Montevideo, 17 de noviembre de 2006

 

 

¿Necesita el país una reforma agraria?

 

Algunos datos objetivos.

Propiedad de la tierra, o más bien, predios existentes según el censo de 2000: 57.000.

El 75% de la tierra agropecuaria del país estaba concentrada en 8.000 de ellos, el 14% del total. Se trataba de los predios mayores de 500 hectáreas.

En esos predios, (los mayores de 500 hectáreas) trabajaba en forma permanente una persona cada más de 300 hectáreas.

Para contrastar, en los predios de 1 a 4 hectáreas trabaja promedialmente un trabajador por cada hectárea. Ampliando, en los predios de 1 a 49 hectáreas (podríamos catalogarlos en conjunto como “chicos”) trabaja un trabajador cada 7 hectáreas.

Para decirlo de otro modo, si en todo el país trabajara en forma permanente la misma proporción de trabajadores que en los predios “chicos”, habría empleo para dos millones trescientas mil personas. El total de la población económicamente activa actual del país es de 1.270.000 personas.

Sin embargo, el campo emplea hoy en forma permanente sólo 157.000 personas y en forma temporaria o zafral 12.800 más.

En la otra punta, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), la desocupación abarca unas 150.000 personas, el 10,8% de la población económicamente activa, mientras que el subempleo (personas que quieren trabajar 40 o más horas semanales pero no lo logran) abarca unas 235.000. Esto es, aproximadamente, 380 mil personas tienen problemas de empleo.

Desde el punto de vista de la pobreza, entre pobres e indigentes tenemos en el país cerca de 1 millón de personas.

Sintetizando, por una parte un campo que emplea una fracción (décima parte o menos) de la gente que podría; por la otra, ciudades en las que cientos de miles de personas no encuentran trabajo, y la mayoría de los que lo hacen ganan mucho menos de lo necesario para satisfacer todas sus necesidades básicas.

No hace falta mucho razonamiento para darse cuenta del enorme potencial de nuestro campo para contribuir en forma decisiva a resolver los problemas sociales más acuciantes.

El principal obstáculo para hacerlo es la enormemente desigual distribución en la propiedad de la tierra.

La mediana y gran explotación puede llevarse adelante hoy, en forma muy rentable, con poquísimo empleo de mano de obra.

Sólo la agricultura familiar está en condiciones de proporcionar, al tiempo que se aumenta la producción en forma ambientalmente sostenible, empleos rurales satisfactorios, abundantes y permanentes.

¿QUÉ HACER?

Por un lado, el país tiene, desde 1948, una Ley de Colonización que da el fundamento legal para establecer, en diversas modalidades, familias en el campo. Esta ley, desconocida para la gran mayoría es un ejemplo de guía para resolver en gran parte los problemas sociales del país.

Sin embargo, desde hace muchos años el Instituto Nacional de Colonización, la estructura estatal creada por la ley para llevar adelante el proceso, prácticamente languidece en el burocratismo y la falta de recursos.

El país no le ha dado prioridad alguna al tema.

20 meses después de la asunción del Gobierno, el FA ha hecho poco y nada al respecto.

El INC administra, en distintas modalidades, unas 500 mil hectáreas en las cuales trabajan y viven unos 3.830 Colonos.

Desde marzo de 2005 el INC ha adquirido algunos miles de hectáreas, la mayor parte de ellas afectadas por complejos procesos judiciales cuya solución probablemente llevará años.

En concreto: Es imprescindible que, a la brevedad, se asignen recursos para que el INC comience activamente a comprar tierra y genere las condiciones de vivienda, infraestructura productiva, apoyo técnico, servicios de todo tipo, etc. para que algunos miles de colonos se asienten en el campo cada año. Es necesario asimismo, y paralelamente, apoyar a quienes ya están asentados como pequeños productores para que permanezcan, con sus conocimientos y experiencia, en el campo

Hace unos meses propusimos la creación de un impuesto a la propiedad de más de 500 hectáreas CONEAT, progresivo, según del modelo del Impuesto a la Producción Mínima Exigible, implementado en 1967 y derogado en 1976, para financiar con su producido (nuestro esquema generaba unos 140 millones de dólares anuales), la colonización en el país.

Ahora, a punto de comenzar a implementarse la Reforma Tributaria, que seguramente aumentará significativamente la casi nula carga fiscal que soporta el campo, existe la posibilidad de emplear parte de esos recursos con este fin.

Es claro que si no se aborda este tema en forma rápida, el país seguirá contando con un elevado desempleo estructural y altos índices de pobreza e indigencia.

 

William Yohai