De Pekín a Río vía Lima

De Pekín a Río vía Lima

Mientras la economía mundial aún no se repone de la pasada crisis y mira con temor lo que acontece en Europa occidental con el caso griego, y cuando el rublo resiente los embates generados, más los que provienen del exterior -agudizados por el contencioso con Ucrania-, China se alista a aumentar su presencia en el frente internacional.

Sin embargo, el país no escapa a periódicos pronósticos agoreros y predicciones de todo tipo de males, como los que adelanta David Shambaugh, de la George Washington University, al sostener que el régimen político inició la etapa de agotamiento. En general toman temas diversos para lanzar acertos, a manera de horóscopos, y sin dejar de señalar el tema del agotamiento del Partido Comunista y apuntar falta de libertades sociales, ahora atienden al descenso en la tasa de crecimiento del producto bruto interno.

Pero, otros observadores dicen que preocupa a Estados Unidos y Japón que China haya propuesto la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), con 57 miembros fundadores, posicionándose como institución multilateral alternativa para financiar medios técnicos a economías emergentes, principalmente de Asia, desde construcción de carreteras y aeropuertos hasta antenas de comunicación y viviendas económicas. En la lista de fundadores figuran Francia, Alemania, Italia y Noruega –un éxito diplomático chino- mientras Estados Unidos opina que la entidad compite con el Banco Mundial mientras ese país y Japón no son considerados posibles socios.

Sin dejar de tener presente los pronósticos -atendiendo a que los pasados no se han cumplido-, sopesando futuras sorpresas, el ángulo que elegimos es el de las relaciones sino-latinoamericanos, donde cifras serias indican que en 2014 su inversión directa en la región llegó a cerca de 100 mil millones de dólares, más proyectos contratados por 70 mil millones, de acuerdo con el Ministerio de Comercio de Pekín, en tanto el volumen comercial creció moderadamente a una tasa 0,8 por ciento anual, llegando a 263 mil 600 millones de dólares el año pasado.

La atracción de la zona y su esperada expansión hicieron que en mayo de 2015 el primer ministro chino, Li Keqiang, viajara a Brasil, Colombia, Perú y Chile, ofreciendo un modelo de cooperación “3 por 3” integrado por logística, energética e informática; el relacionamiento entre empresas, sociedad y gobierno; y fondos, créditos y seguros de financiación. Lo anterior comprende los intereses chinos en temas energéticos, mineros y agrícolas, y en industrias de maquinaria, siderurgia, química, alimentos y construcción.

El blanco central de esta incursión es su socio en el BRICS, Brasil, donde -por ahora- la maquinaria pesada china tiene el 85 por ciento del mercado de grúas, y en tecnología de la información Baidu incorporó un nuevo motor de búsqueda en portugués y Aliexpress acrecentó su comercio electrónico, representando el 20 por ciento del total en el país.

El premier anunció en Brasil el 19 de mayo que Pekín abrirá un fondo especial de 30 mil millones de dólares para la cooperación con América Latina en cuestiones de capacidad productiva y fabricación de equipamiento, sin que por ello se deba suponer compromiso o alinemiento político alguno. Asimismo, el Banco Industrial y Comercial de China y la Caixa Económica Federal de Brasil establecieron acuerdos sobre un fondo de 50 mil millones de dólares para infraestructuras.

En Santiago se suscribió un memorando de entendimiento del Banco Popular de China y el Banco Central de Chile, para permuta de divisas por 22 mil millones de yuanes (3 mil 600 millones de dólares). Ambas entidades abrirán en la capital chilena un banco de liquidación de yuanes y China dará a los Inversores Institucionales Extranjeros Calificados una cuota de 50 mil millones de yuanes para desarrollo económico, sin especificar rubros.
En 2009 se establecieron con Brasil y Argentina acuerdos de permutas de divisas (tipo “swap”) que facilitaron operaciones en yuanes a través de los bancos centrales. Con el paso dado en Chile -señalan los analistas económicos- se concretó la firma de una línea de crédito “swap” entre los bancos de Santiago y Pekín que posibilitará atenuar los efectos de la relación inestable frente al dólar sobre los flujos de comercio e inversión y apoyará a que el peso chileno y el yuan obtengan facilidades en los intercambios bilaterales.

Del pasaje de Li por Santiago hay que señalar la oferta china para construir el túnel biocéanico en Chile -que una el Pacífico con el Atlántico- de acuerdo con sus conocimientos sobre zonas de alta sismicidad.

En Lima, entre otras cosas, Li destacó que la inversión de su país en Perú es de 18 mil millones de dólares en yacimientos de hierro y cobre, hidrocarburos y pesquería.

Como puede apreciarse, la apuesta de Pekín hace suponer que está dispuesta -a toda costa- a ingresar a territorios que otrora fueron de influencia o dominio estadunidense.

Tampoco escapan a los analistas las acciones que lleva adelante la Marina brasileña, que se propone incorporar dos portaviones, otros 60 barcos de superficie, 15 submarinos convencionales y seis de propulsión nuclear (con tecnología alemana diferente a la misilística que provee a Israel) para salvaguardar áreas oceánicas en los que se encuentran importantes campos de hidrocarburos -frente al paulista puerto de Santos- y riquezas en cobalto, níquel, manganeso, fosfato, gas metano y minerales raros en el fondo marino.

Las apetencias chinas en materia internacional al asomarse a América Latina, quedaron expuestas en Perú, donde propusieron la construcción de un ferrocarril de más de 5 mil kilómetros desde aquí hasta el sur de Río de Janeiro -del Pacífico al Atlántico-, a fin de colocar sus bienes en la región y beneficiarse de la esperada gran producción brasileña. En buen romance, China quiere una “Ruta de la Seda” contemporánea, de otros 5 mil kilómetros, que le permita ingresar a la región.

Según los cálculos, cada tren transportaría unos 200 vagones de 100 toneladas cada uno. Partiría de Piura, en el Pacífico, pasaría por Abra de Porculla, un paso andino a 2 mil 200 metros sobre el nivel del mar, y cruzaría la frontera rumbo a Porto Velho, en Brasil. Seguiría hacia el sur, atravesando el Amazonas, hasta el puerto de Açú, cerca de Río de Janeiro, en el océano Atlántico.

Esa nueva vía sería alternativa para el tránsito de mercancías por el Canal de Panamá (bajo control estadunidense) y complementaria de las capacidades del Canal de Nicaragua, donde también China dispuso la financiación -a través de una ignota empresa y empresario- de la obra que iría de la bahía de San Juan del Sur (Pacífico), aprovecharía las profundidades del Gran Lago de Nicaragua (Cocibolca) y del río Rama, y terminaría en la bahía de Bluefields en el Caribe.

Dilma Rousseff declaró que el proyecto del ferrocarril abre “un nuevo camino para Brasil hacia Asia, reduciendo distancias y costos”.

Sin embargo, las primeras críticas ya se escucharon. Evo Morales, protestó al enterarse que la vía no pasaría por territorio boliviano: “No sé si Perú está jugando sucio”. Sostuvo que tendría un trayecto “más corto y más barato” si pasara por Bolívia.

Se anticipan, asimismo, problemas en Brasil con grupos indígenas y defensores del medio ambiente, dada la posibilidad de que se transite por áreas consideradas sensibles. “Una vía en medio del Amazonas para atender el mercado chino (…) sería ilusorio creer que no va a producir impactos”, critica Paulo Adario, director de la Campanha Amazônia de Greenpeace.

También hay desafíos de ingeniería en la construcción de un tren que cruce la Cordillera de los Andes y desemboque en el Pacífico.

La construcción de las conexiones Atlántico-Pacífico exhiben cuánto privilegia Pekín estas acciones, incluso por delante de Estados Unidos y Europa. Aún así, debe decirse que es evidente que la contextura y la naturaleza de China no alcanza para producir por sí sola la reactivación económica regional.

Publicado en “Voces”

Acerca del autor

Ruben Montedonico
Ruben Montedonico 8

En Montevideo trabajó en CX 8 - Radio Sarandí (1972-76). En el exilio escribió en El Día, México; El nuevo Diario de Nicaragua y Agencia Nueva Nicaragua (1983-90) , y en Novedades, La Jornada y Aldea Global de México (1998-2014). Actualmente lo hace en Uruguay para el semanario Voces.