Aunque la mona se vista de seda…

En las dos últimas notas intentamos explicar por qué la reforma tributaria que se puso en marcha el 1º de julio es esencialmente injusta. Las cifras presentadas hasta ahora demostraron que beneficia al capital en contra del trabajo. Eso ya fue reconocido a medias por el ministro Astori, cuando dijo: “Aunque el nuevo sistema tributario intenta no ser complaciente con el capital, la reforma tributaria está en una primera etapa en la cual se intentó no ahuyentar al capital, esa es la verdad.” Falta decir, por ejemplo, que en esta reforma se aumenta sustancialmente la carga sobre trabajadores y pasivos, que son los que están obligados a pagar lo que no pagará el capital. Dice también que “La reforma es progresiva y será mejorada en función de los trabajadores”. ¿Acaso este nuevo sistema tributario “dual”, que favorece al gran capital “móvil”, dejará de ser lo que es por el cambio de los límites de una franja o la incorporación de algunas deducciones? ¡Seamos serios! La casi nula participación de los trabajadores en los asuntos del Estado no se resuelve con la visita circunstancial a un sindicato obrero.

Uno. En los últimos días se presentó un estudio oficial (1) que muestra la cantidad de personas que pagaban el Impuesto a las Retribuciones Personales y el número de personas que deberían pagar el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (categoría 2) como contribuyentes de rentas del trabajo: se consideran tales los ingresos obtenidos dentro o fuera de la relación de dependencia y a las jubilaciones y pensiones. La cantidad de personas representadas por la muestra es de dos millones trescientos siete mil (2), de las cuales un millón ciento sesenta y ocho mil reciben ingresos que son computables como rentas del trabajo, lo cual no quiere decir que sean contribuyentes del impuesto, sino simplemente personas que perciben alguna o algunas de las rentas comprendidas en esa categoría.

Según esas estimaciones, el IRP lo pagaban 504 mil trabajadores y pasivos y el IRPF a las rentas del trabajo lo pagarían 364 mil personas. Lo cual quiere decir que existen 804 mil que tienen ingresos más bajos que el mínimo no imponible del IRPF, pero, lo que es mucho peor, dentro de ese número hay 636 mil personas que tampoco llegarían al mínimo no imponible del IRP. Quiere decir que a la mitad de los trabajadores y pasivos este cambio de impuesto no los beneficia, ni los perjudica: como dice el estudio, “son neutros a este cambio impositivo”. Lo dramático es que todos ellos tienen ingresos que están por debajo de la línea de la pobreza.

En el documento se afirma que 194 mil personas pagarían más por el IRPF sobre las rentas del trabajo que con el IRP, en tanto 170 mil pagarían menos. En síntesis: la mayoría (54%) no gana nada con la reforma porque es demasiado pobre; gana un 29%, de los cuales más de la mitad seguiría pagando impuestos; pierde un 17%. Es de destacar que los que pierden pagarán muchísimo más, en tanto los que reducen sus pagos lo hacen en valores mucho menores. Téngase en cuenta que los trabajadores y pasivos pasarían a pagar 280 millones de dólares en tanto que por IRP erogaban 150 millones. Quiere decir que los que pagan más van a tener que cubrir la diferencia entre el IRPF y el IRP (130 millones) y además cubrir lo que dejan de pagar los que se ven beneficiados con la reforma. El nuevo sistema tributario es intrínsecamente perverso en tanto contrapone los intereses de unos trabajadores con otros trabajadores.

Dice el informe: “Nótese que el 30% de los hogares más ricos (deciles 8 a 10) concentra el 81% de los que pagarían más IRPF.” Con esto queda claro que hay otro 19% de trabajadores que pierden y están en deciles inferiores. Si se considera, además, que el 20% de los más “ricos” lo integran aquellos hogares que tenían en 2005 ingresos iguales o mayores a $ 20.902 por mes, se entenderá lo injusto de este sistema tributario dual. Es tan bajo el nivel de ingreso de nuestro país, que una parte de los hogares más ricos” no tenía, ni tiene, acceso a la canasta familiar: qué decir cuando hablamos de hogares con ingresos menores a esos. El IRP fue un impuesto que rechazaron los trabajadores, el IRPF es el mismo perro con diferente collar.

El tema de fondo es cómo se distribuye la riqueza que crean los actores productivos ­en primer lugar, los trabajadores­ ya sea desde el lado de la Rendición de Cuentas o del de la Reforma Tributaria. Para entenderlo hay que mirar al conjunto de la sociedad, su producción y reproducción ­por lo tanto, desde la historia y desde la estructura de clases­, pues si se “focaliza” la mirada se pierden de vista dimensiones esenciales de la realidad. Se podría ver, por ejemplo, que la Reforma es “progresiva” dentro del subconjunto trabajadores, pero se omitiría un hecho más general, que es “regresiva” en el conjunto de la sociedad, en tanto castiga al trabajo y premia al capital.

Reforma Tributaria y Rendición de Cuentas tienen el común denominador de no favorecer a los trabajadores, a los pasivos, ni al desarrollo económico. Se están pagando los costos de un equipo económico que incluso en el ámbito del Compromiso Nacional se negó a discutir la estrategia de desarrollo y se abrazó, esquemáticamente, a las recetas de los libros de texto de macroeconomía. El supuesto impacto inflacionario que tendría un aumento de 30 millones de dólares para la educación es una demostración de lo anterior.

Dos. Esta reforma tributaria se ha caracterizado desde sus orígenes por la ausencia de participación, por un entramado complejo de medias verdades en el marco de un discurso que sistemáticamente oscurece la realidad y vende gato por liebre. El “PowerPoint” y la puesta en escena sustituyen la calidad y calidez del diálogo sincero. Se está viviendo una situación peligrosa y dramática, es imprescindible que todos los que estamos comprometidos con el Frente Amplio y su programa histórico volvamos a reflexionar sobre nuestros orígenes y nuestras convicciones.

En una “Carta abierta al Che”, cuarenta años después de su muerte, Frei Betto dice: “No te escuchamos lo suficiente. Desde África, en 1965, le escribiste a Carlos Quijano, del periódico Marcha de Montevideo: “Déjeme decirle, aun a costa de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario está guiado por sentimientos de amor. Es imposible pensar en un auténtico revolucionario sin esta cualidad'”.

“Algunos de nosotros, Che, abandonaron el amor a los pobres, que hoy se multiplican en la Patria Grande latinoamericana y en el mundo. Dejaron de guiarse por grandes sentimientos de amor para ser absorbidos por estériles disputas partidarias y, a veces, hacen de los amigos, enemigos, y de los verdaderos enemigos, aliados. Corroídos por la vanidad y por la disputa de espacios políticos, ya no tienen el corazón encendido por ideas de justicia”. Y continúa: “La historia es un río veloz y no ahorra obstáculos. El socialismo europeo trató de detener las aguas del río con el burocratismo, el autoritarismo (…) y, sobre todo, se revistió de una racionalidad economicista que no hincaba sus raíces en la educación subjetiva de los sujetos históricos: los trabajadores.” *

(*) Docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)

(1) Asesoría Económica ­ Dirección General Impositiva, “IRPF categoría 2 versus IRP. Su incidencia en la población”, julio 2007.

(2) La Encuesta Continua de Hogares (2005) que sirve de base a este estudio incluye solamente las poblaciones urbanas de más de 5.000 habitantes.


Publicado en la contratapa de “La República”, el 8 de julio de 2007

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.