confianza en el sistema financiero: cayó el
"riesgo país" y la tasa de interés, crecieron los depósitos
bancarios.
Debe destacarse que el período electoral
no generó modificaciones en las variables económicas y financieras. No hubo
aumento del riesgo país ni fuga de capitales. El triunfo de un gobierno
progresista no generó temores en el mercado financiero. Aunqeu se mantuvo la
extrema debilidad del sistema financiero, los depósitos en su inmensa mayoría
siguen siendo a corto plazo y en moneda extranjera.
El déficit fiscal del Gobierno Central ascendió a 4,6 % y 2,1% del PBI, en 2003 y 2004
respectivamente. Esta situación deficitaria tiene larga data, sólo en 1991 y
1992 hubo un pequeño superávit fiscal. El FMI exige un superávit fiscal primario
de 4% del PBI: la dirección del nuevo equipo económico propone el 3,5%. En
ambos casos lograr dichos superávit requiere impulsar una ley presupuestal
sumamente restrictiva que no dará respuesta a la deuda social.
Las dificultades para el nuevo gobierno
están, además, en la composición y rigidez del gasto público: en 2004 los
gastos no discrecionales fueron el 57% del total (36% de asistencia a la
seguridad social y 21% de intereses de deuda) y los discrecionales, 43% del
total (18% remuneraciones, 16% otros gastos de funcionamiento, 3% transferencias
y sólo 6% inversiones).
La impagable deuda pública[3]
En primer lugar debe observarse la deuda bruta del sector publico
global por su incidencia directa en las finanzas del Estado, en ese sentido es
fundamental el calendario de vencimientos de dicha deuda que se presenta en el
siguiente cuadro.
Cuadro 1: DEUDA BRUTA DEL SECTOR PÚBLICO
(millones de
dólares)
|
Año TOTAL AMORTIZACIONES INTERESES |
|
IV. 2004
854 729 125 |
|
2005 3.280 2.563 717 |
|
2006 2.681 2.105 576 |
|
2007 1.377 922 455 |
|
2008
983 560 423 |
|
2009
798 402 396 |
|
2010
859 483 376 |
|
Más de 2010 8.678 5.664
3.015 |
TOTAL 19.511 13.428 6.083 |
Fuente: Banco Central del Uruguay, setiembre de 2004, (www.bcu.gub.uy)
Según el cuadro anterior, el Sector Público del Uruguay debe en su
totalidad 13.428 millones de dólares, y sus compromisos de pago para los
próximos 30 años suman 19.511 millones de dólares. El PBI del Uruguay en 2003
fue de 11.177 millones de dólares, y se estima que en 2004 creció un 12% aproximándose, por la apreciación del peso,
a unos 13.500 millones de dólares. Esto significa que la deuda pública total es
mayor que el 100% del PBI de 2004, y
que los compromisos de pago totales (amortizaciones + intereses) significan un
150%.
Se debe observar con atención cual es la situación para los años
2005-2009, que será el período del próximo gobierno. En esos cinco años se
concentran 6.552 millones de dólares de amortizaciones y
2.567 millones de dólares de
intereses, 49 y 43 por ciento, respectivamente, de los compromisos que se
pagaran en los próximos 30 años. En el siguiente cuadro se observa el peso de la deuda en términos
de la producción anual del país:
Cuadro 2: DEUDA BRUTA DEL SECTOR PÚBLICO
(en porcentaje
del PBI)
|
AÑO DEUDA A PAGAR
PBI PORCENTAJE |
|
2005 3.280 14.310 23% |
|
2006 2.681 14.739 18% |
|
2007 1.377 15.181
9% |
|
2008 983 15.637
6% |
|
2009 859 16.106 5% |
Nota: Se supuso un
crecimiento del PBI del 6% en 2005 y de 3% a partir de 2006.
Se supone que el crecimiento en dólares
tiene la misma tasa de crecimiento
que el PBI a
precios constantes.
El estrecho margen de maniobra se percibe fundamentalmente en los dos
primeros años de gobierno, luego se reduce en forma importante, pero recién al
finalizar el período se podría llegar a un peso “aceptable” de los compromisos
por deuda pública sobre el PBI, generalmente ubicados en torno al 5 por ciento.
Esta situación define la necesidad imprescindible de la reducir los pagos por
servicio de deuda del sector público, en particular con los acreedores
externos.
La deuda externa, es una parte sustancial de la deuda pública vista
anteriormente cuyos acreedores son instituciones financieras extranjeras
(denominadas no residentes), que en su conjunto componen lo que se llama Deuda
Externa Pública. En el siguiente cuadro se detallan las obligaciones para los
próximos años.
Cuadro 3: DEUDA EXTERNA BRUTA DEL SECTOR PÚBLICO
(millones de
dólares)
|
AÑO TOTAL
PREST. INT. (FMI, BM, BID) |
|
TOTAL AMORTIZ. INTERESES AMORTIZ INTERESES |
|
IV.2004
298 215 84 130 56 |
|
2005
2.486 1.961 525 1.699 224 |
|
2006
2.134 1.721 413 1.307
148 |
|
2007
1.092 768 324 728 98 |
|
2008 707
412 295 294 71 |
|
2009 545
268 278 193 61 |
|
2010 618
353 266 183
54 |
|
Más 6.192 4.279 1.913
1.232 224 |
Total 14.073 9.975 4.098
5.785 936
|
Fuente: Banco Central del Uruguay, setiembre de 2004, (www.bcu.gub.uy)
La Deuda Externa Pública del Uruguay es de casi 10 mil millones de dólares, lo que significa un 77 por ciento del PBI en el 2004, y sus compromisos de pago (amortizaciones + intereses), que superan los 14 mil millones de dólares alcanzan un 108% de la producción del año 2004 si se pagara de una sola vez. A su vez, esta deuda, pactada a 30 años, concentra el 50 por ciento de dichos compromisos (6.964 millones de dólares) entre 2005-2009, de los cuales 5.130 millones son devolución del capital prestado (amortizaciones) y 1.835 millones corresponden a pagos por intereses.
Hay que destacar la importancia que tiene la deuda contraída con el FMI, el Banco Mundial y el BID, que representa el 82 % del total de las amortizaciones del período 2005-2009. Sin lugar a dudas desde dicha posición estos organismos intentaran, nuevamente, imponer sus políticas de ampliación de la apertura comercial y financiera, la desregulación, las privatizaciones y el ajuste fiscal permanente.
Cuadro 4: DEUDA BRUTA EXTERNA PÚBLICA
(en porcentaje
del PBI)
|
AÑO DEUDA A PAGAR PBI PORCENTAJE |
|
2005 2.486 14.310 17% |
|
2006 2.134 14.739 14% |
|
2007 1.092 15.181
7% |
|
2008 707 15.637
5% |
|
2009 545 16.106 3% |
Nota: Se supuso un
crecimiento del PBI del 6% en 2005 y de 3% a partir de 2006.
Se supone que el crecimiento en dólares
tiene la misma tasa de crecimiento
que el PBI a
precios constantes.
A los efectos de está ponencia es fundamental analizar la deuda pública
bruta del Gobierno Central en tanto restringe en una forma muy importante la
posibilidad de comenzar a pagar, a través del presupuesto público la enorme
deuda social contraída en el período neoliberal. Dicha información no está
disponible por lo cual utilizaremos la información del Sector Público no
Financiero en la medida que el Gobierno Central es responsable a setiembre del
2004 del 94% de la deuda del SPNF.
Cuadro 5: DEUDA BRUTA DEL S.P. NO FINANCIERO
(millones de
dólares)
|
AÑO TOTAL
PREST. INT.
(FMI, BM, BID) |
|
TOTAL AMORTIZ.
INTERESES AMORTIZ. INTERESES |
|
IV.2004
-154 -263 108 129 46 |
|
2005
2.860 2.211 649 1.537 192 |
|
2006
2.226 1.680 546 985
126 |
|
2007
1.070 642 428 473 89 |
|
2008 848
412 295 209 69 |
|
2009 699
268 278 191 61 |
|
2010 849
353 266 181
54 |
|
Más 8.538 4.279 1.913
1.230 224 |
Total 16.914 11.110 5.804 4.935 861
|
Fuente: Banco Central del Uruguay, setiembre de 2004, (www.bcu.gub.uy)
Los intereses de la deuda en los dos primeros años del nuevo gobierno, como puede observarse en el
siguiente cuadro, son una quinta parte de los ingresos del Gobierno Central,
equivalente a las remuneraciones anuales de todos los funcionarios. Debe
considerarse que en 2004 se pagaron por intereses de la deuda pública el 112%
de lo pagado a todos los trabajadores del Gobierno Central.
Cuadro 6: INTERESES DE DEUDA DEL S.P. NO FINANCIERO
(en porcentaje de
los ingresos del Gobierno Central)
|
AÑO INTERESES INGRESOS PORCENTAJE |
|
2005 649 3.022 21% |
|
2006 546 3.113 18% |
|
2007 428 3.206 13% |
|
2008 295 3.303 9% |
|
2009 278 3.402 8% |
Nota: Se supuso que los
ingresos mantienen la misma proporción con el
PBI que tuvieron en 2004 (21,1%).
Por último, debe destacarse que un 45% de la deuda esta pactado a tasa
variable en momentos en que aumenta la
tasa de interés internacional.
La deuda social debería ser la prioridad nacional, dentro de este concepto,
técnicamente impreciso, se pueden incluir: las necesidades básicas
insatisfechas de la población, el deterioro de la capacidad y calidad de los
servicios públicos; la incapacidad del país para generar empleo adecuado a
todos los que lo necesitan (la informalidad, el subempleo, el desempleo, la
perdida de poder adquisitivo de los salarios, etcétera). Se podría incluir, también, la parte del
presupuesto público asignado que no fue ejecutado (U$S 300 millones anuales en
promedio en los últimos cinco años) en el marco de las políticas de ajuste
fiscal y desajuste presupuestal.
En la presentación que se realiza a continuación solamente se pretende
avanzar, tentativamente, en aquellos aspectos que podrían incluirse bajo el
concepto deuda social y que brindan además un panorama de la dramática
situación del país.
Si bien nuestro país se ha destacado
por tener índices de pobreza e indigencia menores a la mayoría de los
países de la región, sin embargo, en los últimos años se ha producido un
acelerado proceso de exclusión social.
La pobreza excede las carencias
materiales imponiendo restricciones de los derechos humanos y ciudadanos; las
personas que viven en esa situación (41% en 2003) son vulnerables social y
económicamente. Esto es más grave ya que afecta fundamentalmente a los niños y
adolescentes, 61% de los menores de dieciocho años, y como contrapartida
solamente son pobres el 10% de las personas en la tercera edad y el 38% de los
adultos.[4]
Estudios realizados demuestran, a su vez,
que: "El aumento de la desigualdad obedece principalmente al mal
desempeño del mercado de trabajo en los 90. Tanto el aumento del desempleo como
el aumento de la desigualdad salarial se trasladó a los hogares (...) La
situación del mercado de trabajo es un factor explicativo central de la
evolución de la desigualdad de los hogares y por tanto, de la pobreza."[5]
Hay indicadores rotundos: a) el salario real, se redujo 23% de 1998 a 2004; b)
el desempleo creció de 10,1% en 1998 a 16,9% en el 2003, si bien descendió en
2004 a 12,1%; c) los ocupados con problemas de empleo pasaron de 20,3% a 44,6%;
d) continuó aumentando la brecha entre el producto por habitante y el salario
real, el crecimiento del PBI en 2003 y 2004 no se reflejó en el salario real
que se redujo 12,4% y 0,4%, respectivamente.
El aumento de la brecha entre el producto por habitante y el salario
real es una tendencia negativa de larga data, como puede verse en el siguiente
gráfico.

Fuente: “Diagnóstico de la situación actual del
país y lineamientos de salida a la
crisis”; Comisión de la Facultad
de Ciencias Económicas y Administración, 2003.
"Durante la recesión 1999-2003 se
deteriora la calidad del empleo por el aumento del subempleo y del empleo no
registrado, que acompañan el aumento del desempleo, de la emigración, de la
pobreza y de la exclusión"[6],
según demuestra un estudio del Instituto de Economía.
El 40% de la población económicamente
activa no tiene cobertura de seguridad social, considerando los trabajadores
que deberían ser cotizantes del BPS y no lo son y los desempleados que no
cobran la prestación del seguro de desempleo.[7]
La situación descripta es resultado del fracaso de un modelo económico
que desmantelo el sistema productivo y ubico en el centro del proceso al
sistema financiero, que atendió cuidadosamente el pago de la deuda aceptando
los condicionamientos que acompañan cada nuevo préstamo o refinanciación,
dejando de lado las funciones del Estado que atendían los aspectos referidos a
la justicia social y la equidad.
Como se ha señalado claramente que “todo el andamiaje de servicios
sociales que dispone el país está pensado para una sociedad cuyas formas de
inclusión social se estructuraban en el pilar del empleo (…) las estructuras institucionales no estaban
preparadas para absorber en la escala que hoy tiene fenómenos que antes no eran
relevantes tales como la desintegración familiar, el hambre concentrada en
focos de población de la periferia, el desempleo persistente, la saturación de
los servicios de salud pública, los niveles de pobreza e indigencia de los
niños entre otros.”[8]
Los
desafíos y los márgenes de maniobra de un gobierno en disputa
El modelo económico neoliberal, los shocks externos y las carencias de la
conducción económica han afectado fuertemente al aparato productivo, en
particular al sector manufacturero - bajos niveles de inversión, retraso
tecnológico, pérdida de mercados externos, desaparición y desestructuración de
empresas y productores -, lo que ha tenido consecuencias muy negativas en los
niveles de empleo, distribución del ingreso y, consecuentemente, en el aumento
de la segmentación y la exclusión social.
Se ha reducido la capacidad del Estado a través de ajustes fiscales y desajustes fiscales permanentes, la
desregulación de mercados, la
privatización parcial de empresas estatales y el entramado clientelista y los
niveles de corrupción de aquellos sectores del bloque en el poder que realizan
sus intereses a través del Estado.
Son múltiples, por tanto, los desafíos económicos del gobierno electo, entre
los que destacan:
a) Comenzar a pagar la enorme deuda social (que no se agota con el plan de
emergencia), que implica mejorar sustancialmente la capacidad del Estado, el
cual con transparencia absoluta debería impulsar procesos de participación
social efectivos.
b) Impulsar una estrategia de desarrollo superadora de la causa principal de la
deuda social: la baja calidad de las condiciones de trabajo;
c) Renegociar la deuda pública externa e interna a fin de liberar
recursos para atender a través del presupuesto público las demandas sociales e
impulsar el desarrollo productivo.
d) Mantener un tipo de cambio competitivo que sostenga el crecimiento
exportador y la estabilidad macroeconómica.
e) Modificar la institucionalidad económica - creada en treinta años de
neoliberalismo-, para favorecer el desarrollo del mercado interno y de actores
sociales fundamentales como los trabajadores.
Evaluar las probabilidades de que se superen esos desafíos y se satisfagan las
demandas sociales hace necesario considerar algunos aspectos políticos claves:
- Accede al gobierno, no al poder, una fuerza política policlasista que
incluye en su base social a trabajadores, capas medias y sectores de la
burguesía nacional.
- En lo ideológico el triunfo del FA no
se produce por un corrimiento a la izquierda de la ciudadanía, sólo un 33% de
los votantes se define como de izquierda o centro izquierda.[9]
- El cambio esencial es un corrimiento
de la propuesta programática hacia el centro lo que se refleja en la sucesiva
ampliación de las alianzas.
Como consecuencia, en el seno del gobierno electo, y en la fuerza política, se
expresan intereses socioeconómicos contrapuestos que no permiten afirmar, a
priori, si el nuevo gobierno será una alternativa al neoliberalismo.
Se inicia un proceso signado por la contradicción latente entre una tendencia
que se expresa en la dirección de la conducción económica – la cual tiene
propuestas de política macroeconómicas más cercanas a la continuidad del modelo
neoliberal que a una ruptura con dicho modelo -, y otras posiciones, como las
del PIT-CNT, que apuestan a cambios importantes en la forma de organización del
proceso económico jerarquizando el papel del Estado, los trabajadores y la
sociedad en la aplicación de una estrategia de desarrollo productivo con
énfasis en el fomento de la producción nacional, las pequeñas y medianas
empresas y el cooperativismo, lo que exige cambios importantes en las reglas de
juego y en la política económica. [10]
No puede haber una estrategia alternativa de desarrollo en el marco de
las instituciones (reglas de juego) creadas por el neoliberalismo: la búsqueda
de cambios institucionales, tanto para crear "compuertas" a la globalización, como para acotar los daños
que provocan los actuales derechos de propiedad, deberían ser aspectos
prioritarios de la agenda económica.
Es imprescindible diseñar un nuevo sistema de normas, lo que implica,
sin embargo, aprovechar al máximo los espacios y los resquicios del marco
actual a fin de reducir la fricción/confrontación que provocan los cambios
institucionales.
En el superávit fiscal primario que se acuerde como meta con el FMI y
en la prioridad que tengan, en el presupuesto nacional, la deuda externa o la deuda social se estará
reflejando el predominio de una u otra
concepción.
Las dos tendencias señaladas anteriormente pueden coexistir durante un
tiempo, pero el estrecho margen de maniobra económico financiero provocará la
agudización de la contradicción que significa mejorar sustancialmente la capacidad
de los trabajadores - defensa de los fueros sindicales, aplicación de los
consejos de salarios, ley de negociación colectiva y puesta en marcha del
Consejo de Economía Nacional - y tratar de aplicar, a la vez, políticas que no difieren significativamente
de las que han predominado en los últimos años.
La disyuntiva del nuevo gobierno es aceptar, más allá de los "discursos y
los gestos", las premisas del modelo dominante o elegir un camino
independiente, lo cual implicará necesariamente desarrollar un paradigma
institucional alternativo. Es necesario crear un punto de inflexión, para lo
cual se requiere de una acumulación de fuerzas mucho mayor que para realizar
cambios de grado dentro de la actual trayectoria.
Sí el nuevo
gobierno no lleva adelante cambios que impliquen, por su profundidad, el inicio
de un nuevo modelo de desarrollo, capaz de aglutinar en su entorno a grandes
mayorías nacionales, se estarían creando las condiciones para que se revierta
la crisis de hegemonía del modelo neoliberal.
Para que haya un Uruguay productivo no basta con el cambio de gobierno, hay que
cambiar el modelo - las reglas de juego y la estrategia de desarrollo - y para ello se requiere una acumulación de
fuerzas mucho mayor que para realizar cambios de grado dentro de la actual
trayectoria. Esa es la tarea de las fuerzas políticas y sociales del cambio.
[1] Este artículo esta basado en la ponencia “Desarrollar un paradigma institucional alternativo: principales desafíos del gobierno uruguayo”, presentado en el VII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo”, La Habana, 7 al 11 de febrero de 2005.
[2] “Diagnóstico de la situación actual del país y lineamientos de salida a la crisis”; Comisión de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, 2003. El ponente es coautor del documento.
[3] Este punto se
basa en un informe realizado por el Ec. Héctor Tajam en noviembre de 2004.
[4] Amarante, Verónica; Arim, Rodrigo y Vigorito, Andrea; “Pobreza, red de protección social y situación de la infancia en Uruguay”, Doc. del BID, diciembre de 2004.
[5] Vigorito, Andrea, “Pobreza urbana en Uruguay. La medición de la pobreza”, Brecha, 02/07/2004.
[6] Notaro, Jorge, “La calidad del empleo en Uruguay 1984-2003”, Instituto de Economía, Versión preliminar, 2005.
[7] “Noticias Buenas y de las otras”, Nro. 36, setiembre de 2004.
[8] Leal, Gustavo, “El ocaso del país modelo y sus formas de integración social”, Semanario “Bitácora”, 18/2/04.
[9] Equipos-Mori, “Claves electorales”, octubre de 2004; www.equpos.com.uy.
[10] Ver el programa aprobado en el VIII Congreso del PIT-CNT, octubre de 2004.