Publicado
en Voces del FA. 21 de junio de 2007
Anuncios y realidades
de los agrocombustibles:
¿qué podemos esperar?
Gustavo Melazzi
El tema está en los periódicos: reuniones de Bush y Lula para desarrollarlos; Chávez y Fidel opinan en contra; Naciones Unidas advierte que hay que tener cuidado; hay quienes desde ya creen que es una oportunidad para salir de la dependencia; las transnacionales a favor y el MST de Brasil en contra; ¿Es un alivio ecológico?
En Uruguay apenas se esbozan opiniones, y avanza el proyecto sucro-alcoholero en Bella Unión, y en Cerro Largo un fuerte productor arrocero da comienzo a una planta de refinación.
Es un vasto tema que merece abordarse con cuidado; en breve, expliquemos todas las facetas que involucra, y que habría que abordar cuanto antes.
Nuestra idea central es que debemos ser cuidadosos, y que con base en buenos deseos no compremos nuevamente “espejitos de colores”, como ocurrió antes, por ejemplo, con la llamada “revolución verde” (aprox. 1970-1990), o con lo que ahora pueda estar ocurriendo con el cultivo de transgénicos.
Ubiquémonos. La cantidad de cereales necesaria para producir el combustible que llene el tanque de una 4 x 4 (95 lts) permite alimentar un hombre durante un año.
Aproximadamente, una há. posibilita producir una tonelada de biodiesel. De aquí, si EE.UU. quisiera satisfacer su demanda de gasolina más gasoil, no sería suficiente toda su superficie agrícola; requiere un 21% adicional.
Todas las tierras cultivables de Europa permitirían sustituir sólo el 30% de sus combustibles. En el planeta Tierra, para sustituir el 5% del consumo de petróleo y gas tendríamos que sacrificar el 20% de la superficie total destinada a cultivos y pastos, o el 64% del total de tierra cultivable.
¿Son ecológicos? Existen dudas. Parece ser correcto para la
alco-nafta, pero no para el bio-diesel, ya que sus emanaciones son más pulverizadas
(difíciles de evaluar) y afectan la capa de ozono.
Pero ¿qué ocurre en el ciclo completo? Los fertilizantes, por ejemplo: si tomamos la caña, la más eficiente, su cultivo en países del Caribe requiere mucho más fertilizantes que la media de los países periféricos (desde 72% más en Barbados hasta 1.476 % en Martinica), y todavía más que la de los países avanzados. Estos fertilizantes significan petróleo.
A partir de ello, ¿habrá ahorro energético?
Se ignora el impacto del cultivo para agrocombustibles en la deforestación, y en la erosión de los suelos.
Tierra y alimentos. Resulta obvio que los agrocombustibles competirán por el uso de la tierra con los alimentos. Es decisivo aquí considerar quién controla; dónde está el mayor poder, para tomar esta decisión.
La disputa es automotores versus alimentos.
Ello implica las empresas transnacionales; la cultura del automóvil, y el “american way of life” (y su derroche de energéticos) por un lado, y la población mundial de bajos recursos, es decir los trabajadores, por otro.
No es correcto situarnos en un mundo soñado y decir que el planeta puede alimentar a todos, y además producir agrocombustibles. La necesidad de alimentos es hoy, es mañana y pasado mañana, y las decisiones no las toman los trabajadores.
¿Qué ocurre? En esa competencia, como los destinatarios finales de los agrocombustibles tienen mucho mayor poder de compra, el suelo para producirlos “paga” mucho más que el destinado a alimentos. Si se desea producir estos últimos, se deberá pagar más por la tierra, generándose así subas en el precio de los cereales, en el azúcar, en el aceite comestible, etc. No sólo sube de precio el pan; el arroz; la polenta y tantos otros sino que también lo harán la leche, la carne, los huevos, las aves… porque estos productos requieren suplementos alimenticios en granos.
En pocas pero graves palabras: sube el precio de todos los alimentos.
Ya ocurrió: en México el precio de su alimento básico, el maíz, se triplicó. En Uruguay, los dueños de la tierra, ¿no evalúan ya esta futura demanda al fijar el precio de sus arrendamientos o compra ventas?
Vayamos sintetizando. Si no está claro que los agrocombustibles sean ecológicos; si no está claro que ahorren combustibles fósiles; si seguramente ganarán las transnacionales y los países hoy dominantes; si habrá una competencia por la tierra con aumento en los precios de los productos claves para la alimentación, ¿son realmente una alternativa?
Todo lleva a pensar que no lo son.
Las grandes variables en este escenario son sociales (el hambre y un estilo de vida derrochador de recursos); ecológicas (en la producción directa, en el ciclo completo, por la posible deforestación y erosión), y físico/materiales (por ¿más automóviles?; materias primas necesarias, espacio, y urbanismo que los facilita). Si a ello agregamos que el tema subyacente es el de la energía, comprendemos entonces nuestra afirmación inicial de la cantidad de facetas del problema.
Lo decisivo es lo social: otro mundo es necesario; otro enfoque, otros
sujetos, otras formas de vida; otro papel del Estado.
En Uruguay, tanto ALUR en Bella Unión, como la fábrica de biodiesel de Manini en Cerro Largo son proyectos pequeños, sin impactos como para generar preocupaciones en el sentido de las que antes anotamos.
Lo importante: la precaución
de “no comprar espejitos”, y el papel relevante de un Estado (incluso en lo
urbano) que no debe prescindir de decisiones estratégicas concretas y deje de
ser escenógrafo, de lo contrario, las grandes empresas transnacionales deciden
las posibilidades alimentarias y las políticas energéticas.
Red de Economistas de Izquierda del
Uruguay (REDIU)