El problema es definir quién paga los costos de la “pálida”

El problema es definir quién paga los costos de la “pálida”

En 2008 comenzó una crisis económico-financiera en los países centrales que gradualmente se traslada hacia los países periféricos, demostrando así que era errónea la concepción teórica del “desacople”.

Dicha crisis no detuvo el proceso de penetración de las empresas transnacionales, las que continuaron avanzando tanto en la apropiación y explotación de los recursos naturales como en la mercantilización de sectores que estaban al margen de la dinámica de acumulación capitalista como, entre otros, los servicios públicos, los fondos de pensión, la salud, la educación y la seguridad.

Uruguay no es una excepción en ese proceso, los gobiernos del Frente Amplio han realizado una estrategia de profundización gradual del capitalismo con sus consabidos resultados de extranjerización, primarización de la economía y segmentación social. Pero, a pesar de ello, el Frente Amplio ha ganado las últimas elecciones porque para la mayoría del pueblo, especialmente los trabajadores, las políticas públicas aplicadas – más allá de luces y sombras – han sido mejores que las realizadas por los gobiernos de derecha.

Los resultados obtenidos se sostienen en dos pilares: uno, exógeno, la situación internacional fue muy favorable lo que permitió un fuerte crecimiento de la economía, que se está desacelerando desde 2012; dos, endógeno, se llevó adelante una política de conciliación de clases que benefició a los capitalistas y a los trabajadores, a la vez que asistió a los sectores más carenciados.

Para continuar con esas políticas en condiciones económicas adversas existe una gran dificultad: el carácter asimétrico de la conciliación de clases. En efecto, lo que recibió el capital en carácter de exenciones tributarias por promoción de inversiones y zonas francas es por largo plazo y está protegido por tratados internacionales; lo que recibieron los trabajadores en condiciones laborales y mejoras salariales se puede modificar rápidamente a través de leyes, decretos y disposiciones.

En ese marco se inscribe el proceso de ajuste de las cuentas públicas, llamado “moderación y prudencia”, que impactará en el nivel de vida de los trabajadores tanto en lo que tiene que ver con los salarios y el empleo, pero no afectará al capital.

Sí, llego la “pálida”, ahora nos toca a nosotros, pero en vez de realizar políticas contracíclicas se aplican políticas contractivas: una pauta salarial que es mucho peor que la actual; reducción sustancial de las inversiones de las empresas públicas; disminución de los gastos de funcionamiento e inversión del Gobierno Central. En buen romance un ajuste de los ingresos de los hogares de los trabajadores, tanto por la pérdida del poder adquisitivo de salarios y pasividades, como por la pérdida de empleos.

El desafío para el FA es y será mantener los niveles de ingreso y calidad de vida de los trabajadores y pasivos – conservando así su base social – y trasladando los costos de la “pálida” a los grandes empresarios que gozan de los privilegios fiscales. Lo cual implicaría confrontar con el capital, un verdadero giro a la izquierda, pero ese no ha sido el camino elegido: las variables de ajuste van a ser, como antes, los salarios y las pasividades.

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Publicado en “Voces”

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 14

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.