Diálogo inconcluso y participación frustrada

Diálogo inconcluso y participación frustrada

Diálogo inconcluso y participación frustrada

ANTONIO ELIAS (*)

Tras dos años de gobierno no se ha logrado avanzar en los múltiples diálogos que ha impulsado la administración, menos aún se ha concretado la participación de los trabajadores. El número de anuncios ha sido muy superior a los hechos. Se ha convocado al Compromiso Nacional en varias oportunidades y el resultado final ha sido nulo en lo concerniente al modelo económico. La reforma del Estado, tema fundamental para el desarrollo del país, hasta el momento no ha presentado una posibilidad seria, real y efectiva de participación para los trabajadores.

Uno. El próximo martes, Día de los Trabajadores, es una jornada de movilización y lucha en honor a los ocho Mártires de Chicago, asesinados salvajemente hace 121 años. Es un día fundamental, también, para recordar la gesta de unidad y lucha del movimiento sindical uruguayo: el Congreso del Pueblo, con su legado programático, es un mojón fundamental para la construcción de la unidad; el proceso de unificación sindical iniciado en 1964 que dio lugar a la Convención Nacional de Trabajadores (CNT); la huelga general de quince días de resistencia contra el golpe de Estado; la creación del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) para luchar contra la dictadura y que concretó un memorable 1º de Mayo de 1983. Ese movimiento sindical, caracterizado por su unidad interna y por su independencia de clase, el 1° de Mayo de 2005 manifestó: "Su firme e histórica vocación de diálogo y participación" a partir de su compromiso con el país y con el trabajo de los uruguayos en la construcción de un país productivo, integrado, con justicia social y profundización democrática, en el convencimiento de que el Movimiento Sindical es "piedra angular de la Democracia participativa".


Dos. El Poder Ejecutivo el 19 de mayo de 2005 convocó a empresarios y trabajadores a conformar un ámbito de trabajo conjunto, con el fin de alcanzar un acuerdo plurianual en políticas económicas y sociales. El llamado "Compromiso Nacional para el Empleo, los Ingresos y las Responsabilidades" pretendía contemplar intereses diferentes y compatibilizarlos en torno a un proyecto estratégico nacional. El gobierno expresó en la convocatoria "su voluntad de otorgar un rol protagónico a los sectores sociales en la formulación de las políticas públicas, estimulando un proceso orientado al mejor cumplimiento de los grandes objetivos que se ha trazado la administración, mediante la activa búsqueda de acuerdos y compromisos."

En el documento se establecía claramente, y en forma inequívoca, que el gobierno no resignaba ni diluía la responsabilidad de llevar adelante su programa de gobierno y que, tampoco, buscaba debilitar ni mucho menos remplazar el ámbito de discusión parlamentaria. El gobierno sería uno de los signatarios del Compromiso Nacional, y se comprometía a reflejar lo acordado en la implementación de las políticas, respetando el marco legal vigente. Un párrafo de la convocatoria demuestra que el gobierno era muy consciente de los riesgos que significaba conciliar la deuda social con la ortodoxia económica: "Si erróneamente se optara por considerar exclusivamente las restricciones fiscales y los desafíos competitivos sin tomar en cuenta las legítimas aspiraciones de los actores sociales, es probable que la viabilidad política del proyecto se viera fuertemente cuestionada". Al respecto, en aquel momento el gobierno entendía que estos tres tipos de restricciones debían ser consideradas simultáneamente, evitando que la consideración de alguna de ellas individualmente terminara imponiéndose sobre las otras. Lamentablemente no fue así, los hechos lo demuestran: primero se acordó con el FMI el pago de la deuda externa, casi 4% del producto, y un programa de reformas estructurales; luego, en el marco de esa restricción, se pretendió discutir con trabajadores y empresarios, aclarando además que no se aceptaba discutir la estrategia de desarrollo; luego se aprobó el presupuesto nacional para el quinquenio sin que incidiera para nada lo que se discutía en el Compromiso Nacional.

Tres. El 1º de Mayo de 2006, el movimiento sindical evaluó que "el proceso de cambios que comenzó el 1º de marzo del año pasado presentaba elementos de avance que incluían a las grandes mayorías… instalación de los Consejos de Salarios, Ley de fuero sindical, instalación del Plan de Emergencia, intento de reforma del Sistema de Salud, avances en la investigación sobre los crímenes cometidos por la dictadura". También se señalaron diferencias: "No hay posibilidades de resolver la pobreza, la exclusión social, la inseguridad si no se resuelve un proyecto económico y social sustentable que resuelva el trabajo de todos los orientales". Se cuestionó a la vez que "el gobierno lanzó en Salto (31/III/06) la propuesta de país productivo con un conjunto de ideas compartibles pero muy generales, no muy claras en su desarrollo, con mucho marco y poco contenido concreto". Se cuestionaron a su vez los pagos al FMI, afirmando que: "La inversión pública es fundamental en el desarrollo de un país productivo, pero la misma no es posible sin discutir el carácter y la forma de pago de la deuda externa que pagamos todos los días los uruguayos". Cuatro. El PIT-CNT en su IX Congreso –luego de evaluar las enormes carencias de una conducción económica que renuncia a tener una estrategia de desarrollo y deja librado el futuro del país a la fuerza del mercado internacional y considerando, además, que el crecimiento macroeconómico no se ha utilizado para atender la enorme deuda social– resuelve actuar con todas sus fuerzas para "generar las condiciones sociales y políticas para que se implemente un nuevo modelo económico que haga posible el Uruguay productivo, con justicia social y profundización democrática".

La respuesta del ministro de Economía y Finanzas, Danilo Astori, en relación a las resoluciones citadas son un ejemplo de las actitudes que cierran el diálogo: "Si hay un modelo mejor, estoy dispuesto a analizarlo; no lo conozco". (1) Llama la atención que la única instancia que reconoce para tarea de tanta relevancia y complejidad se reduzca a su sola persona: el Estado soy yo… ¡Cuánta soberbia en tan pocas palabras!

Los porfiados hechos han demostrado que en ningún momento se trabajó seriamente para crear un ámbito de debate sobre los temas sustanciales, ni antes ni después. El Compromiso Nacional es una prueba de ello: no hubo ni debate ni acuerdos sobre la estrategia de desarrollo ni, consecuentemente, sobre el modelo económico. Las propuestas de trabajadores y empresarios no fueron discutidas, ni contestadas. Muchos argumentos podrán darse para explicar esa situación pero, sin duda, la incapacidad del equipo económico para aceptar e incorporar posiciones diferentes a las propias y la falta de voluntad política son parte sustancial de las variables explicativas.

Cada vez que alguien afirma que no conoce otros modelos, como lo hace el ministro, pretende convencer a la sociedad de que hay una única respuesta técnica independiente de los intereses en juego, pero eso no es cierto. Las decisiones económicas no son neutras, implican favorecer a unos y perjudicar a otros y, por tanto, siempre existirá un modelo alternativo para aquellos que defienden intereses diferentes a los del grupo dominante. En ese sentido, la defensa de los intereses de los trabajadores se expresa en la consigna del 1° de Mayo: "Para profundizar los cambios… el protagonismo del pueblo". *

(*) Docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu).(1) Danilo Astori, LA REPUBLICA, 10/10/06.

Publicado en La República, 29 de abril de 2007.

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.