ECUADOR: UNA PROGRESIVA HISTORIA DE ENSAYOS

ECUADOR: UNA PROGRESIVA HISTORIA DE ENSAYOS

ECUADOR: UNA PROGRESIVA HISTORIA DE ENSAYOS

Por Antonio Elías | docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (REDIU) (*)

 

El Encuentro del Foro Mundial de Alternativas me trajo a Ecuador. En este país, tras una "larga y oscura noche neoliberal" de cerca de 25 años, Rafael Correa y Alianza País formaron un gobierno progresista que sin salirse de los márgenes del capitalismo existente levanta un programa democrático. Triunfando en cuatro eventos electorales sucesivos, han barrido con la derecha tradicional, han arrinconado a la oligarquía y han deslegitimado a los grandes medios de comunicación.

Se está consolidando un importante giro en la conciencia de las masas hacia la izquierda, en la búsqueda de una opción de cambio. En su lucha, desde hace unos 10 años, las masas golpeadas por el neoliberalismo han explorado alternativas, con retrocesos, derrotas temporales y caídas.

 

Uno. En Ecuador, como en Uruguay, el capitalismo dependiente hunde sus raíces en su historia y estructura: es el resultado de la inserción periférica sujeta a las necesidades del mercado mundial y del acuerdo-confrontación al interior del bloque dominante. Las limitaciones resultantes de ese desarrollo capitalista determinaron la ausencia de proyecto nacional en la clase dominante y la existencia de masas explotadas y marginadas en lo económico, que sufren la sujeción política y la opresión cultural, que son socialmente excluidas y cuya integración ideológica es difícil. Entonces, la crisis abarca la totalidad de la realidad.

El derrocamiento de tres gobiernos ­Abdalá Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutiérrez (2005)­ demuestra la profunda crisis de hegemonía de la burguesía y la búsqueda popular de alternativas. Pero la resolución controlada en las fases agudas de las dos primeras crisis mostró la inexistencia de una dirección política que dotara de continuidad y profundidad a la insurgencia popular.

La movilización semi-insurreccional de 2005 resquebrajó el control oligárquico y planteó la necesidad de la reforma política y la posibilidad de cambiar el modelo económico, como parte de un proceso que podría profundizarse con el ejercicio de la democracia directa y la transformación estructural.

 

Dos. En este contexto de crisis de hegemonía de las clases dominantes surge Alianza País como alternativa democrática para un proyecto que pretende cambiar el modelo neoliberal sin afectar al sistema capitalista.

El gobierno de Correa es el resultado de la radicalización de amplios sectores de la población que, desde la diversidad de sus reivindicaciones y desde la complejidad de la conjunción de sus fuerzas, intuitivamente fueron apuntando a una transformación más profunda, estructural. Expresa la lucha social de resistencia al neoliberalismo, convertido en opción electoral institucionalizada. Es el resultado de la puesta en movimiento de sectores medios empobrecidos; de sectores populares arrinconados por el desempleo y la precarización laboral; de vastos círculos indignados por la corrupción político-económica; de las inmensas mayorías de excluidos del ejercicio de sus derechos y de la vida pública.

Este gobierno, en principio, ha sido consecuente con su programa. Impulsa el proceso de democratización y de reforma política al cumplir con la Consulta que dio viabilidad a la Asamblea Constituyente, y al lograr plasmar la elección de ésta. Prioriza el gasto social al fortalecer las áreas de salud y educación, sin proponer aún modelos alternativos. Ha robustecido la atención a los sectores más desfavorecidos al duplicar el Bono de Desarrollo Humano (pasó de 15 a 30 dólares) y el de la vivienda, sin superar un enfoque asistencialista.

Reivindica un mayor protagonismo del Estado en la economía, pero sin pretender terminar con las privatizaciones, pues lo más que espera es renegociar en mejores términos las concesiones. Ha construido una política internacional en general no alineada, a pesar de las fluctuaciones especialmente en la relación con Colombia y las preferencias supeditadas a China y Brasil. Ha apoyado al Banco del Sur, pero no ha querido participar en el Alba. Ha reivindicado una posición nacionalista, pese a las oscilaciones en sectores tan sensibles como el petrolero.

Ha recuperado la autoestima nacional al mantener un discurso soberano, poner en su sitio a la oligarquía, pese a los vaivenes, y al cuestionar a los organismos multilaterales, a pesar de pagar rigurosamente la deuda externa. Pero desde el punto de vista de las fuerzas que lo conforman, éste es el gobierno de la alianza entre sectores medios (con importante componente tecnocrático) que aportan el programa democrático-social, pero que le imponen sus límites (en la propuesta económica, en el asistencialismo clientelar), y sectores de la burguesía que van incrementando su peso.

Por ello, en Ecuador dicen que al gobierno hay que exigirle que haga lo que tiene que hacer y no buscar "consensos" con los perdedores, los banqueros y en general con los representantes del capital, sino con el pueblo que le votó. Por ejemplo son notorias las contradicciones con el movimiento popular, en particular con las naciones y pueblos indígenas.

El gobierno ecuatoriano ha dado muestras de tener la voluntad política de derrotar a ciertos grupos hasta ahora hegemónicos ­pertenecientes a la oligarquía tradicional y a sectores del capital trasnacional, en especial norteamericano­ al menos en sus pretensiones más exorbitantes, como el mantenimiento del modelo neoliberal, el TLC con Estados Unidos, las elevadas tasas de interés, las descomunales ganancias petroleras extraordinarias y el mantenimiento del convenio de uso de la Base de Manta.

Rafael Correa ha marcado la prioridad del eje multimodal Manta-Manaos, que convertiría a Ecuador en un país de tránsito entre Asia y Brasil. La relación privilegiada con China y con Brasil encierra la posibilidad de privatizar los campos de Petroecuador a favor de empresas extranjeras y la oferta del aeropuerto de Manta a los chinos, lo que plantea serios interrogantes acerca de los objetivos internacionales del gobierno.

 

Tres. El actual gobierno ecuatoriano es notoriamente superior a los gobiernos anteriores ­ los de la oligarquía tradicional corrupta­ por los componentes soberanos, democráticos y sociales de su programa. Sin embargo, tanto en Ecuador como en Uruguay sería ilusorio soñar en un capitalismo sin monopolios ni excluidos, sin explotados y explotadores. La lógica del capital es la de la concentración y centralización, que, complementariamente, genera la exclusión, como enseña la teoría y demuestra la historia.

Construir una sociedad soberana y auténticamente democrática exige la transformación radical de sus estructuras en la perspectiva de erigir una sociedad socialista que realmente haga temblar las raíces de los árboles.

 

(*) Esta nota se basa en Andrés Rosero, "El proceso ecuatoriano en perspectiva", Revista Espacio, Número 14, Quito, febrero de 2008.

 

Publicado en la contratapa de “La República”, Montevideo, el 2 de marzo de 2008.

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.