Gustavo Melazzi
Red de Economistas de Izquierda del Uruguay (REDIU)
Exclusión, exclusión y más exclusión
En Brecha, 10/oct/08, el ex viceministro de Economía
evaluó tres años y medio de gobierno con el título:
“Inclusión, inclusión y más inclusión”.
Veamos.
La primera y principal exclusión:
este gobierno excluye el debate y la participación
No discute; no confronta; no evalúa colectivamente; borra con el codo a lo que se comprometió sobre la participación popular. La calificó de imprescindible. ¡De acuerdo, absolutamente! Su estilo es exponer “sin retorno”; vía prolijos power point; siempre desde “arriba”. Se ignoran los análisis que no acepten la opinión oficial, o los resultados de seminarios y congresos (que él mismo promovió) cuyas propuestas no satisfacen. Y se excluye también al propio FA. Es otra forma de imponer el “pensamiento único”, antes tan denostado[1].
El articulista coloca su evaluación en el plano discursivo. Estimado lector: es inútil que busque Ud. cifras claras (excepto dos en el acápite, que veremos); datos que sustenten sus bonitas frases. ¡Y vaya que hay datos, gráficas, series estadísticas para considerar! ¡Vaya que hay serios estudios, sustentados en las propias cifras oficiales, que demuestran que los hechos, la realidad, es muy distinta a los discursos.
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Avancemos en el mismo orden del artículo.
En el acápite citado dice que “hay alrededor de 350.000 pobres menos”. Poco más de la mitad de ellos dejaron de serlo por la evolución general de la economía; pero todos recordamos un periódico que un dia tituló de manera destacada: “Hay 150.000 pobres menos”. ¿Saben Uds. por qué? Porque el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), mediante un cambio de metodología, imputó el pago al FONASA como un ingreso. Pero: ¿por qué antes no se imputaba el gasto que correspondía por Salud Pública? En conclusión: son “estadísticamente” menos pobres; su situación real no cambió un ápice.
Con seriedad: si no consideramos el FONASA, los pobres disminuyeron, sí, pero por ejemplo en este primer semestre de 2008 sólo bajaron 2%.
El otro dato del articulista es que “hay casi 200.000 nuevos puestos de trabajo”. Una cifra global, sin nada para comparar, es poco ilustrativa. Además, se debería completar con el análisis del subempleo; con una emigración que continúa[2]; con un 15% de la población que desea aumentar sus horas de trabajo.
Pero vayamos a los datos que pesan. En el artículo se dice que “la tasa de desempleo es la más baja desde que se llevan registros”. [3]
Se deben comparar datos anuales, y a fines de 2007, la tasa era 9.6%[4]. En 1971 era 6%; en 1975: 8 %; en 1981: 5.6%; en 1990: 8.5%. De modo que la afirmación es falsa aún si consideramos el desempleo de los dos últimos meses: 7.6%.
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Los datos concretos que aporta el ex viceministro no sustentan la
afirmación de que todo va viento en popa. El resto, es mero discurso.
Aún así, vale la pena examinarlo, porque continúan afirmaciones “muy
fuertes”, como se acostumbra decir hoy, junto con el silencio sobre temas
clamorosos.
Que el crecimiento “se basa en procesos de inversión como no se habían visto en muchas décadas” no resiste el menor análisis. La inversión total en 2007 fue 12% menor a la de 1998[5]; la relación inversión a PIB es bajísima: 13%; la inversión pública es menor a la realizada en 1989; 1993; 1999.
Todo el mundo; toda Sudamérica; todas las instituciones internacionales, afirman que estos años fueron de gran bonanza debido a los altos precios internacionales de los productos de exportación[6]. Silencio del ex viceministro, quien se auto atribuye tal crecimiento junto al equipo económico.
Afirma que “la participación de los salarios en la ‘torta’ se ha incrementado desde 2004”. Otra flagrante contradicción con los hechos.
En 2005, 2006 y 2007 (el gobierno de este equipo del FA), el PIB (la “torta”) creció 21%, pero los salarios sólo aumentaron 14.6%. Citemos El golpe de timón… “Surge entonces una doble situación contra los trabajadores: por un lado, su salario real es prácticamente la mitad del de hace 39 años, y en estos tres años crece muy lentamente: Por otro, el crecimiento del PIB implica que hay mucho más para repartir, pero no fue a los trabajadores, ¿quién se quedó con la diferencia? Por cierto, no fue para los jubilados u otros beneficiarios de las transferencias del Estado ni tampoco para éste” (pág. 64).
Llama la atención la falta de rigor del articulista, pues en una nota intenta justificar su afirmación diciendo que “surge del efecto combinado de más puestos de trabajo y aumentos salariales”, lo cual es absolutamente incorrecto.
Por si fuera poco, y para confirmar nuestras afirmaciones, durante este gobierno la distribución del ingreso empeoró. Separando el ingreso nacional en quintiles, el único que aumentó su participación (en la “torta”) es la quinta parte de los ingresos más altos; todos los demás la disminuyeron, es decir trabajadores y sectores medios[7]. Insólito e inaceptable para un gobierno que, al menos, se autodenomina progresista.
Pero la distribución del ingreso es otro silencio estruendoso del articulista.
Sería interesante saber en qué basa su afirmación de que “en el nuevo sistema tributario el capital paga varios cientos de millones más que el trabajo”, cuando el IVA aumenta su participación en la recaudación; el impuesto al patrimonio tiende a desaparecer; se baja el impuesto a las rentas empresariales; el 88% de lo recaudado por IRPF lo pagan las rentas del trabajo y sólo el 12% las rentas del capital[8]. Pero bastante se ha escrito sobre este tema, como para que ahora, y sin datos, se hagan afirmaciones de ese estilo.
También enfatiza “las prioridades del gasto público (…) dirigido de manera nítida al gasto social, principalmente la educación pública, a la salud, al Plan de Equidad”.
Veamos la realidad: El gasto en educación, sumando ANEP y Universidad de la República “muestra una estabilidad notoria y preocupante” (Golpe de Timón…; pág. 30): alcanza el 3% del PIB en 2005 y 2006, y 3.2% en 2007. Recordemos que de 2001 a 2003, los porcentajes fueron 3.4; 3.3 y 3.4%.
En cuanto al Ministerio de Salud Pública, su gasto fue el 1.3% del PIB en 2005; el mismo en 2006 y 1.4 en 2007, cuando en los años anteriores, fue de 1.5; 1.6; 1.5 y 1.4% de 1999 a 2002.
La única diferencia real fue el Plan de Equidad; un programa correcto pero sólo asistencial, al que se le asignó el 0.2% del PIB, el 0.5 y 0.3 de 2005 a 2007 respectivamente.
En conclusión: la alegada “prioridad” no es tal.
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En el artículo destacan también dos afirmaciones más programáticas. Por un lado, para el pueblo la situación social “dramátic(a) deriva de la macroeconomía” o, como se dice en otra parte, “un manejo criterioso y prudente de lo macro previene un nuevo deterioro social”. Por otro, el objetivo de los cambios es “eliminar la indigencia y reducir drásticamente la pobreza”.
¡Qué diferencia con el diagnóstico de la situación social del Uruguay realizado por el FA! ¡Que diferencia con sus objetivos de cambio estructural! Todo se limita aquí a una gestión equilibrada y prudente de la macroeconomía, junto con la asistencia social.
En todo caso, el ex viceministro es coherente con el actual Ministro de Economía, quien interrogado en El Espectador sobre qué entiende por ser progresista, respondió que es pensar en un futuro de prosperidad para los uruguayos.
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La propuesta del articulista es continuar con el rumbo; profundizar los cambios.
¿Continuar y profundizar en el mismo rumbo? Dicho en términos reales: se va a continuar y profundizar la concentración del ingreso; el muy lento crecimiento del salario real; el estancamiento en los rubros destinados a educación; la emigración; el impacto regresivo de la reforma tributaria; la insuficiencia de la inversión pública y la debilidad de la total, que sólo reafirman la fragilidad de la economía uruguaya.
Pero si tenemos en cuenta otros aspectos centrales que, sin embargo, el articulista prefiere “excluir”, la situación y las perspectivas se agravan.
Porque si seguimos el rumbo, ¿seguiremos aumentando las Zonas Francas?; ¿continuará la extranjerización de la tierra y de importantes empresas?
¿Seguiremos bicicleteando la deuda externa cargándosela a las próximas generaciones? Me detengo aquí un momento, porque los últimos datos son impactantes y asustan. El Banco Central informó al 30 de junio que del primer trimestre de 2008 al segundo, la deuda bruta aumentó US$ 779 millones.
Más aún, en el año que va del segundo trimestre de 2007 al segundo de 2008, la deuda bruta aumentó US$ 2.510 millones (¡16% en un año!). La deuda externa sigue creciendo a ritmo galopante. ¿Continuamos y profundizamos?
¿El rumbo seguirá con más privatizaciones al estilo PLUNA o con puertos privados dentro de la bahía de Montevideo? ¿Seguirá con la política anti MERCOSUR y buscando un TLC con EE.UU.? ¿Profundizará el énfasis en los productos primarios de nuestra economía?
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Los hechos de la realidad y los dichos de este gobierno se excluyen mutuamente. Esto es inapelable y no admite discursos de manual. Aun aceptando los buenos deseos, los discursos “se desvanecen en el aire”.
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[1] Esto se ha extendido incluso a las opciones electorales. Se busca encorsetar decisiones, con aparente temor a consultas masivas. Dan pie a que desinformados, con toda lógica, consideren al actual proceso electoral en EE.UU. como la máxima expresión democrática del planeta; por otro lado, hasta De Posadas se regodea de los avatares presentes en la búsqueda del “consenso” (peligrosamente parecido a lo que antes la izquierda llamaba “cocina”).
[2] Si la economía marchara tan bien como alegan, ¿cómo explican tal emigración, con guarismos que no disminuyen y encuestas que señalan insólitos porcentajes de jóvenes deseosos de emigrar?
[4] Véase El necesario golpe de timón,
REDIU, Mvd., julio de 2008, pág. 67.
[5] Véase El golpe de timón… pág.
54 y 55.
[6] Incluso lo más reciente: de julio 2007 a julio 2008,
los precios internacionales crecieron 40.3% (CIU, Informe Nº 31), y en el
primer semestre de 2008, mientras el crecimiento fue muy alto (13.6 en
promedio), los otros indicadores de volumen físico de producción, horas
trabajadas y personal ocupado, crecieron 3% y 3.6%.
[7] Véase El golpe de timón… pág.
68.
[8] Véase El golpe de timón… pág.
28 y 29.