Publicado en Voces del Frente. 29 de marzo 2007

 

Uruguay productivo: deseos y realidades

 

Gustavo Melazzi

Red de Economistas de Izquierda del Uruguay.

 

    Algunos hechos para ubicarnos.

 

     Estamos de acuerdo: la consigna Uruguay productivo levantada por el Frente Amplio es uno de los mayores aciertos políticos en años. Su posterior agregado con equidad, o con justicia social, integró mejor aún una sentida aspiración nacional y popular.

     Si bien su contenido no fue muy aclarado, en documentos y especialmente en los discursos, se hacía mención a objetivos de empleo, a aumentos importantes en la producción nacional, a la aplicación de tecnologías de avanzada, y otros aspectos que al menos suplían la carencia anterior.

     Ya en el gobierno y ante la no concreción de propuestas en ese sentido, desde Presidencia se estimuló a los ministerios a cumplir ese compromiso electoral, y estableció la fecha de marzo de 2006 para concretar propuestas, e incluso nombró a los Cros. Buxedas, Rodríguez y Ziniscalchi para ordenarlas. A partir de aquí, en el Consejo de Ministros realizado en Salto, el Uruguay productivo fue uno de los centros, presentándose una lista de alrededor de 90 propuestas. En verdad, la mayoría se componía del título y poco más.

     Pese a ese impulso, el tema continuó sin avances.

     Para inicios de 2007 Presidencia reitera su empuje, solicitando nuevamente “para marzo” propuestas concretas. Suponíamos que serían incorporadas con destaque en el informe presidencial del 2 de marzo. Sin embargo no hubo referencias al tema, prometiéndose que “más adelante” se publicarían los proyectos.

     A la consideración pública sólo quedaron algunas ideas adelantadas por varios ministerios en un matutino, pero que sólo aumentaron inquietudes, por su vaguedad e incluso su pretendido vínculo con lo “productivo”.

     Todo hace pensar que Uruguay productivo seguirá siendo una materia pendiente.

    

     ¿Qué está pasando?

      No parece pertinente atribuir estas dificultades a una supuesta incapacidad de nuestros compañeros en el gobierno. Tampoco a que en algún sitio se coloquen trabas al desarrollo y concreción de propuestas, menos aún ante la perseverancia del Cro. Presidente.

      Sin embargo se agotan los tiempos para dar inicio de una buena vez a un programa de cambios estructurales, tan reclamado y necesario como prometido por el FA, centrado en esta consigna. En otras palabras, el cambio de rumbo en relación a lo impulsado por anteriores gobiernos en política económica.

       

     Dos aspectos claves

     Creo que hay –al menos- dos elementos determinantes que explican la situación anterior.

     El primero es un hecho concreto: el rendimiento que obtienen las colocaciones financieras. Hoy, en Uruguay, “las tasas equivalentes en dólares, proyectadas para las opciones en pesos indexados, oscilan en el 10%” (La República; 11/marzo/07). El proceso es sencillo: ante las perspectivas del tipo de cambio y las altas tasas de interés en moneda nacional, el capitalista coloca en pesos (indexados), gana los intereses, y luego regresa a la moneda extranjera.

     No es preciso saber economía para comprender que nadie en su sano juicio va a invertir en la producción ante estos rendimientos financieros, muy elevados incluso en la comparación internacional. Con una preocupación adicional: esta situación ya la vivimos hace años; ¿no sería importante recordar su resultado?

     El otro elemento clave es el papel que se le asigna al Estado. Según el equipo económico, debe limitarse a crear las condiciones para que los empresarios decidan invertir (algo así como el Estado “escenógrafo”).

     Queda clara entonces una contradicción: si el Estado se limita a este papel,  es imposible por otro lado pretender que impulse explícitamente un Uruguay productivo, que guíe y se comprometa con sectores productivos que entre todos consideremos estratégicos. O una cosa o la otra.

 

     La opción es ineludible.

     El dilema es estratégico; es una decisión política: se respeta la postura tradicional del FA de que el Estado debe cumplir un papel orientador y comprometido en el desarrollo de políticas activas de fomento a la producción nacional y el bienestar de los trabajadores, y se dan pasos concretos en este sentido, o se le mantiene pasivo, en espera de las decisiones empresariales.

     A vía de ejemplo, esto se manifiesta en la citada rentabilidad financiera, que aborta cualquier intento productivo, y que es imprescindible cambiar.

    

Marzo de 2007.