Grecia: la tragedia de ayer y de hoy

Grecia: la tragedia de ayer y de hoy

Alexis Tsipras anunció el 20 de agosto su renuncia al cargo de primer ministro y propuso elecciones para el 20 de setiembre. A la prensa subrayó: “Me siento obligado a someterme al balance (de la gestión de 7 meses) y a su juicio”. En otro momento admitió que “Nosotros no conseguimos obtener (de la Eurozona) el acuerdo que esperábamos, pero fue el mejor acuerdo”, y agregó que “En momentos difíciles, deberemos atenernos y conquistar lo que más importa: nuestro país y nuestra democracia”. Se colige de lo anterior que Tsipras aspira ser garante de ambas cosas.

El triunfo electoral de Syriza del 25 de enero pasado, resultó un signo alentador para fuerzas de izquierda. Generó corrientes de solidaridad y apoyos declarados hacia la coalición que ocupó el gobierno de una nación enclavada en un contexto regional donde predomina el gran capital europeo. De su lado, los personeros de esos regímenes -principalmente Alemania y Francia- emprendieron acciones que acorralaron a Syriza, maniatándolo política y económicamente, consiguiendo contener las ondas expansivas de apoyo. Se lo propusieron, lo ejecutaron y en ese camino lograron que se desconociera el resultado del referéndum del 5 de julio.

En resumidas cuentas: dos expresiones populares soberanas de democracia e independencia se hicieron a un lado para dar paso a la humillación internacional, en la búsqueda por destituir un gobierno surgido de la voluntad ciudadana.

A Grecia le impusieron restricciones de política monetaria, fiscal, diplomática, laboral y hasta militar, al tiempo que los servicios que prestaban entidades estatales fueron puestos a la venta -a empresas nacionales o extranjeras-, anulando el reducido número de leyes sociales votadas por la coalición gobernante, al punto que ahora toda norma deberá someterse a consulta previa con la troika.

Surge la pregunta acerca de si todo el daño proviene de la pretensión homogeneizante de Unión Europea (UE) -en especial de la Eurozona-; del sobresalto adicional que genera Grecia al ser parte de ambas entidades y miembro activo de la OTAN, aunque como en la guerra fría insista que su mayor peligro proviene del Este: Turquía. El país es ejemplo de la intolerancia de la UE a que surjan y sean gobierno agrupamientos políticos opuestos al capitalismo y sus poderes financieros, por más que éstos, con tal de ser aceptados, prometan moderar la injerencia estatal y sólo efectuar cambios graduales.

La decisión de renuncia sobrevino después que el Mecanismo Europeo de Estabilidad dio su pláceme para el desembolso de 23 mil millones de euros a Atenas, que permitieron al gobierno pagar la deuda de 3 mil 400 millones de esa moneda… al Banco Central Europeo (BCE).

En su renuncia, Tsipras recordó la renegociación de la deuda griega de 321 mil millones de euros, sobre la que al ganar las elecciones de enero afirmó que le diría a la troika que las instituciones que la integran deberían dejar de operar en el pasado y prepararse para una etapa de refinanciación con nuevos y más largos plazos de pago, además de recortarla.

Así, y pese al NO de julio, Grecia concertó acuerdos aceptando concesiones mayúsculas. Se le impusieron rebajas salariales y de pensiones, acabar con las prejubilaciones, reducir el número de funcionarios; se le exigió privatizar servicios básicos en salud, educación, agua y electricidad, anulando cualquier semejanza a un estado con mínimos de bienestar. En todo caso, los ciudadanos dejaron de ser considerados con derechos de clientes y pasaron a la categoría de consumidores, a quienes se obliga al pago o, en caso contrario, quedan marginados de los servicios.

Las mencionadas son acciones impuestas en diversas geografías, con casos patéticos, como la discriminación por países del precio de los medicamentos: importa más el beneficio que la salud. Basta ver el Acuerdo de la OMC sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) y lo que supone en la práctica, motivo por el cual India tuvo que recular en la producción de fármacos genéricos y restringir su venta.

Con algunos tratados y acuerdos suscritos por los países, se retrocedió a niveles de protección del siglo XIX, y hay quienes reflexionan, válidamente -en casos extremos-, si no se habrá vuelto a la Edad Media, con siervos de nuevos señores feudales, cuyos títulos ahora son “multinacionales”, “transnacionales” u otro sustantivo eufemístico que se inventen.

Al tiempo que se exalta la libre circulación de capitales y servicios en Europa -impulsados por la Directiva Bolkestein- y se anulan derechos humanos y de los trabajadores, el subcontinente pretende blindarse contra la migración descontrolada (que la invade de sirios, iraquíes, libios, subsaharianos) igual a como lo hace en el norte anglosajón de América el tío Sam con los latinos. Pero, ¿quién provocó esa situación incontrolada? ¿Qué políticas hacen que decenas de miles deban trasterrarse para poder comer? Ignoran que toda solución que apliquen recaerá sobre seres humanos, que forman parte de la economía al ser los destinatarios de la misma, aunque desde hace tiempo se esquiva mencionar el vocablo “personas”: son “capital humano” y por como lo tratan, capital de baja calidad.

En un pasaje que compartimos de consideraciones de Slavoj Žižek indica que el SÍ a Bruselas y la troika “representó una conmoción verdaderamente devastadora, una dolorosa y frustrante catástrofe”.

Ante lo ocurrido, es imposible eludir la evocación de una tríada de nombres: el del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble; el italiano Mario Draghi -presidente del BCE y antiguo miembro de Goldman Sachs en Europa- y el de Thomas Wieser – presidente del Grupo de Trabajo del Euro-, que declaró “Si se ve la situación de Syriza, (las elecciones) eran un paso que se podía esperar, y para algunos, incluso, uno deseable para tener una configuración más clara del Gobierno griego”. El alemán, por su parte, se había propuesto desde un principio buscar la rendición de Grecia, incluyendo considerar su salida de la zona euro. Recuerda, en el mejor de los casos, la actuación de Peter Sellers en uno de sus tres papeles en Dr. Insólito, el del Dr. Strangelove; en los peores, su figura aparece tras la Blitzkrieg ejecutada por la Werhmacht económica que desató su potencia contra los griegos. A este terceto, igual que a los jefes de gobierno de la UE, Atenas les comunicó la decisión de Tsipras de dimitir a fin de que no se sobresaltaran cuando -después- los griegos fueran enterados.

En la periferia latinoamericana, entretanto, esperamos los ataques de los U-boat, hoy llamados TLC, Alianza del Pacífico, Tisa -que también amenazan las costas atlánticas occidentales del BRICS- con igual poder destructivo al que obligó a Tsipras, sucesivamente, a cesar al ministro de Finanzas, Yanis Varufakis; desconocer el NO del referéndum y finalmente -rota la unidad en Syriza- a renunciar.

Un nuevo partido, Unidad Popular, se presentará a los comicios cuando ocurran: lo constituyen 25 de los 41 diputados que el 12 de julio pasado no votaron en Syriza la aceptación de propuestas de la troika.

El día previo a anunciar la renuncia, se concesionaron por 40 años a una empresa alemana las operaciones de 14 aeropuertos. Se alienta la esperanza que para 2055 quien vaya de la plaza Syntagma al vecino barrio de los dioses, Plaka, ypase por calles donde aún se venden souvenirs alemanes de una guerra del siglo XX, observe desde allí una Acrópolis no concesionada, orgullosa de sus construcciones en un país democrático y soberano.

El autor agradece las contribuciones de los doctores Gerónimo de Sierra y Jordi i Banyo.

Por Ruben Montedónico

Acerca del autor

Ruben Montedonico
Ruben Montedonico 8

En Montevideo trabajó en CX 8 - Radio Sarandí (1972-76). En el exilio escribió en El Día, México; El nuevo Diario de Nicaragua y Agencia Nueva Nicaragua (1983-90) , y en Novedades, La Jornada y Aldea Global de México (1998-2014). Actualmente lo hace en Uruguay para el semanario Voces.