El actual patrón de
acumulación del capital concentra ingresos que se canalizan hacia el consumo y
formas de especulación financiera que solo sirven a pocos privilegiados. La
sangría de recursos que representa el pago de intereses de deuda externa
complementa el menú. En este escenario ¿como canalizar los ahorros hacia la
producción y posibilitar que los frutos sean para todos?.
La producción del 2005, apenas se
ubica en los niveles de 1998. Con el agravante que el poder de compra de los
trabajadores es menor, hay mayor desocupación y ha aumentado la deuda externa.
El crecimiento del producto en el
2004, impulsado esencialmente por las exportaciones, no alcanzó a revertir el
descenso del lapso 1999-2002 y el saldo del “gobierno divertido” reitera los
frutos amargos para el pueblo.
La restricción de la emisión de
dinero por parte del Estado, y el uso de instrumentos financieros por el Banco Central se conjugan para eliminar
liquidez y evitar presiones sobre las compras de dólares pero como
contrapartida las tasas de interés real se elevan y se reduce el poder de
compra de los sectores populares y como consecuencia la demanda interna.
La lógica del capital (local y
extranjero) es cruda, mientras las opciones financieras y el crédito
improductivo continúan siendo más rentables que la producción los excedentes en
busca del máximo beneficio y el menor riesgo continuarán reproduciendo un
funcionamiento vicioso que da la espalda a las expectativas de canalizar los
excedentes a la producción y reitera crisis periódicas que recaen sobre los
trabajadores.
Praderas naturales e industrias
derivadas comercio importador,
turismo, patria financiera y poco más
son la base de la economía uruguaya hoy. Ninguno de estos factores parece en
condiciones de liderar el desarrollo del país.
La ganadería pastoril que
representa más del 80% de los usos de la tierra[i],
mantiene niveles de stock similares a las de hace 100 años[ii],
las importaciones concentradas en un pequeño grupo privilegiado dependen de la
evolución de una demanda interna deprimida y arruinan algún esbozo de
crecimiento industrial, el turismo esencialmente proveniente de la Argentina,
es muy sensible a la evolución del país vecino, y el sistema bancario eterno privilegiado
de los últimos 30 años reitera convulsiones periódicas y su incapacidad para
fomentar la producción.
Un somero análisis de las
tendencias históricas de la evolución de la economía uruguaya y en especial de
los últimos 30 años avala la percepción que estas bases no permiten establecer
cimientos sólidos capaces de gestar un país productivo.
RAÍCES.
Desde la raíz de la historia
económica del Uruguay la ganadería extensiva continúa siendo la fuente de la
generación de excedentes en Uruguay. Las pasturas naturales nutren los bovinos
y ovinos que sustentan la actividad frigorífica, textil, cueros, entre otros
sectores vitales para el funcionamiento económico del país.
Pese al estancamiento de la
magnitud de las unidades ganaderas que resiste el paso del siglo. (la suma de
vacas y ovejas en el 2005 es similar a la de los censos de 1908), las cadenas
pastoriles sustentan el grueso de las exportaciones, y lo reducido de sus
costos permite generar un excedente relativamente importante para las dimensiones
del país.
En el viejo Batllismo el Estado
jugó un rol importante en la canalización de parte de los mencionados
excedentes para fomentar rubros industriales y agrícolas abastecedores del mercado local. El contexto
internacional, las políticas comerciales de sucesivos gobiernos, el rol de la
Banca pública, la gestión de algunos insumos esenciales por el Estado
permitieron el crecimiento sobre esas bases en la primera mitad del siglo 20 e
incluso generaron una distribución del ingreso menos desigual que en la mayor
parte de América latina.
Este esquema de desarrollo apoyado
en industrias ligadas a la evolución del mercado local se extendió hasta la
década de los 50. La dependencia externa, las estructuras de tamaño inadecuado
de la propiedad de la tierra, la concentración de la industria y sus lazos con
la oligarquía tradicional, un mercado interno reducido entre otros factores
pautaron sus límites.
En ese marco el patrón de
acumulación capitalista dominante en el plano local hasta esa etapa se fue agotando.
Las contradicciones de todo tipo marcaron su agonía. La concentración de los
excedentes en pocas manos, el aumento de la apropiación externa vía financiera
y comercial y la menor rentabilidad de las opciones de inversión productiva
frente a los usos improductivos tuvieron como uno de sus resultado el
estancamiento de la producción desde mediados de los cincuenta a los setenta.
Sobre ese escenario se ubican
muchas de las transformaciones de los últimos 30 años en la economía del
Uruguay. El predominio de los sectores comerciales y financieros pautó la
vigencia de políticas de fomento de las importaciones, la liquidación o
extranjerización de industrias tradicionales, y fundamentalmente la
instrumentación de un conjunto de medidas tendientes a consolidar la “patria
financiera”.
Los últimos 30 años sse
caracterizaron entre otros elementos por el crecimiento económico con fuertes
oscilaciones y apoyado en el auge del sector servicios (en especial, el
comercio, importador, los mega shoppiing, la hotelería, la actividad financiera
entre otros).
Paralelamente continuaba el
estancamiento de la ganadería tradicional y la reestructura de los sectores
agrícolas a favor de los exportadores (arroz, cebada, citrus, madera) y en
desmedro de algunos rubros vinculados al mercado local, con un resultado neto
de escaso crecimiento global del sector agropecuario mientras que la industria
sufría fuertes sacúdanse con un balance de estancamiento.
El descenso del salario real, el
aumento de la desocupación, la creciente deuda externa, las desigualdades
crecientes fueron otra cara de la moneda.
Aumentó el desperdicio de recursos[iii].
Parte del ahorro potencial se esterilizó en consumo suntuario de productos
importados en algunos casos nocivos para el medio ambiente o inadecuados en el
contexto económico del país. El trabajo productivo se redujo en forma
alarmante. El discurso oficial elogiaba los aumentos de productividad olvidando
que la mayor ineficiencia es la existencia de desocupados (cuya productividad
es cero) o de empleados en tareas poco productivas que desperdician la
capacidad de la gente.
La estructura del sector financiero contribuyó decisivamente
a la canalización de los ahorros hacia la especulación y el consumo. Los
depósitos de corto plazo, promueven créditos de corto plazo incompatibles con
la inversión productiva. El secreto bancario, las tasas de interés
incontroladas, crearon las condiciones para que prosperaran comportamientos
“irregulares” Y en este tipo de escenarios no es casual que aparezcan los Rhom,
los Peirano y ainda mais. Es casi una norma del capitalismo “en serio” el que
se parece muy poco al de los manuales de economía oficialistas..
La estrategia de Uruguay plaza
financiera presenta un balance nefasto para el país desde el lado que se la
mire. En la base de la crisis estuvo la contradicción entre el crecimiento de
la burbuja financiera desproporcionada en relación a la base productiva
material en la que se asienta..
Esta contradicción se expresó en
la existencia de miles de endeudados, muchos sin capacidad de pago, otros que
aprovecharon el río revuelto para no pagar. La crisis productiva de fines de
los 90 recayó hacia 2002 sobre los Bancos. Los voceros del Estado juez y
gendarme no trepidaron en salvar banqueros fundidos. Quedó patente igual que en
la crisis de los ochenta, que los bolsillos pesan más que las ideas.
El costo lo estamos pagando en
servicio de deuda externa. Esto implica una creciente salida de recursos que
acota enormemente los recursos del Estado y su canalización hacia usos
productivos o sociales..
El pueblo ha marcado claramente su
voluntad de cambios. El rechazo al continuismo fue contundente y el nuevo
gobierno se enfrenta a diversas alternativas que exigen la comprensión cabal de
los problemas vigentes al primero de marzo del 2005.
Creemos que la estructura
económica del sistema bancario y de las tierras en particular son obstáculos
poderosos a la inversión productiva y el desarrollo económico.
La estructura financiera actual
parece incapaz de canalizar los ahorros a la inversión productiva. Se requieren
instrumentos que consoliden la Banca pública y los depósitos de largo plazo
como condición para que los créditos puedan apoyar inversiones de largo aliento
con tasas de interés racionales. Y es imprescindible eliminar el secreto
bancario que ampara todo tipo de “irregularidades”.
La distribución de las tierras del
país, ha fomentado el desempleo, la emigración del campo a la ciudad, las
grandes extensiones de tierras sin hombres. Poco más de 3500 establecimientos
son dueños de casi el 60% de las tierras, que en la mayor parte de los casos
producen en pasturas naturales con escasas mejoras. Muchos de ellos son grandes
deudores de la Banca estatal, lo que abre caminos a la posibilidad de repartir tierras para un uso más equitativos
y eficientes.
La construcción del Uruguay
productivo requiere, entre otras cosas, mejorar el poder de compra de los
trabajadores para fomentar el mercado interno
Esto incluye recuperar los niveles de salarios, quitar impuestos (y aún
subsidiar) los bienes de una canasta de consumo esencial para permitir el
acceso a su consumo de la población con más dificultades económicas.
Las recetas neoliberales en
América del sur, reiteran saldos similares a los señalados para Uruguay. Los
últimos 30 años de políticas económicas orientadas por el Banco Mundial y el
FMI han sido los de menor crecimiento de la producción por habitante en todo el
siglo XX, se han deteriorado las pautas
de distribución del ingreso, ha aumentado la pobreza, el desempleo y la deuda
externa ha crecido en forma espectacular
Los pueblos de Venezuela,
Argentina, Brasil, y de toda la región manifiestan inequívocamente su voluntad
de cambio. Los gobiernos más afines a los intereses del imperio batieron y
baten niveles de impopularidad.
Un camino de transformaciones con
contenido popular debe incluir la construcción de nuevas formas de
relacionamiento económico entre los países del sur. La defensa mutua de
sectores productivos y recursos naturales, la complementación energética, las
relaciones de intercambio sobre bases de estabilidad y protección, la
negociación conjunta de la deuda
externa, deben ser herramientas para el desarrollo regional.
No es un camino fácil, la historia
de dependencia de los centros imperiales, nos programó de frente a los puertos
exportadores y de espalda a los países hermanos. La infraestructura se orientó
hacia el servicio de la demanda de los países centrales, sacrificando recursos
naturales y el potencial de desarrollo equilibrado de los países del sur.
El cobre, el estaño, el petróleo,
la carne, la lana, la madera, el café,
el cacao no fueron cimientos para el desarrollo de América latina sino
que signaron una historia de monocultivo, deterioro del medio ambiente y
subdesarrollo.
La crisis del 29, y la segunda
guerra mundial debilitaron la presencia en la zona de los imperios de turno y
gestaron bases para el crecimiento industrial “hacia adentro” en algunos
países. Los procesos quedaron truncos y la posguerra presentó un nuevo
panorama.
Estados Unidos como potencia
dominante buscó reorientar el funcionamiento económico de América latina en
provecho de los intereses de sus grandes compañías. Los organismos
internacionales sensibles a sus intereses, se convirtieron en herramientas del
proceso de eliminación de barreras a los grandes capitales, que absorbieron,
subordinaron o eliminaron gran parte de los parques industriales.
El llamado Consenso de Washington
en 1989 oficializó el discurso de los feligreses del dios mercado y la
sumisión. Liberalización comercial, desregulación de los mercados financieros,
privatización y todo el menú neoliberal que guían las estrategias del imperio
para el sur se reiteraron como la única campana Su debilidad ideológica es tan
grande que la mejor defensa de sus
propuestas es la supuesta inexistencia de alternativas.
Ese mismo año entró en vigor el
Convenio Estados Unidos- Canadá, liberando el comercio de bienes y servicios y
en 1990 George Bush (padre) hizo público su plan económico con el objetivo
declarado de crear un mercado desde Alaska a Tierra de Fuego en el marco
ideológico y en el programa del consenso de Washington. Colocó así la piedra
fundamental para el ALCA.
Los noventa acentuaron la dependencia
de la zona. La apertura irrestricta la impunidad financiera, las zonas francas
despejaron el camino para las grandes compañías internacionales
La competencia entre países del
sur por atraer el capital extranjero sacrificó derechos laborales y controles
ambientales. La consecuencia fue la pérdida de calidad de vida de la población,
y la entrega de recursos básicos para el desarrollo a empresas extranjeras que
los saquean o agotan.
La producción se concentra en las
zonas de mayor demanda o de existencia de materias primas estratégicas, La
inversión extranjera se canalizó prioritariamente hacia algunos enclaves de
mano de obra barata, actividades contaminantes, recursos naturales, o servicios
públicos esenciales. Paralelamente se uniformizan pautas de consumo integrando
elites locales y capas medias como demandantes e importadores de mercancías
elaboradas en el norte.
La división internacional del
trabajo que pretende consolidar el ALCA, acentúa las desigualdades como todos los datos lo confirman. Las
técnicas más avanzadas no se transfieren hacia el sur en su creación sino en su
uso, las disparidades salariales norte-sur son cada vez mayores y como dijo un
ex asesor de gobiernos de Estados Unidos, Laurence Summers: “Las industrias
contaminantes deben ser transferidas hacia el sur donde el aire es más barato”
Las riquezas del Amazonas, el
petróleo de América latina, el agua potable, están en peligro. Los grandes
capitales buscan controlar totalmente los recursos de la región en su provecho.
La amenaza que representa el ALCA, como consolidación de la
sumisión a Estados Unidos exige fortalecer la senda de acercamiento de los
pueblos del sur de América como lo
quisieron y soñaron Artigas, Bolívar y el Che.
[i] 77.3% los vacunos de carnes, 5.8% los ovinos. La producción de vacunos de leche presenta particularidades especialmente tecnológicas, y representa el 6.3% de los usos de la tierra.
[ii] En el 2004 hay 11.6 millones de vacunos y 9.6 millones de lanares. En 1908 había 8.9 millones de vacunos, pero 26.3 millones de ovinos.
[iii] La diferencia entre el excedente real y el potencial (utilizando las categorías de Barán) se acentuaron.