Montevideo, 6 de octubre de 2006

 

 

LUCHA CAMPESINA EN PARAGUAY,  UNA REALIDAD DESCONOCIDA

 

De una población total de 5, 6 millones de habitantes Paraguay su población rural alcanza los 2,6 millones, o sea, el 46%.

En  comparación, la población rural de Uruguay anda debajo del 10%.

Volviendo al hermano país, de esa población rural, sólo el 74% cuenta con algún grado de educación primaria. Aún más lejos, el 16% ha llegado a la secundaria.

Se indica que el analfabetismo alcanza el 12,7%

La baja escolarización, junto a la baja asistencia técnica, entre otros factores, tiene una incidencia directa en el rendimiento de la economía campesina. La desarticulación de la economía campesina tradicional de base autoconsumista a una economía monocultivista, de base dineraria aceleró el proceso de pauperización de los pequeños productores. Este cambio en la estrategia productiva que se desarrolló a inicios de la década del setenta funcionaba a expensas de factores exógenos incontrolables para los productores.

 

Hasta aquí algunos datos extraídos de “Los Sin Tierra en Paraguay” Conflictos agrarios y movimiento campesino.    Quintín Riquelme, CLACSO-Asdi.

 

Hace aproximadamente un mes emprendimos un viaje a Paraguay, junto a Luis Córdoba, Ricardo (uno de los ocupantes del predio de Colonización en Parada Esperanza, Bella Unión).y Kléber Guzmán (ya viejo amigo del movimiento campesino Paraguayo) partimos con el fin de conocer y llevar nuestra solidaridad al mismo.

Una vez llegados a Asunción, nos alojamos en la sede del Movimiento Campesino Paraguayo, en la calle Caballero, zona central de la ciudad.

Inmediatamente comenzamos nuestras primeras aproximaciones a una realidad tan cercana como poco conocida, o sea, la lucha de muchos años de los campesinos por la tierra.

El M.C.P. es uno de las organizaciones que nuclean la lucha campesina. Su sede tiene una pequeña oficina y varios dormitorios donde los diversos militantes pasan la noche, a veces algunas horas en camino a reuniones, o de regreso a sus comunidades. También se encuentran allí jóvenes esperando turno para operarse o tratarse alguna enfermedad, o, como en este caso, un militante cuyo ojo izquierdo fue destrozado por la represión recientemente en una movilización……se encuentra, además de completando su tratamiento, esperando ser citado al juzgado. Como otros dos mil luchadores, están pendientes de distintas etapas de proceso criminal, y en cualquier momento pueden ser encarcelados por ocupar tierras o simplemente por movilizarse para obtener las mismas o, en su caso mejoras para sus comunidades.

Nuestra primera entrevista fue con ……… uno de los dirigentes del Movimiento, de la región de ………..

Ya allí se manifestó la extraordinaria historia de lucha, desde la ligas agrarias de los ….. hasta hoy.

Este camino de lucha, como decíamos antes, ha estado sembrado de represión, con heridos y muertos.

La caída del dictador Stroessner en febrero 1989 y el advenimiento de un régimen relativamente democrático según los esquemas al uso en América Latina generó un amplísimo renacer de la lucha.

Sólo en ese año se produjeron setenta y tres ocupaciones de tierras y se registraron cerca de noventa conflictos, lo que habla de la envergadura del problema. Los campesinos, articulados en coordinaciones zonales, regionales y nacionales, comenzaron a presionar al gobierno y a los terratenientes con ocupaciones y con movilizaciones. Con esta intensa lucha, los campesinos sin tierra estaban atacando los cimientos mismos del poder político y económico de la oligarquía paraguaya. Ante la incontenible ola de ocupaciones, el entonces presidente de la República, general Andrés Rodríguez (1989-1993) declaró públicamente en febrero de 1990 la “guerra a las invasiones de propiedades privadas” y presentó un proyecto de ley de ampliación del Estatuto Agrario, que en uno de sus artículos declaraba q E ninguna persona que haya incurrido en hechos de usurpación de propiedad privada o fiscal podrá ser beneficiaria de la reforma agraria. El Estado, impotente para resolver el problema lo agrava al asumir abiertamente posturas a favor de los terratenientes.

En 1989, con la intención de cuantificar y de dimensionar el problema de los sin tierra y plantear una propuesta de solución más adecuada, el Ministerio del Interior realizó un censo en todo el país. Dicho censo arrojó un total de 110 mil familias campesinas sin parcela propia. La propuesta del Gobierno de Rodríguez fue la habilitación de nuevas colonias para asentar a 10 mil o q5 mil familias campesinas por año. Para ello creó el consejo Nacional de Coordinación para el Desarrollo Rural (CONCODER). Este Consejo duró apenas un año: rápidamente se convirtió en una repartición burocrática más, superponiendo sus tareas a las del Instituto de Bienestar Rural (IBR). Fue disuelto en junio de 1990.

En febrero del año 2000, el IBR informó de la apertura de 265 nuevos asentamientos entre 1989 y 1999, totalizando 47.638 lotes en una extensión de 1.457.388 há. Suponiendo que en cada lote se halla sentada una familia, ello indica que en once años sólo el 43,31% de los sin tierra fueron asentados de los 110 mil censados en el 89. Estos asentamientos, habilitados por  el Estado desde el año 89 hasta el 99, no fueron consecuencia de una planificación racional de la política agraria, sino de la presión que ejercieron los campesinos a través de las ocupaciones y las movilizaciones. Por esa razón, el método que hasta el presente mejor resultado ha dado a los sin tierra es el de la ocupación acompañada de movilizaciones. La otra vía, la legal, no tuvo en la mayoría de los casos respuestas positivas por la lentitud de los trámites y por el costo que ello implica. Las comisiones vecinales que inician sus reclamos por la vía legal casi siempre terminan ocupando las parcelas solicitadas por la imposibilidad de afrontar el costo de los trámites legales y judiciales y por la manifiesta parcialidad de las autoridades responsables hacia los propietarios.

Otro de los grandes problemas que afronta el campesino en los conflictos por la tierra es el desamparo jurídico. En ausencia del fulero agrario, los conflictos son calificados como delitos penales, criminalizándose los problemas generados a partir de la tierra.

 

El fracaso de la reforma agraria y del desarrollo rural fue reconocido por el propio Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) en un estudio elaborado juntamente con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de desarrollo. El estudio fue categórico al afirmar que los asentamientos rurales no produjeron el arraigo de los campesinos. En varios de ellos se pudo observar la rápida reconcentración de la tierra y varios de los beneficiarios se convirtieron de nuevo en campesinos sin tierra. Otro estudio asegura que el 70% de los campesinos asentados no logra arraigarse, fundamentalmente, por falta de apoyo en los primeros meses de la mudanza.

 

Estos hechos demuestran que la tenencia de la tierra es el eje central sobre el cual gira el proceso agrario paraguayo, y junto a ella, el conflicto por la tierra pasa a ser el foco central d los conflictos agrarios. De acuerdo a los datos del CDE, entre 1989 y 1999 se ha n registrado aproximadamente 434 casos de conflictos de tierra. A diferencia de otras décadas, se dio un incremento considerable en los conflictos.

Esta realidad es la que nos transmitieron los dirigentes  y militantes con quienes tomamos contacto en Asunción.

Dos días después partimos hacia el objetivo final de nuestro viaje, la comunidad TAVA GUARANÍ. Tava quiere decir “el lugar de”, o sea, el lugar de los guaraníes. Así decidieron llamar su comunidad más de cien familias que hace unos 15 años tomaron tierra, fueron reprimidos, continuaron luchando hasta que el Estado les dio, en lo que en aquella época se podría describir como “el medio de la nada”. Sin caminos, infraestructura alguna, luz eléctrica. Lejos de centros poblados, el Gobierno aspiraba a que los campesinos fueran derrotados simplemente por la lucha por la subsistencia.

Como vimos más arriba, efectivamente el método gubernamental fue efectivo en muchos (tal vez la mayoría de los casos).

Desde hace más de un año, Tava Guaraní tiene contactos en Uruguay. Es una larga lucha por dar a conocer su realidad y la del campesinado Paraguayo.

La comunidad se encuentra a 70 kilómetros de una ciudad llamada Santa Rosa, a su vez ubicada 250 km. Al Norte de Asunción. Hasta Santa Rosa, el camino es carretera afaltada buena, desde alli, un camino arenoso, sin cubierta en realidad obliga a ir sumamente despacio.  Santa Rosa es una pequeña ciudad construida sobre la carretera, pobre, pero con un extraordinario movimiento. La carretera termina en Pedro Juan Caballero, en la frontera con Brasil. Habiendo emprendido el camino secundario, una diferencia saltó a la vista con nuestro país. La sucesión de casas campesinas es ininterrumpida.  A lo largo de varios kilómetros de un territorio originalmente selvático, donde todavía subsisten manchones de selva y lo que se cultiva es sobre terrenos previamente desmontados, se suceden las chacras. Todas con su techo de zinc, paredes de madera y con un espacio central, especie de sala común, abierta al exterior.

Recién después de recorrer varios kilómetros encontramos estancias con lo que está cambiando aceleradamente el paisaje visual, económico y social del campo paraguayo:

El monocultivo de soja.

Soja transgénica, cultivada, según vimos, al menos, usando técnicas similares a las usadas aquí, herbicidas y labranza cero, también llamada siembra directa.


Enormes extensiones se ven así cultivadas. Pero, después de algunas decenas de kilómetros, vuelve la sucesión de casas campesinas.

Posteriormente nos informaron que muchas de estas poblaciones constituyen colonias, con distintos grados de integración social, incluso algunas están unidas políticamente al Partido Colorado, la derecha predominante el Paraguay.