Publicado en Hervidero Mdeo. Nº 16; noviembre 2006.
Participación ciudadana -----
Intendencia Municipal:
¿Dónde
está la pelota?
Gustavo Melazzi
1. Se inicia otra administración
frenteamplista de Montevideo; ¿llegará a ser también gobierno de la ciudad? Para ello, uno de los condicionantes es la
real participación ciudadana; ya Tocqueville pregonaba que la democracia radica
en un poder comunal fuerte.
Más aún, si aspiramos a una nueva sociedad
(en lo personal, Socialista), lo que importa es la construcción de un
movimiento popular fuerte, organizado y democrático. La ciudad motiva lógicas
opiniones, reclamos, propuestas, debates y opciones. Pero además: ¿es campo
propicio para esa construcción?
La izquierda se ha desarrollado en tanto
oposición al poder de los sectores dominantes; pero también requiere “construir
juntos” (como proponía Don Pedro Vuskovic y tantos otros). Integrar y movilizar
progresivamente a vecinos, trabajadores, jóvenes, en torno a propuestas
positivas, para “hacer cosas concretas”, “que se puedan tocar y usar”
(T.R.Villasante:43)[1].
Entonces sí se podría romper la negatividad
de la gente, se impulsarían formas de participación y creatividad; habría
alegría y optimismo al demostrar en la práctica que “se puede”. Se consolidarían
nucleamientos sociales (bloques sociales que construyen progresivamente
hegemonías alternativas, siguiendo a Gramsci) a partir de los cuales fijar
nuevas metas de acción[2].
Esta participación no debe limitarse al
“control” desde fuera, y ex post. Debe estar desde el inicio y al interior de
las decisiones ciudadanas/urbanas.
Cuando muere un príncipe, la gente dice:
“hizo esto, aquello, y lo otro”. Cuando
muere un gran príncipe, la gente dice: “hicimos esto, aquello…”
Proverbio
chino.
¿Es
posible esa construcción de poder en la ciudad? Además de posible, allí
encuentra factores muy positivos para
sustentarla en hechos concretos, por la positiva, porque los problemas urbanos
no están en la base esencial del capitalismo: la contradicción trabajo/capital (pero
no escapan a ella) Por lo tanto, son
viables las realizaciones colectivas, amén de mejorar las condiciones
inmediatas de vida.
La construcción de un poder democrático
requiere, para los trabajadores, dominar su proceso de trabajo. Del mismo modo,
el ciudadano no sólo debe plantear reivindicaciones urbanas, sino participar
para tomar progresivamente en sus manos las decisiones que gobiernan la ciudad,
su ámbito colectivo de vida.
2.
En la izquierda, los problemas urbanos
“faltaron a la cita”. La potencialidad
que mencionamos para construir futuro con base en la participación
(articulada a la descentralización) ha sido desperdiciada absolutamente durante
quince años de administración frenteamplista (salvo un comienzo promisorio en el
90, que perduró un par de años). Un ejemplo paradigmático son los contenedores
para la basura, fundamentados entre otras cosas porque “así el vecino no tiene
que preocuparse”
El inicio de la descentralización mostró que
el “edificio central” no quiso compartir el poder; ni siquiera una leve
desconcentración de actividades que sería, al menos, un inicio. De inmediato se
generó además el antagonismo Junta Local/Concejo Vecinal, aún vigente.
Se verificó que no alcanza con “abrir la
puerta” para que la participación eclosionara. Luego del abortado entusiasmo
inicial, con inteligencia, la gente concluyó: “para qué voy a ir si no se
decide nada”. En todo caso, “iré cuando necesite algo”.
Hay también buenos ejemplos, por supuesto;
pero la tendencia general ha sido la anterior. Hoy hay señales de un cambio
positivo en el énfasis hacia la participación y la concomitante (e
imprescindible) decisión de los ciudadanos.
La gente se moviliza si va a ser
protagonista para transformar sus condiciones de vida.
3.
Pero la impresión general es que se
culpabiliza a la gente. En
especial, la frase tan
frecuente que dice: “la gente no quiere participar”. A la luz de lo anterior,
es falso. Pero veamos más en profundidad.
Por ejemplo; si un ciudadano quiere informarse,
hay innumerables programas de radio y TV e incluso, a veces, buenos debates[3]. Sumemos la tradición
política uruguaya de delegación de poder; y el peso de los adultos mayores.
Agreguemos también la ideología del “no se puede”[4].
Nadie dijo que sería fácil, pero es preciso
animarse a decidir: “A veces, no es porque las cosas sean difíciles que uno no
se decide, sino que las cosas se vuelven difíciles por no decidir” (Séneca a
Lucilio). Además, la no decisión es también una decisión: la de dejar las cosas
como están. Y al decidir y hacer,
equivocarse es aprender: “hablemos claro: históricamente, los errores cometidos
por un movimiento verdaderamente revolucionario son infinitamente más fecundos
que la infalibilidad del más sabio Comité Central”. (Rosa Luxemburg[5])
Luego, la carencia de educación, de
formación ciudadana en materia de
urbanismo; lógica, por lo señalado y por la ausencia de la IMM en ese ámbito.
No es dable esperar, por tanto, que la participación supere “el techito de la
parada de ómnibus”. Los grandes temas, y la visión de conjunto, son
prácticamente de exclusiva responsabilidad de la Intendencia.
Por último, el “caballito de batalla” de la
falta de recursos; en realidad una muy pobre excusa. Más allá de si es cierta o
no, al menos se podría proponer, debatir, y programar[6]. En todo caso, es posible
visualizar la participación, incluso, como un simple recurso al cual recurrir;
y vaya que los montevideanos tienen grandes carencias en sus condiciones
inmediatas de vida.
4.
Entonces: ¿dónde está la pelota?
¿Quién puede
demostrar que “se puede”; que es posible “hacer” cosas? ¿Quién puede romper
este panorama de desmotivación? ¿Quién tiene capacidad para abrir la
participación, estimularla e integrarla con la descentralización? ¿Quién puede
y debe tomar la iniciativa?
La pelota está en la cancha de la
Intendencia.
Además de desconcentrar servicios, el
estímulo inicial a la participación articulada con descentralización, y su
consolidación, es responsabilidad municipal. Si lo logra avanzaremos, sumando
otras instancias organizativas y políticas, en la democratización del poder.
¿Cómo hago para motivar la participación
ciudadana?[7] En general, es “el arte de
sembrar”[8].
¿De qué manera? Es un proceso muy similar al
educativo: avanza por ciclos. Esquemáticamente (ya que no es original): al
inicio, con un plan general urbano, explicado, con propuestas de impacto urbano
(no cerradas). Se difunde; se explica; el vecino debe poder decir “allí estoy
yo”. Durante un período se discute, se difunden sus avances y retrocesos, sus
modificaciones. Se aprueba. Se inicia; se concreta, se hace[9]. Esto genera un nuevo
ciclo, e impulsa innumerables propuestas, con todas las consecuencias que
señalamos en 1.
Un buen ejemplo puede ser el de FUCVAM: con
base en un tema concreto, la vivienda, y participando, bien dicen ellos que
construyen ciudad y ciudadanía.
Hoy, para la Intendencia Municipal de
Montevideo, el desafío es: ¿hay propuesta general?[10] ¿Hay proyectos de impacto
urbano?[11] ¿Existe disposición de
apertura y para escuchar?[12] ¿Cuál es la propuesta
concreta de la IMM para descentralizar/participar?
Nuestra aspiración es poder afirmar que,
efectivamente, la ciudad somos todos.
[1] Movimiento ciudadano e
iniciativas populares. Citado en Gustavo Melazzi; Washington Estellano: “La
izquierda en los gobiernos locales: ¿un camino hacia la transformación del
Estado y la sociedad? En Trabajo y Capital Nº 4, Mvd, 1993.
[2] Véase Melazzi, Estellano, Ob. cit.
[3] Equivocadamente se insiste
con la “falta de información a la población”. Véase, por ejemplo, el seminario
“Repensar el Estado”, con A. Bergamino; A. Caruso, y A. Portillo; Casa B.
Brecht y H. Böll, Mvd. Diciembre 2003. En verdad, los hechos, cuando existen,
comunican por sí solos. También allí se polemizó si lo necesario es el
“planeamiento participativo” o el “estratégico”, cuando lo importante es hacer.
[4] Hoy reforzada sobre todo
desde los Ministerios de Economía y de Ganadería, Agricultura y Pesca (este
último, relativo, teniendo en cuenta, sin magnificarlo, el proyecto
sucro-alcoholero)
[5] La Revolución rusa; un
examen crítico. (:134). Castellote editor; Madrid 1975.
[6] Plantear hoy la posibilidad del trabajo voluntario suena exótico. ¡Qué diagnóstico de la izquierda en la Intendencia!
[7] Abrumadoramente, la
pregunta del “qué hacer” culmina en nuevos diagnósticos, dirigidos
esencialmente a (auto) justificarse, aunque señalen aspectos interesantes.
Gobernar es ejecutar; concretar.
[8] Cristina Oholeguy, en Multiversidad Franciscana de América Latina, seminario de investigación; 20/03/04.
[9] Véase intervenciones de Arq. Damian Quero y Luis Alonso, T. Sprechmann e Isidoro Singer, citados en Gustavo Melazzi: ¿Y si nos animamos? Ideas para el Montevideo del próximo siglo” Banda Oriental, TyC Mvd.; 1999: págs. 13 y 14.
[10] Del estilo de la
sugerida, por ejemplo en Melazzi; Ob.
Cit.
[11] Una buena noticia:
preparado el borrador de este artículo, en Brecha (06/oct/06) se informa
que la IMM estaría resuelta a impulsar el “Proyecto Reconquista”, del Arq.
Chancone, al que ya hice referencia en (Melazzi; 1999, págs. 92/93 y 102.
[12] En 15 años no hubo.