José Antonio Rocca.
UNA CRISIS COMO HAY TANTAS
¿ O NO ?
Una crisis de singular importancia sacude la economía mundial. Gran parte de los analistas la atribuyen a la especulación inmobiliaria y los créditos hipotecarios en Estados Unidos. Otros culpan a la insuficiencia de las regulaciones y o errores de las políticas económicas.
El fuerte descenso de la producción a nivel de los principales centros económicos, el aumento del desempleo, la caída, de grandes Bancos y empresas, marcan síntomas que creemos destruyen estas interpretaciones superficiales. El capitalismo evoluciona sobre la base de ciclos económicos, y las crisis periódicas revelan sus contradicciones.
En la esencia del funcionamiento económico, la enorme capacidad de producción que desarrolla el avance de la tecnología no encuentra un desarrollo acorde de la capacidad de compra de los grandes sectores de la población. "La razón última de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y la restricción al consumo de las masas en contraste con la tendencia al desarrollo de las fuerzas productivas“".
Las raíces de la crisis actual, son esas. El capitalismo reparte muy mal los ingresos. Por un lado se genera una gran capacidad de inversión, producción y oferta. Por otro los asalariados y sectores populares tienen escaso poder de compra. En consecuencia periódicamente la creciente oferta no encuentra demanda solvente. Las mercancías encuentran dificultades para su transformación en dinero. La rentabilidad de los capitalistas se resiente y el auge da paso a la recesión.
Durante un tiempo el crédito parece cerrar la brecha aumentando la demanda. Sin embargo cuando crecen las deudas de los consumidores y se limita su capacidad para pagar, el problema se traslada a acreedores y vendedores..
De todas maneras cada crisis tiene sus rasgos particulares. Durante los noventa y comienzos del nuevo milenio, el grado exorbitante de la especulación financiera, el crédito excesivo y la impunidad de los grandes Bancos echaron más leña a la hoguera.
El poder de compra de trabajadores y sectores medios especialmente en Estados Unidos, se incrementó de manera artificial y elevó demanda y consumo. La expansión del crédito hipotecario generó la ilusión a muchos compradores que podían llegar a la casa propia. Detrás vinieron préstamos para el auto, el televisor plasma, y demás.
Crecieron las ventas, los negocios, los préstamos, las ganancias de empresas constructoras, vendedores, Bancos e intermediarios de todo tipo. Los precios de las viviendas se inflaron más allá de toda lógica. Los inversionistas se lanzaron a comprar papeles que parían ganancias rápidas. Los valores de las acciones treparon a niveles insostenibles alimentando la burbuja.
Pero los salarios de los compradores no crecían Y las deudas y los intereses a pagar se hacían cada vez más gravosos. La situación de los deudores hipotecarios y “ainda mais” se torno insostenible, más allá de calesitas financieras que otorgaban respiro inmediato para agravar la situación de fondo.
Las deudas eran mayor que el valor de sus hipotecas. Se comenzaron a devolver llaves. Los valores de la vivienda cayeron, las ganancias de banqueros, accionistas, y poseedores de títulos también Casas autos, electrodomésticos sin compradores, quedaron en stock llevando al descenso la producción y el empleo
El descenso arrastró al sistema financiero. Como en un juego con naipes marcados, sus ganancias fueron tan enormes, que las dificultades fueron para poder cobrar.
La hipocresía de los supuestos teóricos del liberalismo y neoliberalismo quedó al desnudo. La asistencia de los gobiernos a las grandes corporaciones asumió proporciones de escándalo y el silencio o la complacencia de los teóricos de la motosierra para restringir gastos reveló una vez más que simplemente son voceros del gran capital.
Los primeros efectos de la crisis sobre Uruguay fueron paradójicamente positivos. Las inversiones especulativas a nivel mundial se lanzaron sobre los alimentos Los cereales tuvieron el sueño de la burbuja propia. Sus precios se dispararon Estados Unidos devaluó de hecho su moneda, se fortaleció el euro, el rublo, y el real. Las exportaciones de Uruguay a Europa, Rusia, y Brasil tuvieron precios record medidos en dólares.
La demanda de alimentos y productos básicos es la última en caer. Sin embargo los sacudones financieros y en la evolución de los precios van a golpear los ingresos y gastos especialmente de los países con elevada deuda externa .
Durante gran parte del 2009, el cambio en las paridades monetarias y el descenso de precios internacionales de diversos rubros de exportación de Uruguay, generaron dificultades que volvieron a atenuarse con la nueva debilidad del dólar y la fortaleza del real desde mediados a finales de año.
Las perspectivas del país para el 2010, no son buenas. No comparto el optimismo oficial y no encuentro argumentos convincentes para avalarlo. Al contrario.
La demanda y precios externos posiblemente desciendan. Unión europea y Brasil difícilmente puedan continuar sus políticas monetarias actuales de fortalecimiento del euro y del real respectivamente sin aumentar el proteccionismo. El dólar débil torna poco atractivo el mercado de Estados Unidos.
La liquidación de stock ganadero limitará las exportaciones de los sectores derivados. El sector forestal y cerealero en todo caso benefician solamente a grandes grupos económicos cuyo centro de actividades se encuentra en el exterior.
La demanda interna se verá jaqueada por salarios insuficientes, deudas crecientes de consumidores y la competencia de productos importados subsidiados de hecho por la política de contención del valor del dólar.
La recaudación fiscal se verá afectada. De continuar priorizando el pago de intereses de deuda y no buscar alternativas que graven el gran capital, me temo que los costos de la nueva crisis recaigan nuevamente en el pueblo.
A nivel general y de todas maneras la crisis está allí pese a la decidida asistencia de los gobiernos a los grandes grupos económicos.. La recuperación de los valores en las bolsas, es solamente un nuevo empuje de reparto de ganancias de papel. Quiebras, concordatos, desempleo en los países centrales, escaso crecimiento o descenso de la producción así lo demuestran. La volatilidad extrema de la cotización de las monedas, y de la evolución de títulos y acciones, convierten a la economía en un enorme casino.
Estados Unidos eleva su apuesta bélica en beneficio de los productores de abastecimiento para sus fuerzas armadas, poniendo al mundo al borde del abismo.
Los voceros del gran capital se desvelan buscando o inventando cifras optimistas frente a realidades que golpean los ojos. Las definiciones que anuncian el final de la recesión porque el producto interno de tal o cual país o zona crece un 0.3% en un trimestre si no fueran trágicas serían jocosas. El margen de error de la formas de cálculo, lo cuestionable de los criterios de definición contable, y lo que implica un supuesto crecimiento del 3 por mil exhiben descarnadamente la superficialidad de ese tipo de análisis.
Quizás sea una crisis más y retorne un nuevo ciclo de crecimiento, con mayor concentración de riquezas. Aunque las raíces de los grandes desequilibrios están intactas. Quizás sea una crisis como tantas.
¿ O será que no ?.