Publicado en Voces del FA. 07 de junio de 2007

 

A propósito del Banco del Sur:

 

Grave: Uruguay, el único fuera

 

Gustavo Melazzi

Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (REDIU)

 

   Los hechos. El 3 de mayo, en Quito, ministros de economía de varios países sudamericanos avanzaron en la constitución del Banco del Sur. Lo respaldan seis países, y además va rápido: “los técnicos se reúnen el 11 de mayo en Río de Janeiro y los ministros volverán a encontrarse en Asunción el 22 de mayo”.

   ¿Uruguay? No forma parte de las conversaciones. Luego de esta última reunión, el ministro Astori adujo que “no recibió un documento aclaratorio ni invitación”.

   La iniciativa partió de Argentina y Venezuela, y nuestro país fue invitado, hace ya un par de meses, por la Ministra de Economía del primer país, Felisa Miceli. Ya dieron su respaldo: Argentina, Venezuela, Brasil, Paraguay, Bolivia y Ecuador, lo que significa que somos el único país del MERCOSUR que ni siquiera asiste.

   ¿De qué se habla? La idea es crearlo como una alternativa financiera propia de los países de Sudamérica, para financiar proyectos de desarrollo y/o de infraestructura; apoyar países en dificultades financieras; facilitar el comercio intra-región; avanzar hacia una unidad monetaria común, entre otras. El Banco del Sur sería uno de los pilares fundamentales hacia “otra economía”.

      ¿De qué se trata?  ¿Qué la propuesta tiene objetivos políticos? Por supuesto. ¿O alguien cree que los instrumentos que construyamos para satisfacer las necesidades y anhelos de nuestros pueblos no lo son? ¿O que la “política económica” de cualquier país no tiene contenido político? Estimado lector: piense si afirmaciones del estilo: “estamos contentos con el BID, el BM” efectuadas por Colombia, Chile y Perú no tienen contenido político, al igual que la afirmación del ministro Astori de que “la región tiene instituciones financieras sólidas que han venido cumpliendo un muy buen papel” (La Diaria, 10/05/07).

   No se trata de “competir” con el BID; es abrir una alternativa propia. ¿Podremos avanzar hacia ese “otro mundo posible” con los mismos instrumentos financieros internacionales (como el BID y el BM, controlados por Washington); dependiendo de quienes dominan el comercio internacional, y sin crear algo nuestro?

   ¿Cómo operaría? Quienes deciden son los países integrantes; se aprobó ya que “un país, un voto”.

   Una actividad es la financiación de proyectos de desarrollo o infraestructura. En el pasado reciente, por eje., Uruguay recibió ofrecimientos de financiación del Banco Nacional de Desarrollo de Brasil, que los evaluaría. En el Banco del Sur la decisión no depende de sólo un país sino de todos.

   Otra: facilitar el financiamiento del comercio exterior intra-regional. Además, estimular el intercambio compensado (el viejo trueque: a vía de ejemplo; petróleo por arroz, o camiones por cemento) minimizando, así, la necesidad de divisas.

   Sólo estas dos actividades harían que el Banco del Sur se constituya en un pilar fundamental de nuestro desarrollo integrado a la región.

   También los pasos anteriores permitirían avanzar hacia una unidad monetaria común., y contribuirían a una desdolarización de aquellas economías –como la nuestra- que adolecen de este problema.

   En el largo plazo permitiría que los países miembros ahorren recursos por el señoreaje (beneficio del país que emite moneda), hoy vertidos a las arcas norteamericanas.

   Daría seguridad a nuestros países frente a la inestabilidad internacional. El Banco del Sur aportaría: financiamiento autónomo del comercio regional; fondos propios para los proyectos de inversión; minimización del papel del dólar; mayor independencia frente a las crisis monetarias internacionales o ante fluctuaciones de la tasa de interés, y mayores defensas frente a las decisiones de potencias en dificultades (como es el caso de los actuales problemas en los EE.UU.)

   Diversas fuentes garantizan que el aporte de capitales al Banco no sería un problema. Mencionemos las cuotas nacionales, hoy facilitadas por grandes reservas monetarias en varios de ellos; parte de los fondos de pensiones; la “sugerencia” a quienes comercian con la región (la Unión Europea; China o Japón) de que su participación en el capital del Banco sería un gesto amistoso; la colocación simple de títulos y otros documentos, como un “negocio” financiero más, en un mundo con una plétora de capitales que buscan colocación.

   Antecedentes. En Nicaragua, durante los dos primeros años de la Revolución Popular Sandinista (1980 – 81) quien escribe participó en el Ministerio de Planificación, y allí aprehendió la importancia de un instrumento como el Banco del Sur. Allá se trataba del Banco Centroamericano de Integración Económica, con objetivos más modestos que los aquí planteados.

   Fue un sustento clave de la política económica, sobre todo en materia de comercio exterior. Esta experiencia llevó a plantear en la Comisión de Programa del FA que impulsáramos algo similar. Y el nombre sugerido fue Banco de Integración Económica del MERCOSUR (BIEM). Una única intervención lo descartó porque “lo mismo propuso Duhalde”. Afortunadamente, la propuesta “viene caminando con fuerza” desde otros sitios.

     ¿Y Uruguay? Sobre la base de que “tengo dudas”, y ningún otro argumento, nuestro país está fuera de este proceso.

   Pero hay cosas que llaman la atención. Por un lado, “los ministros de finanzas de China, Japón, Corea del Sur y la Asociación de Naciones del Sudeste asiático (ASEAN) anunciaron el 5 de mayo en Kyoto la creación de un Fondo Monetario Asiático (FMA) con una dotación inicial de 80.000 millones de dólares” (La Diaria, 10/05/07).

   Mucho más llama la atención la siguiente noticia: “Hoy, el Senado aprobará un acuerdo marco de Uruguay con el Nordic Investment Bank, propiedad de los países nórdicos europeos, por el cual se otorga a Botnia un préstamo de US$ 70 millones para la definitiva instalación de su planta” (La Diaria, 17/04/07).

   Pero entonces, ¿los gobiernos de los países nórdicos tienen un banco estatal para financiar proyectos de desarrollo? ¿Y nuestro Senado se tiene que pronunciar al respecto? (seguramente por la afirmativa) ¿Y nosotros?

   Conclusión: Hace un año, la Red de Economistas de Izquierda presentó el libro Otro camino económico: cambios necesarios para el Uruguay productivo, donde demostró la necesidad de cambiar la actual política económica por la prometida antes de las elecciones. En cuanto al financiamiento, proponíamos “privilegiar los acuerdos intergubernamentales de financiamiento, en especial del MERCOSUR” (:91).

   El Banco del Sur es una propuesta concreta para el desarrollo soberano y popular; los países de la región avanzan (y nos invitan a sumarnos), pero el equipo económico alega dudas y se hace el distraído. Ha demostrado que, en verdad, mira al norte.

   Es grave; ¿estaremos nuevamente ante otra “oportunidad perdida” para favorecer al pueblo uruguayo? Es urgente cambiar esta situación.