Austeridad republicana y democracia plena

Austeridad republicana y democracia plena

Austeridad republicana y democracia plena

                                                                                                                                                                                                        Antonio Elías (*)

 

El 19 de junio se conmemora un nuevo año del nacimiento de nuestro héroe nacional, don José Gervasio Artigas. No se trato de un libertador del tipo de Simón Bolívar, triunfador en mil batallas; ni cruzó cordilleras como José de San Martín; no legó tierras liberadas: la independencia nacional vino después de que él abandonara nuestro territorio. Al igual que los demás libertadores no cumplió su sueño de ver a la gran nación americana unida e independiente. El padre de la patria fue un hombre especial: un héroe pobre y generoso que nos legó una herencia esencialmente simbólica, en donde la dignidad tiene un lugar fundamental en su concepción de la vida.

 

Uno. Su gran victoria ética y política es el éxodo del pueblo oriental, su austeridad republicana, su entrega absoluta a la causa de los más pobres. La herencia del ideario artiguista es, sobre todas las cosas, la expresión de un compromiso sustancial con los valores más nobles del ser humano: “clemencia para los vencidos” “mi autoridad emana de vosotros y cesa ante vuestra presencia soberana” “no venderemos el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad”. Conceptos fundamentales que han forjado al pueblo oriental, más allá de haber quedado labrados en mármol y en bronce, pero no han conseguido penetrar en el corazón de acero del “hombre pragmático”, el posibilista que invoca la ética de la responsabilidad – que muchas veces se parece a la “ética” de la conveniencia – para no asumir la ética de los principios. Tampoco han logrado penetrar la coraza del “hombre individualista”, cuyas intereses personales son prioritarios respecto a los intereses sociales.

¿El Frente Amplio habría alcanzado el gobierno o simplemente existiría, si un hombre como el general Líber Seregni hubiera elegido, pragmática e individualistamente, su libertad personal y la tranquilidad de su familia, asilándose en una embajada? Sin embargo no fue así, nuestro país tuvo en Seregni un estadista que asumió un principio ético y político: “un general no abandona a su pueblo”. El costo fueron ocho años de encierro y mortificaciones. Hay innumerables ejemplos similares en dirigentes y militantes frenteamplistas de todos los orígenes políticos. Miles de hombres y mujeres sufrieron años de cárcel, torturas, destierro, persecución y despidos; cientos fueron asesinados y desaparecidos por luchar por una sociedad más justa y democrática.

Ellos, nuestros mártires, hubieran esperado una entrega similar, obviamente menos cruenta, de todos aquellos que han llegado al gobierno respaldados por ese pasado de dignidad y lucha. Los compañeros que el pueblo eligió para asumir las mayores responsabilidades del país no han de olvidar la definición muy precisa de los deberes de un gobernante que hacía el protector de los pueblos libres: “Los primeros en la representación de la confianza de un pueblo, deben ser los ejemplos donde aprendan las virtudes los demás ciudadanos, y cualquier nota en su comportamiento es más execrable y reprensible cuanto más elevada sea su distinción” (1)

Y en cuanto a las prioridades en el reclamo de contribuciones y en el uso de los dineros públicos es de absoluta actualidad lo que Artigas dice: “A mi no se me esconde la necesidad que tenemos de fondos para atender a mil urgencias, que aun prescindiendo de todas, bastaba la que se muestra en la miseria que acompaña a la gloria del bravo ejercito que tengo el honor de mandar, vestido sólo de sus laureles en el largo período de cinco años, abandonado siempre a las mayores necesidades en la mayor extensión imaginable… pero la voz sola de contribución me hace temblar”. (2) ¿Habrán leído alguna vez estas palabras de Artigas, los que gravan con impuestos crecientes a las rentas del trabajo y a las pasividades, mientras exoneran a las inversiones extranjeras y fijan una tasa constante a las rentas del capital? ¿Ignoran acaso que los empresarios pueden trasladar esos impuestos, subiendo los precios o reduciendo los salarios? 

 

Dos. El gobierno del Frente Amplio no entrará en la historia más querida de nuestro pueblo por algunos buenos resultados macroeconómicos, ni por los aplausos de organismos extranjeros, ni por la firma de un tratado de protección reciproca de inversiones con Estados Unidos. Tampoco por la entrega de tierras y materias primas a las transnacionales, ni por los acuerdos con el FMI,  ni por participar en las tropas de “paz” en Haití.

Lo enaltecerán en cambio los avances realizados, entre otros aspectos, en el descubrimiento de la verdad y la justicia, que de manera lenta pero segura viene cumpliendo la presidencia cuando declara, una y otra vez, que no están amparados por la Ley de Caducidad un conjunto significativo de crímenes perpetrados por la represión; el fortalecimiento de los derechos de los trabajadores a organizarse sindicalmente y actuar en defensa de sus legítimos intereses; y, también, por supuesto, el rechazo presidencial a la firma de un tratado de libre comercio con los Estados Unidos. 

En los dos primeros años de gobierno han primado las voces pragmáticas e individualistas, las de aquellos que hacen “buena letra” con el poder extranjero y “honran”, con dinero ajeno, la deuda pública que no están dispuestos a auditar; los que niegan recursos a otros ministerios y a los entes de la enseñanza, limitando así el cumplimiento de objetivos  sociales fundamentales y el desarrollo del Uruguay productivo. 

 

Tres. Este 19 de junio, en nombre del legado artiguista, le pedimos al ciudadano presidente que asuma, tiempo completo, la conducción política en todos los ámbitos de gobierno: en particular el económico y el militar. Todos los servidores públicos en cargo políticos deben honrar la confianza que les ha otorgado nuestro pueblo, en particular los frenteamplistas, para lo cual es necesario que asuman la ética de los principios, el cumplimiento del programa y el respeto a la Constitución como único camino para avanzar hacia la pública felicidad. 

Los graves problemas de la sociedad uruguaya requieren el máximo esfuerzo de aquellos que han recibido el honor de velar por los intereses colectivos, es necesario que todos los que asumen responsabilidades de conducción tengan una conducta ejemplar, deben ser primeros en el sacrificio y últimos en el privilegio. En un gobierno frenteamplista no debe haber lugar para “altos ejecutivos y gerentes” que no asuman esos compromisos. Al gobierno se llega para servir a la sociedad, no para servirse de ella.  “Nada de burócratas displicentes, sino de servidores públicos al servicio real del pueblo, controlados por el pueblo, responsables ante el pueblo”, como decía el general Seregni el 26 de marzo de 1971, en el primer acto del Frente Amplio.

 

Cuatro. No acompañaremos al Dr. Tabaré Vázquez en la ofrenda floral que colocará el 19 de junio – más allá de reconocerlo como un hombre responsable digno del mayor respeto y apoyo – porque no están dadas las condiciones para su propuesta de reconciliación. Nos remitimos a los conceptos vertidos por Ivonne Trías: “No solo no se ha reconocido la matanza, ni la tortura, ni que hicieron con los desaparecidos y los muertos; tampoco se ha reconocido el robo, la corrupción, el engranaje de empresarios y diplomáticos que contribuyó a destruir el país” y por Constanza Moreira: “Cuando una democracia es plena no se trata de reconciliación: se trata de subordinación. Subordinación del poder militar al gobierno legitimo.” (3) El ocultamiento premeditado de la verdad demuestra que los mandos militares no han cumplido las órdenes del Presidente de la República y que, por tanto, la democracia plena aún no se logrado. Esa es una tarea fundamental que deberá cumplir el  gobierno con el apoyo total de nuestro pueblo.

(*) Docente universitario, sindicalista, miembro de la Red de Economistas de Izquierda (REDIU)

 

(1) Eduardo Acevedo, “José Artigas. Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos Libres”, Casa A. Barreiro y Ramos S. A., Montevideo, 1933, p. 507.

(2) Ibid, p. 505.

(3) Semanario “Brecha”, 15-06-07.

 

Publicado en la contratapa de La República, 17 de junio de 2007.

 

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.