Publicado en Voces del FA: 14/dic/06
¡Viva el FMI!
Hace hoy quince días, Uruguay canceló su deuda con el FMI, al pagarle 1.080 millones de dólares.
¿Situación extraña? No ha pasado nada, pero veinte o treinta años atrás esta noticia hubiera provocado manifestaciones de apoyo, alegría, cohetes por doquier. Hoy, sin embargo, nada. Más bien abundaron las preguntas; la gente no sabía qué pensar: desconcierto, y la pregunta inmediata: ¿y ahora qué?
Soy de los que tiene confianza en la gente; en su capacidad e intuición; en su seriedad para enfocar los temas importantes. Entonces: ¿aquí se equivocaron? Pues no; nuevamente, tienen razón. Poco y nada hay para festejar; la tal “cancelación” no alumbra un horizonte de esperanza. Tratemos de explicar por qué.
En primer lugar, esta cancelación no se hizo “contra” el FMI, ya que desde hace unos pocos años, éste solicita a los países que le paguen las deudas contraídas, especialmente aquellos sobreendeudados, como es el caso de Uruguay.
Segundo, varios pensaron inmediatamente que seguimos la senda trazada por Argentina y Brasil. Pero tal comparación es incorrecta porque las situaciones son radicalmente diferentes. El primero canceló luego de aplicar exitosamente una quita radical a una parte importante de sus acreedores y, ambos, cancelaron su deuda recurriendo a fondos propios, es decir, a reservas acumuladas a partir de sus superávit comerciales y, en el caso argentino, por los grandes ahorros producidos por la quita.
No es el caso uruguayo: nosotros debimos pedirle prestado a otros para pagarle al FMI (desvestir un santo para verter otro).
Esta última situación, tercero, ni siquiera se justifica en “ahorros” generados por el cambio de acreedor. Pese a las declaraciones oficiales (en ningún caso acompañadas de los datos que permitan fundamentarlas), todo hace pensar que no es así. Por un lado, están las declaraciones del propio Banco Central acerca de los “adelantos” efectuados: “… esta estrategia tiene asociado un mayor costo financiero: la tasa promedio pagada por Títulos Públicos fue en 2005 de 7.3% en dólares, versus el 4.8 promedio de los préstamos, incluyendo sobretasas”[1].
Los intereses totales aumentan, lógico, por el alargamiento de los plazos, pero todo hace pensar que las tasas y sobretasas no incluyen las comisiones de los intermediarios (brokers) de las operaciones: oscilaron en el 2.5%, lo cual encarece aún más los nuevos créditos.
En cuarto lugar, otros elemento manejado profusamente es el que señala que “la deuda pasa de ser condicionada a soberana”, haciendo referencia a que no tendremos que firmar nuevas “Cartas de Intención” (los reiterados “acuerdos” con el FMI), donde se establecen/sugieren/recomiendan/acuerdan medidas de política económica a cumplir.
Ojalá lo fuera, pero lamentablemente esto no es correcto. Cancelamos la deuda, pero seguimos siendo miembros del FMI. En tanto miembros, el FMI sigue elaborando sus informes sobre la economía uruguaya. Y estas evaluaciones se toman muy en cuenta por quienes prestan a los países, por ejemplo, por quienes compran bonos uruguayos.
Hay aquí un malentendido importante: se ha difundido que muchos privados que compran nuestros títulos o bonos, en buena medida, son pequeños y medianos ahorristas europeos, norteamericanos, japoneses, etc. incapacitados de “fijar condiciones a nuestra política económica”, como sí lo hace el FMI. Es por esta razón que se alega que esta deuda es “soberana”, no sujeta a condiciones.
Pero el mecanismo por el cual estos ahorristas compran bonos no es que “se pongan a estudiar estadísticas” y resuelvan que “los bonos de Uruguay son los que hay que comprar” (entre otras razones porque ni siquiera están “a la venta” al público). Ellos van a un corredor de bolsa; a un banco; a alguna financiera internacional, y les preguntan dónde les conviene invertir; qué “paquetes” les ofrecen, con sus rentabilidades y riesgos[2].
De modo que quienes recomiendan o no nuestros bonos son estas instituciones financieras, y vaya que tomarán en cuenta los informes que, como vimos, seguirá haciendo el FMI.
Entonces, ¿deuda “soberana”? Quizás lo sea un poquito más, pero en su esencia, la tutela y la influencia del FMI seguirán presentes.
Por último, lo más importante: si cancelamos la deuda con el FMI, pasamos a estar en óptimas condiciones para aplicar, ahora sí, el Programa del Frente Amplio.
Sin embargo, el Cr. Astori, luego de la cancelación, para aventar cualquier duda, declaró que “si seguimos esta política económica no es por imposición del Fondo, sino porque es la que decidimos nosotros”. A partir de aquí, y dado que lo central de ella se acordó en Washington con el FMI enseguida de asumir, surge un interrogante serio: ¿nuestro gobierno tiene la misma política económica que el FMI?
Tenemos una nueva pista: acaba de asumir un nuevo gobierno en México, y el Secretario de Hacienda (equivalente al nuestro de Economía) es Agustín Carsten.
¿Lo recuerdan? Imposible olvidarlo; su voluminoso y prominente cuerpo destacó en todas las fotos de los diarios cuando llegó a Uruguay a inspeccionar nuestra economía de parte del FMI, del cual era alto funcionario.
Sus primeras declaraciones fueron: “La sostenibilidad del gasto y la estabilidad de las variables macroeconómicas van a ser los principales objetivos del nuevo equipo económico” (La Diaria, 07/12/06).
Estas frases; estos objetivos, estimado lector: ¿no les suenan conocidas? Efectivamente, una y otra vez están en las declaraciones, discursos, documentos, del equipo económico.
Luego de estas líneas, ¿no le parece que el estado de ánimo que reseñamos al inicio es el más acertado? Nuevamente, es difícil que la gente se equivoque, su inquietud es la nuestra. Y de lo que se trata es de aplicar la política económica propuesta por el FA.
000000000
[1] BCU: Informe al Poder Ejecutivo. La economía uruguaya en 2005 y el Programa Monetario 2006. Pág. 30.
[2] En una entrevista radial en M24, el periodista me acotó acertadamente que los ahorristas, cuando se sienten estafados por estas instituciones financieras les hacen juicio (como ocurrió en las quitas argentinas) por haberles recomendado de manera equivocada, y que en esos países incluso ganan los juicios pero, en el caso del nuestro, -recordar el caso del famoso Trade & Commerce Bank de las Islas Cayman, ligado al Banco Comercial- sería una excepción.