Publicado en Brecha. 05 de octubre de 2007
Gustavo Melazzi
Red de Economistas de Izquierda del Uruguay.
(REDIU)
Inflación hoy; ¿y mañana?
Los antecedentes inflacionarios en Uruguay estimulan temores inmediatos
ante este problema. Más aún cuando los datos señalan que se afecta bienes
básicos (farináceos; carne; lácteos; vivienda; aceites; frutas y verduras).
Peor aún, es en momentos en que varios grupos de trabajadores ya firmaron
acuerdos (consejo de salarios) o recibieron aumentos (el 8.2% de
inflación ya se comió más del aumento de 6.5% otorgado al sector público) y los
pasivos en función de la inflación esperada por el gobierno, de modo que
su perspectiva es difícil.
Lo que preocupa es el mañana. La mayoría de los análisis enfatizaron el carácter coyuntural de las subas de precios; cuando el escenario muestra que no es así.
Tres observaciones previas. La primera es para congratularnos de la preocupación del gobierno. La reacción del equipo económica fue rápida y se orientó por la defensa de los consumidores.
En todo caso, pudiéramos observar una exagerada preocupación por cumplir sus propias metas, lo que contribuye a que la “pauta inflacionaria” se convierta en un fetiche, cuando hay muchos temas importantes en juego. Para el desarrollo, siempre es mejor una inflación moderada, flexible, que una restrictiva y rígida meta cuantitativa.
En segundo lugar, es bueno recordar que los gobiernos anteriores recurrían a subir las tarifas públicas, con el fin de restringir “aumentos de demanda”, tan reiterado como erróneo caballito de batalla para explicar la inflación.
La tercera es para exhortar a los lectores a que tengan confianza en sus propias opiniones, en sus vivencias: el sentido común es fundamental. Porque si vemos a los famosos “analistas económicos”, la verdad es que ¡no aciertan una! Ninguno previó tal suba de precios[1], del mismo modo que no previeron vaciamientos bancarios y sus impactos, ni tampoco las multimillonarias Consultoras internacionales (y el FMI y el BM) auguraron las múltiples turbulencias en muchos países.
Nuestro Banco Central, incluso, elabora y difunde un índice mensual promediando las opiniones de estos analistas (!). He ahí un claro derroche de nuestros recursos.
Las medidas adoptadas transitan áreas diversas. La rebaja en algunas tarifas públicas y combustibles tienen un impacto, relativo, en el consumo y en los costos de producción. Para estos últimos, la idea es que una baja en los costos llevará a que los empresarios disminuyan los precios finales de sus productos. Este es un supuesto muy fuerte, que la experiencia (y la economía política) señalan como muy improbable.
Por otro lado, analizado en conjunto, el sacrificio que realizan las empresas públicas lo pagamos por otro lado. Es decir, la baja en sus ingresos deberá compensarse por medio de impuestos, menores transferencias a Rentas Generales, o por endeudamiento.
No está demás recordar que todo esto es posible porque siguen siendo empresas públicas; nuestras. Otro sería el panorama si estuvieran privatizadas.
Mantener hasta fin de año el no pago de IVA en la carne de pollo, si bien favorece el consumo popular tiene, por un lado, el mismo impacto ya señalado: la baja en la recaudación debe ser compensada por otro lado. Pero agrega un factor de incertidumbre: ¿qué ocurrirá a fin de año? Es una de las debilidades clásicas de los simples controles de precios, y una clara demostración de considerar que el alza en la evolución de los precios es coyuntural.
En este sentido, creemos que esto es así sólo para frutas y verduras, por lo cual es correcto facilitar la importación de estos productos. Queda pendiente la pregunta: todos los años hay heladas y/o sequías; ¿dónde está la previsión de los productores?
Llama la atención un alza importante para la cual no se tomaron medidas ni mereció mayores comentarios: la vivienda (un aumento del 8.2% de enero a agosto). Existe un déficit importante pero los fondos públicos destinados a construcción son mínimos, a lo que se agrega el impacto del nuevo impuesto a los alquileres, que afecta directamente las familias sin capacidad para adquirir vivienda[2]. Como se ve, es un sector donde la responsabilidad del gobierno es inmediata.
En términos generales, la idea de que la inflación se contiene o combate con “sacrificio fiscal” es equivocada y no va al fondo del problema, del mismo modo que las medidas del BCU de manejo al alza de la tasa de interés conduce a una larga serie de efectos negativos para toda la economía y los sectores populares.
El mañana. ¿Es coyuntural el aumento de precios? No es nuestra opinión. Por el contrario, las presiones que hoy inciden continuarán haciéndolo (sin considerar otras posibles).
En pocas palabras: el petróleo seguirá con precios altos (los motivos son archiconocidos) y el precio de granos y otros productos agrícolas continuará subiendo, esencialmente por el impulso a la producción de agrocombustibles, sumado al progresivo consumo en el este asiático y, coyunturalmente, a problemas de producción en Australia. En conclusión, sube el precio de la tierra y, con ella, casi todo (comestibles básicos como harina; aceite; pollos y leche por las raciones; azúcar, y otros productos originados en el agro)[3].
He aquí la razón fundamental para el notorio aumento en los precios de la harina y sus derivados, además de otros granos, de tanta incidencia en los aumentos de precios.
¿Qué podemos y deberíamos hacer? En nuestra opinión, las
presiones continuarán y agravarán el panorama; importa prever el futuro y actuar.
¿Significa esto que hay tiempo? El equipo económico tiene tiempo… pero muy
poco.
Primero, debería no caer en la tentación de enlentecer la recuperación del salario real, ya propuesta por los empresarios y economistas de derecha. Todavía se sitúa muy por debajo del nivel alcanzado en 2001 (pese a que el producto ya superó este nivel), y sea por proponer ajustes anuales en lugar de semestrales o por sugerir pautas salariales restrictivas, se haría pagar una vez más a los trabajadores. Si bien hay afirmaciones que niegan que los aumentos salariales causen inflación (lo cual es correcto), no es de recibo reintroducir este razonamiento “por la ventana” si se dice que, de todas maneras, se buscaría que las recuperaciones salariales “no empujen aún más” la inflación.
En segundo lugar, debe cambiar sustancialmente la política de vivienda, no sólo por su incidencia sobre los alquileres sino, especialmente, por su influencia sobre la producción y el empleo.
Tercero, es inadmisible que se permita que los precios internacionales de carnes y cereales actúen libremente en el país. Esto significa que como consumidores, debamos competir directamente con un consumidor norteamericano o europeo. El Estado debe intervenir fuertemente en momentos en que grandes productores y exportadores ganan fortunas por los altos precios internacionales. Se trata de aplicar un impuesto a las exportaciones (detracciones) de estas materias primas. Productores y exportadores continúan ganando (aunque menos); baja el precio interno de esos productos; el Estado obtiene más recursos, y se estimula industrializarlos internamente, generando un proceso virtuoso para la economía nacional. Esto es especialmente cierto para los granos; la lana sucia o lavada; cueros, y los rolos de eucalipto. Si corresponde, se debe compensar a pequeños ganaderos y agricultores.
Tengamos presente que, aproximadamente, la presión fiscal al agro es un 10% de su PBI, mientras para el resto de la economía es de un 30%. Hay mucha “tela para cortar”.
Por último, también aquí la apuesta al Uruguay Productivo (aún en pañales) es fundamental[4]. El simple “seguimiento” de los precios poco aporta, e incluso intervenciones puntuales de control de los mismos básicamente genera distorsiones y acumula conflictos.
Se trata de desarrollar un programa estatal de fuerte apoyo a la producción y distribución de los bienes de la canasta popular. Es tema clave: sólo su fuerte presencia e intervención participativa para desarrollar estos bienes básicos es garantía para la población.
[1] Ya argumentan que “nuestros modelos no recogen…” (P. Roselli, En Perspectiva; 05/09/07). La economía es social, histórica, política y no se comporta según estas reglas matemáticas, ni obedece designios personales. Por esto último, también deberíamos ser precavidos y no realizar afirmaciones del tipo “la inflación está controlada”.
[2] Este “salto” en el precio de los alquileres es un claro ejemplo de inflación. Un informe del Instituto Cuesta Duarte (07/set/07) señala que “La inflación es un aumento sostenido y continuo de precios. Los aumentos de precios… por una sola vez constituyen saltos o escalones en los niveles de precios, pero no son lo que se denomina inflación”. ¿Acaso los inquilinos no tienen que seguir pagando cada mes este “salto o escalón” de aumento? Pensamos que la redacción del ICD no fue feliz.
Pero donde no se trata de una redacción “infeliz” sino de un error, es en el concepto. Inflación es un aumento continuo y diferencial de precios; ya que la clave está en que el salario se rezaga, de lo contrario, sólo se trata de un alza en el nivel general de precios.
[3] Véase G. Melazzi: Agrocombustibles: ¿qué podemos esperar?
En Voces del Frente, 21/junio/07. Hoy la presión aumenta incluso en
Uruguay, ya que se habla de agrocombustibles en el sur y noreste, y en la zona
maicera de Argentina, la há. se cotiza a US$ 9.000.
[4] Aprendamos de la exitosa experiencia de la Unidad Popular en Chile.