Contra la injusticia tributaria

Contra la injusticia tributaria

Contra la injusticia tributaria

ANTONIO ELIAS (*)

El 1º de julio entrará en vigencia una reforma tributaria (Ley Nº 18.083) que profundiza la concepción predominante en el país desde hace décadas de financiar los egresos del Estado con base en la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y del Impuesto a las Retribuciones Personales (IRP) que grava los ingresos de los trabajadores, activos y pasivos. Con esta reforma se aumenta la carga sobre el trabajo y se disminuye la carga sobre el capital.

COFE emitió una declaración rechazando la reforma tributaria. También se expidió en contra de la reforma Adeom Montevideo y existe un fuerte malestar en AEBU. En similar perspectiva se ubica la Red de Economistas de Izquierda, que presentará un informe crítico la próxima semana.

Uno. El Ministerio de Economía y Finanzas (1) y la Asesoría Económica de la Dirección General Impositiva (2) han realizado estimaciones acerca del impacto en la recaudación que tendrán los cambios impositivos aprobados por la ley citada. Esa información demuestra que:

a) El monto total de IVA que se recauda actualmente y el que se recaudará después de la reforma es prácticamente igual. Por la reducción de la tasa básica de 23% a 22% dejarán de cobrar 60 millones de dólares y por la extensión de la base a otros productos recibirán 112 millones. Por la reducción de la tasa mínima de 14% a 10% no cobrarán 70 millones y por la extensión a otros bienes recaudarán 52 millones. También bajan los ingresos en 25 millones porque la base imponible se reduce por la eliminación del Cofis. En resumen, entre las rebajas de tasas y las extensiones de la base imponible ­la tan mentada "generalización a todos los productos" que recomiendan los organismos financieros internacionales­ el pueblo uruguayo va a seguir pagando casi lo mismo por IVA.

b) La recaudación del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas (IRPF) será de 350 millones de dólares; lo que se paga por el IRP actualmente son 150 millones de dólares. Usted pensará que este aumento de 200 millones lo pagan los capitalistas: ¡Se equivoca! Ellos sólo pagaran 33 millones (9%), los profesionales 39 millones (11%) y los trabajadores y pasivos 278 millones (80%). Sí, entendió bien: la reforma tributaria castiga al trabajo aumentando la carga impositiva en 138 millones de dólares, con lo que se duplica lo que deben pagar los asalariados y se cuadriplica lo que deben pagar los pasivos.

c) Los empresarios, en cambio, ganan con la reforma. Se eliminan, entre otros, el Impuesto a la Renta de Industria y Comercio (410 millones de dólares) y el Impuesto a los Activos de las Empresas Bancarias (48 millones) y pasan a pagar el Impuesto a la Renta de las actividades empresariales (394 millones de dólares). Van a pagar 64 millones de dólares menos sólo por estos dos conceptos. Se podría agregar que se eliminan otros impuestos a las empresas por 25 millones. Sin lugar a dudas los capitalistas, a pesar de que pagarán 33 millones de IRPF, tendrán una carga fiscal menor que la actual.

d) El total de impuestos indirectos cae por la eliminación de la Contribución al Financiamiento de la Seguridad Social (Cofis), que recauda 122 millones de dólares, y otros impuestos menores por 50 millones. El total de impuestos directos aumenta por la carga sobre los trabajadores, asalariados y pasivos en 200 millones y los indirectos bajan en 170 millones. La reducción de los impuestos indirectos y las ganancias de los capitalistas son pagadas fundamentalmente por los trabajadores y pasivos y, en menor medida, por una baja en la recaudación impositiva.

Dos. Los estudios sobre el impacto distributivo de la tributación deben incluir necesariamente la posibilidad que tiene el que debe pagar el impuesto de trasladar ese costo a otras personas. En ese sentido es claro que los empresarios pueden trasladar lo que pagan por impuestos aumentando los precios y/o disminuyendo los costos salariales y de proveedores. Con las reducciones impositivas, como el Cofis y el IVA, pueden
hacer lo contrario: apropiarse de esa rebaja para aumentar los beneficios en lugar de trasladarlos a la reducción de precios. Esa apropiación de la reducción impositiva se ve facilitada por la inexistencia de una política oficial de control de precios y por la inexistencia de niveles significativos de competencia. En ese marco es muy difícil que las reducciones impositivas favorezcan a los trabajadores. Los capitalistas que reciben su renta por arrendamiento de propiedades y los profesionales pueden trasladar los costos hacia adelante a los precios y evitar o reducir los costos impositivos.
Los trabajadores y pasivos no tienen posibilidades de traslación del impuesto, el IRP duplicado como IRPF será descontado directamente del sueldo y de la pasividad. La situación de los jubilados es bastante peor aún que la de los trabajadores activos, dado que estos últimos, eventualmente, pueden trabajar más horas formal o informalmente.

Tres. Lo que se ha señalado hasta ahora demostraría la regresividad de esta reforma que, esencialmente, recae sobre el bolsillo de trabajadores y pasivos. Sin embargo usted habrá escuchado a institutos y personas que sostienen que esta reforma es progresiva, en tanto mejora la distribución del ingreso. Ambas afirmaciones son ciertas, el problema esta en qué criterio de distribución del ingreso se utiliza. Quien analice solamente si paga más el que gana más y menos el que gana menos, sacará la conclusión de que es progresiva. Si la complica un poco y se pregunta si paga más el que tiene más, verá que eso no es cierto: el Impuesto al Patrimonio (riqueza acumulada) disminuye en un proceso tendiente a su eliminación y en ese sentido no es progresiva.

Si, además, le interesa saber quiénes son los que pagan, observará que en esta reforma van a pagar, como se demostró, mucho más los trabajadores y pasivos, en tanto que los capitalistas verán reducida su carga directa.

Si se toma en cuenta la distribución del ingreso nacional disponible, observaremos que esta reforma reducirá aún más la participación de los salarios y pasividades en ellos, que eran en 2000 el 44,2% y que en 2006 alcanzaron solamente a 30,1%. Al duplicarse los gravámenes sobre el trabajo y las pasividades se reduce su participación en el ingreso disponible: ¿Acaso los trabajadores pueden estar de acuerdo en una propuesta que los perjudica claramente como clase? Debe considerarse, además, que si los capitalistas logran apropiarse de las reducciones en el monto de impuestos indirectos, todos los costos de esta reforma serán pagados por los trabajadores y pasivos que ganan un poco más. Debe quedar claro, además, que esta reforma no es una redistribución entre trabajadores; si ese hubiera sido el objetivo no era necesario duplicar el IRP.

El efecto perverso de está reforma es que, voluntaria o involuntariamente, contrapone los intereses de los trabajadores que ganan poco y muy poco ­que recibirán algo más de dinero en su bolsillo­ con los de aquellos que por su capacidad organizativa y su lucha han logrado ingresos salariales mayores. Esta lógica se traslada también a los pasivos. Es regresiva, además, porque el mínimo no imponible es bajísimo, porque no considera los ingresos del núcleo familiar, porque no tiene deducciones adecuadas. Ni qué hablar de las exoneraciones impositivas a las empresas trasnacionales. Por éstas y muchas razones más rechazamos esta injusta reforma tributaria en la que "pagan más los que ganan más por su trabajo y pagan menos los dueños del capital". *


(*) Docente universitario, sindicalista, miembro de la Red de Economistas de Izquierda (REDIU)

(1) http://www.mef.gub.uy/reforma_tributaria_comparacion.htm

(2) González, Gustavo y Vallarino, Hugo, "Reforma del sistema tributario. Impacto en la recaudación y análisis de sus efectos distributivos", Asesoría Económica ­ DGI, diciembre, 2006.


Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.