EN BUSCA DEL URUGUAY PRODUCTIVO.

 

José Antonio Rocca

 

El actual patrón de acumulación del capital concentra ingresos que se canalizan hacia el consumo y formas de especulación financiera que solo sirven a pocos privilegiados. La sangría de recursos que representa el pago de intereses de deuda externa complementa el menú. En este escenario ¿como canalizar los ahorros hacia la producción y posibilitar que los frutos sean para todos?.

 

La producción del 2005, apenas se ubica en los niveles de 1998. Con el agravante que el poder de compra de los trabajadores es menor, hay mayor desocupación y ha aumentado la deuda externa.

 

El crecimiento del producto en el 2004, impulsado esencialmente por las exportaciones, no alcanzó a revertir el descenso del lapso 1999-2002 y el saldo del “gobierno divertido” reitera los frutos amargos para el pueblo.

 

La restricción de la emisión de dinero por parte del Estado, y el uso de instrumentos financieros por el  Banco Central se conjugan para eliminar liquidez y evitar presiones sobre las compras de dólares pero como contrapartida las tasas de interés real se elevan y se reduce el poder de compra de los sectores populares y como consecuencia la demanda interna.

 

La lógica del capital (local y extranjero) es cruda, mientras las opciones financieras y el crédito improductivo continúan siendo más rentables que la producción los excedentes en busca del máximo beneficio y el menor riesgo continuarán reproduciendo un funcionamiento vicioso que da la espalda a las expectativas de canalizar los excedentes a la producción y reitera crisis periódicas que recaen sobre los trabajadores.

 

Praderas naturales e industrias derivadas  comercio importador, turismo,  patria financiera y poco más son la base de la economía uruguaya hoy. Ninguno de estos factores parece en condiciones de liderar el desarrollo del país.

 

La ganadería pastoril que representa más del 80% de los usos de la tierra[i], mantiene niveles de stock similares a las de hace 100 años[ii], las importaciones concentradas en un pequeño grupo privilegiado dependen de la evolución de una demanda interna deprimida y arruinan algún esbozo de crecimiento industrial, el turismo esencialmente proveniente de la Argentina, es muy sensible a la evolución del país vecino, y el sistema bancario eterno privilegiado de los últimos 30 años reitera convulsiones periódicas y su incapacidad para fomentar la producción.

 

Un somero análisis de las tendencias históricas de la evolución de la economía uruguaya y en especial de los últimos 30 años avala la percepción que estas bases no permiten establecer cimientos sólidos capaces de gestar un país productivo.

 

RAÍCES.

 

Desde la raíz de la historia económica del Uruguay la ganadería extensiva continúa siendo la fuente de la generación de excedentes en Uruguay. Las pasturas naturales nutren los bovinos y ovinos que sustentan la actividad frigorífica, textil, cueros, entre otros sectores vitales para el funcionamiento económico del país.

 

Pese al estancamiento de la magnitud de las unidades ganaderas que resiste el paso del siglo. (la suma de vacas y ovejas en el 2005 es similar a la de los censos de 1908), las cadenas pastoriles sustentan el grueso de las exportaciones, y lo reducido de sus costos permite generar un excedente relativamente importante para las dimensiones del país.

 

En el viejo Batllismo el Estado jugó un rol importante en la canalización de parte de los mencionados excedentes para fomentar rubros industriales y agrícolas  abastecedores del mercado local. El contexto internacional, las políticas comerciales de sucesivos gobiernos, el rol de la Banca pública, la gestión de algunos insumos esenciales por el Estado permitieron el crecimiento sobre esas bases en la primera mitad del siglo 20 e incluso generaron una distribución del ingreso menos desigual que en la mayor parte de América latina.

 

Este esquema de desarrollo apoyado en industrias ligadas a la evolución del mercado local se extendió hasta la década de los 50. La dependencia externa, las estructuras de tamaño inadecuado de la propiedad de la tierra, la concentración de la industria y sus lazos con la oligarquía tradicional, un mercado interno reducido entre otros factores pautaron sus límites.

 

En ese marco el patrón de acumulación capitalista dominante en el plano local hasta esa etapa se fue agotando. Las contradicciones de todo tipo marcaron su agonía. La concentración de los excedentes en pocas manos, el aumento de la apropiación externa vía financiera y comercial y la menor rentabilidad de las opciones de inversión productiva frente a los usos improductivos tuvieron como uno de sus resultado el estancamiento de la producción desde mediados de los cincuenta a los setenta.

 

Sobre ese escenario se ubican muchas de las transformaciones de los últimos 30 años en la economía del Uruguay. El predominio de los sectores comerciales y financieros pautó la vigencia de políticas de fomento de las importaciones, la liquidación o extranjerización de industrias tradicionales, y fundamentalmente la instrumentación de un conjunto de medidas tendientes a consolidar la “patria financiera”.

 

LA PLAZA FINANCIERA

 

Los últimos 30 años sse caracterizaron entre otros elementos por el crecimiento económico con fuertes oscilaciones y apoyado en el auge del sector servicios (en especial, el comercio, importador, los mega shoppiing, la hotelería, la actividad financiera entre otros).

 

Paralelamente continuaba el estancamiento de la ganadería tradicional y la reestructura de los sectores agrícolas a favor de los exportadores (arroz, cebada, citrus, madera) y en desmedro de algunos rubros vinculados al mercado local, con un resultado neto de escaso crecimiento global del sector agropecuario mientras que la industria sufría fuertes sacúdanse con un balance de estancamiento.

 

El descenso del salario real, el aumento de la desocupación, la creciente deuda externa, las desigualdades crecientes fueron otra cara de la moneda.

 

Aumentó el desperdicio de recursos[iii]. Parte del ahorro potencial se esterilizó en consumo suntuario de productos importados en algunos casos nocivos para el medio ambiente o inadecuados en el contexto económico del país. El trabajo productivo se redujo en forma alarmante. El discurso oficial elogiaba los aumentos de productividad olvidando que la mayor ineficiencia es la existencia de desocupados (cuya productividad es cero) o de empleados en tareas poco productivas que desperdician la capacidad de la gente.   

 

La estructura del sector financiero contribuyó decisivamente a la canalización de los ahorros hacia la especulación y el consumo. Los depósitos de corto plazo, promueven créditos de corto plazo incompatibles con la inversión productiva. El secreto bancario, las tasas de interés incontroladas, crearon las condiciones para que prosperaran comportamientos “irregulares” Y en este tipo de escenarios no es casual que aparezcan los Rhom, los Peirano y ainda mais. Es casi una norma del capitalismo “en serio” el que se parece muy poco al de los manuales de economía oficialistas..

 

La estrategia de Uruguay plaza financiera presenta un balance nefasto para el país desde el lado que se la mire. En la base de la crisis estuvo la contradicción entre el crecimiento de la burbuja financiera desproporcionada en relación a la base productiva material en la que se asienta..

 

Esta contradicción se expresó en la existencia de miles de endeudados, muchos sin capacidad de pago, otros que aprovecharon el río revuelto para no pagar. La crisis productiva de fines de los 90 recayó hacia 2002 sobre los Bancos. Los voceros del Estado juez y gendarme no trepidaron en salvar banqueros fundidos. Quedó patente igual que en la crisis de los ochenta, que los bolsillos pesan más que las ideas.

 

El costo lo estamos pagando en servicio de deuda externa. Esto implica una creciente salida de recursos que acota enormemente los recursos del Estado y su canalización hacia usos productivos o sociales..

 

LA HUELLA DE ARTIGAS.

 

El pueblo ha marcado claramente su voluntad de cambios. El rechazo al continuismo fue contundente y el nuevo gobierno se enfrenta a diversas alternativas que exigen la comprensión cabal de los problemas vigentes al primero de marzo del 2005.

 

Creemos que la estructura económica del sistema bancario y de las tierras en particular son obstáculos poderosos a la inversión productiva y el desarrollo económico.

 

La estructura financiera actual parece incapaz de canalizar los ahorros a la inversión productiva. Se requieren instrumentos que consoliden la Banca pública y los depósitos de largo plazo como condición para que los créditos puedan apoyar inversiones de largo aliento con tasas de interés racionales. Y es imprescindible eliminar el secreto bancario que ampara todo tipo de “irregularidades”.

 

La distribución de las tierras del país, ha fomentado el desempleo, la emigración del campo a la ciudad, las grandes extensiones de tierras sin hombres. Poco más de 3500 establecimientos son dueños de casi el 60% de las tierras, que en la mayor parte de los casos producen en pasturas naturales con escasas mejoras. Muchos de ellos son grandes deudores de la Banca estatal, lo que abre caminos a la posibilidad de  repartir tierras para un uso más equitativos y eficientes.

 

La construcción del Uruguay productivo requiere, entre otras cosas, mejorar el poder de compra de los trabajadores para fomentar el mercado interno  Esto incluye recuperar los niveles de salarios, quitar impuestos (y aún subsidiar) los bienes de una canasta de consumo esencial para permitir el acceso a su consumo de la población con más dificultades económicas.

 

SUR, Y DESPUES

 

Las recetas neoliberales en América del sur, reiteran saldos similares a los señalados para Uruguay. Los últimos 30 años de políticas económicas orientadas por el Banco Mundial y el FMI han sido los de menor crecimiento de la producción por habitante en todo el siglo XX,  se han deteriorado las pautas de distribución del ingreso, ha aumentado la pobreza, el desempleo y la deuda externa ha crecido en forma espectacular

 

Los pueblos de Venezuela, Argentina, Brasil, y de toda la región manifiestan inequívocamente su voluntad de cambio. Los gobiernos más afines a los intereses del imperio batieron y baten niveles de impopularidad.

 

Un camino de transformaciones con contenido popular debe incluir la construcción de nuevas formas de relacionamiento económico entre los países del sur. La defensa mutua de sectores productivos y recursos naturales, la complementación energética, las relaciones de intercambio sobre bases de estabilidad y protección, la negociación conjunta  de la deuda externa, deben ser herramientas para el desarrollo regional.

 

No es un camino fácil, la historia de dependencia de los centros imperiales, nos programó de frente a los puertos exportadores y de espalda a los países hermanos. La infraestructura se orientó hacia el servicio de la demanda de los países centrales, sacrificando recursos naturales y el potencial de desarrollo equilibrado de los países del sur.

 

El cobre, el estaño, el petróleo, la carne, la lana, la madera, el café,  el cacao no fueron cimientos para el desarrollo de América latina sino que signaron una historia de monocultivo, deterioro del medio ambiente y subdesarrollo.

 

La crisis del 29, y la segunda guerra mundial debilitaron la presencia en la zona de los imperios de turno y gestaron bases para el crecimiento industrial “hacia adentro” en algunos países. Los procesos quedaron truncos y la posguerra presentó un nuevo panorama.

 

Estados Unidos como potencia dominante buscó reorientar el funcionamiento económico de América latina en provecho de los intereses de sus grandes compañías. Los organismos internacionales sensibles a sus intereses, se convirtieron en herramientas del proceso de eliminación de barreras a los grandes capitales, que absorbieron, subordinaron o eliminaron gran parte de los parques industriales.

 

El llamado Consenso de Washington en 1989 oficializó el discurso de los feligreses del dios mercado y la sumisión. Liberalización comercial, desregulación de los mercados financieros, privatización y todo el menú neoliberal que guían las estrategias del imperio para el sur se reiteraron como la única campana Su debilidad ideológica es tan grande que la mejor defensa  de sus propuestas es la supuesta inexistencia de alternativas.

 

Ese mismo año entró en vigor el Convenio Estados Unidos- Canadá, liberando el comercio de bienes y servicios y en 1990 George Bush (padre) hizo público su plan económico con el objetivo declarado de crear un mercado desde Alaska a Tierra de Fuego en el marco ideológico y en el programa del consenso de Washington. Colocó así la piedra fundamental para el ALCA.

 

Los noventa acentuaron la dependencia de la zona. La apertura irrestricta la impunidad financiera, las zonas francas despejaron el camino para las grandes compañías internacionales

 

La competencia entre países del sur por atraer el capital extranjero sacrificó derechos laborales y controles ambientales. La consecuencia fue la pérdida de calidad de vida de la población, y la entrega de recursos básicos para el desarrollo a empresas extranjeras que los saquean o agotan.

 

La producción se concentra en las zonas de mayor demanda o de existencia de materias primas estratégicas, La inversión extranjera se canalizó prioritariamente hacia algunos enclaves de mano de obra barata, actividades contaminantes, recursos naturales, o servicios públicos esenciales. Paralelamente se uniformizan pautas de consumo integrando elites locales y capas medias como demandantes e importadores de mercancías elaboradas en el norte.

 

La división internacional del trabajo que pretende consolidar el ALCA, acentúa las desigualdades  como todos los datos lo confirman. Las técnicas más avanzadas no se transfieren hacia el sur en su creación sino en su uso, las disparidades salariales norte-sur son cada vez mayores y como dijo un ex asesor de gobiernos de Estados Unidos, Laurence Summers: “Las industrias contaminantes deben ser transferidas hacia el sur donde el aire es más barato”

 

Las riquezas del Amazonas, el petróleo de América latina, el agua potable, están en peligro. Los grandes capitales buscan controlar totalmente los recursos de la región en su provecho.

 

La amenaza que representa el ALCA, como consolidación de la sumisión a Estados Unidos exige fortalecer la senda de acercamiento de los pueblos del sur de América  como lo quisieron y soñaron Artigas, Bolívar y el Che.



[i] 77.3% los vacunos de carnes, 5.8% los ovinos. La producción de vacunos de leche presenta particularidades especialmente tecnológicas, y representa el 6.3% de los usos de la tierra.

[ii]  En el 2004 hay 11.6 millones de vacunos y 9.6 millones de lanares. En 1908 había 8.9 millones de vacunos, pero 26.3 millones de ovinos.

[iii] La diferencia entre el excedente real y el potencial (utilizando las categorías de Barán) se acentuaron.

 

Revista Hervidero.