Pobreza infantil: un problema estructural sin resolver

Pobreza infantil: un problema estructural sin resolver

En el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) se estima la evolución de la pobreza entre 2006 y 2008, allí se muestra una mejora muy importante: se redujo el número de pobres un 20 por ciento (180 mil personas) y el número de indigentes un 25 por ciento (20 mil personas). Este es un logro del gobierno que debe ser profundizado.

Las personas en situación de pobreza no tienen acceso a libertades fundamentales, entre otras, tienen enormes dificultades para sobrevivir en condiciones, muchas veces, infrahumanas. Carecen de vivienda, alimentos y servicios fundamentales como seguridad, salud, educación y transporte mínimamente adecuados. Las discriminan socialmente, incluso en organismos públicos, por vivir en zonas de asentamiento, tener aspecto y vestimenta de “pobre”, color de piel demasiado obscura e incluso, por razones religiosas. Son, por tanto, sumamente vulnerables a las enfermedades, la reducción o pérdida de sus magros ingresos y las inclemencias de la naturaleza.

Los avances logrados en la reducción de la pobreza infantil son también importantes, pero insuficientes, en particular en Montevideo, como lo señala el informe: “la incidencia de la pobreza es más marcada en la capital donde el 45,4 por ciento de los menores de 6 y el 43,7 por ciento de los menores entre 6 y 12 años están por debajo de la línea de pobreza”. En los niños esta experiencia de sufrir numerosas y permanentes privaciones es intensa y dolorosa, con gravísimas consecuencias físicas e intelectuales para el desarrollo de su vida adulta ya que la mayoría de las capacidades humanas quedan -de alguna manera- determinadas durante los primeros años de vida.

Uno. En el informe recién presentado se muestra una mejora muy importante: la pobreza por persona baja de 27.5 a 20,5 por ciento. Si se analiza un período más extenso se observa que en 2004, luego de la crisis, el indicador subió a 31,9 por ciento. El gobierno del FA logró reducir la pobreza un 36 por ciento, llegando a los niveles promedio del período 1988-2002.

Estas mejoras en las condiciones de vida de los sectores más pobres se explica, en gran medida, por el crecimiento del nivel de actividad, la reducción del desempleo, el aumento de salarios y pasividades, así como por un conjunto de políticas sociales de diverso alcance implementadas, entre otros, por el Ministerio de Desarrollo Social.

El problema adquiere otra dimensión cuando se realiza un análisis desagregado por edad. Hay una relación inversa entre edad y pobreza. Solamente el 6,2 por ciento de los mayores de 65 años son pobres, en la otra punta, el 39,4 por ciento de los menores de 6s años está en esa condición. De las personas que están entre 18 y 64 años son pobres solo el 16,7 por ciento; en cambio los niños entre 6 y 12 años más que lo duplican: alcanzan el 37,3 por ciento. La pobreza tiene cara de niño.

En el gobierno actual se redujo la pobreza de los menores de seis años un 30 por ciento, pero se redujo mucho más lentamente que entre los adultos: cayó 41 por ciento en las personas entre 18 y 64 años y 42 por ciento en los mayores de 65 años.

La pobreza entre los niños es más persistente a pesar de la existencia de políticas focalizadas como, entre otras, las contrapartes exigidas en el Plan Nacional de Emergencia Social, el aumento de la asignación familiar y la implantación del FONASA. No obstante estos esfuerzos hay una relación estructural preocupante: el porcentaje de niños pobres es seis veces mayor que el porcentaje de mayores de 65 años, si realizamos la misma comparación con los adultos entre 18 y 64 años, la relación es de dos veces y media a uno.

La pobreza infantil es más marcada en Montevideo, el año pasado el 45,4 por ciento de los menores de 6 años estaba bajo la línea de pobreza. En 2004 este valor eran 55,9, por lo cual la pobreza se redujo sólo un 19 por ciento para a los menores de 6 años en la capital del país. Las cifras para los niños de 6 a 12 años son similares (43,7 por ciento) y algo mejores para los de 13 a 17 años (38,3 por ciento).

DOS.. La infantilización de la pobreza es consecuencia de un modelo económico concentrador y excluyente. En los niños confluyen los principales problemas de una sociedad capitalista, son el reflejo de sus limitaciones. Empezando por el trabajo: la cantidad y calidad del trabajo familiar determina la alimentación, la vivienda, la salud, la atención que se les puede brindar a los niños. Y, naturalmente, repercute en la escuela, la “segunda casa”. Y en el tiempo libre, el deporte, la recreación y la lectura.
La incidencia de la pobreza en los niños es explicada, muchas veces, por las pautas reproductivas de los sectores de menores ingresos y menor educación: su tasa de natalidad es por regla general más alta que la media de los demás segmentos etáreos. Eso es cierto, pero la explicación principal debe buscarse en la dinámica capitalista, sobre todo en un país periférico, que no ofrece trabajo suficiente con un salario digno, ni satisface las necesidades sociales básicas. Concentración del ingreso en una punta y aumento de la exclusión en la otra es el resultado más notorio de décadas de libre mercado y economía abierta.

La enorme crisis estructural que esta viviendo el mundo es una prueba de la ineficacia e ineficiencia del mercado capitalista como mecanismo para la coordinación del proceso económico y la asignación de factores productivos.

No alcanza con profundizar los cambios a través de políticas sociales para superar la fractura social, la exclusión de cientos de miles de compatriotas y romper el círculo vicioso de la pobreza infantil. Eso es necesario, pero no es suficiente. Es imprescindible redefinir el modelo económico y sus políticas de acuerdo al programa aprobado en el último Congreso del Frente Amplio.

Más de lo mismo, en igual contexto, genera los mismos resultados. Más de lo mismo, en un contexto mucho más adverso como la actual crisis mundial, provocará resultados indeseables. Sí queremos un país justo y solidario, donde todos los niños tengan el lugar de privilegio que se merecen, es necesario e imprescindible un cambio de rumbo económico. Si no se toman medidas de fondo, se mantendrán las causas estructurales. Para tomar ese tipo de medidas de fondo se creó el Frente Amplio en el 71.

Las múltiples dimensiones de la pobreza infantil deben ser atacadas y superadas, ese es el principal desafío para un nuevo gobierno del Frente Amplio. La infancia es el terreno más fértil para sembrar inteligencia, trabajo, creatividad, justicia y democracia. Si se quieren reducir la pobreza infantil en forma estructural no se deben escatimar esfuerzos ni sacrificios.

Se deben destinar más recursos presupuestales para pagar la deuda social con los excluidos, priorizando a los niños (lo que implicará reducir el pago de los intereses de la deuda externa) y que el Estado asuma un papel económica y socialmente mucho más activo- en la producción y en la regulación – para garantizar el acceso a servicios esenciales y sociales básicos (el mercado solo atiende a los que tienen capacidad de pago). Ese debe ser un aspecto central del plan de gobierno del FA que se esta elaborando.

Nota:
Publicado en el semanario “Brecha”, el 31 de julio de 2009.

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 14

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.