Pobreza
infantil: un problema estructural sin resolver.
Antonio
Elías (*)
En
el último informe del Instituto Nacional de Estadística
(INE) se estima la evolución de la pobreza entre 2006 y 2008,
allí se muestra una mejora muy importante: se redujo el número
de pobres un 20 por ciento (180 mil personas) y el número de
indigentes un 25 por ciento (20 mil personas). Este es un logro del
gobierno que debe ser profundizado.
Las
personas en situación de pobreza no tienen acceso a libertades
fundamentales, entre otras, tienen enormes dificultades para
sobrevivir en condiciones, muchas veces, infrahumanas. Carecen de
vivienda, alimentos y servicios fundamentales como seguridad, salud,
educación y transporte mínimamente adecuados. Las
discriminan socialmente, incluso en organismos públicos, por
vivir en zonas de asentamiento, tener aspecto y vestimenta de
“pobre”, color de piel demasiado obscura e incluso, por
razones religiosas. Son, por tanto, sumamente vulnerables a las
enfermedades, la reducción o pérdida de sus magros
ingresos y las inclemencias de la naturaleza.
Los
avances logrados en la reducción de la pobreza infantil son
también importantes, pero insuficientes, en particular en
Montevideo, como lo señala el informe: “la
incidencia de la pobreza es más marcada en la capital donde el
45,4 por ciento de los menores de 6 y el 43,7 por ciento de los
menores entre 6 y 12 años están por debajo de la línea
de pobreza”.
En los niños esta experiencia de sufrir numerosas y
permanentes privaciones es intensa y dolorosa, con gravísimas
consecuencias físicas e intelectuales para el desarrollo de su
vida adulta ya que la mayoría de las capacidades humanas
quedan -de alguna manera- determinadas durante los primeros años
de vida.
Uno.
En el informe recién presentado se muestra una mejora muy
importante: la pobreza por persona baja de 27.5 a 20,5 por ciento. Si
se analiza un período más extenso se observa que en
2004, luego de la crisis, el indicador subió a 31,9 por
ciento. El gobierno del FA logró reducir la pobreza un 36 por
ciento, llegando a los niveles promedio del período 1988-2002.
Estas
mejoras en las condiciones de vida de los sectores más pobres
se explica, en gran medida, por el crecimiento del nivel de
actividad, la reducción del desempleo, el aumento de salarios
y pasividades, así como por un conjunto de políticas
sociales de diverso alcance implementadas, entre otros, por el
Ministerio de Desarrollo Social.
El
problema adquiere otra dimensión cuando se realiza un análisis
desagregado por edad. Hay una relación inversa entre edad y
pobreza. Solamente el 6,2 por ciento de los mayores de 65 años
son pobres, en la otra punta, el 39,4 por ciento de los menores de 6s
años está en esa condición. De las personas que
están entre 18 y 64 años son pobres solo el 16,7 por
ciento; en cambio los niños entre 6 y 12 años más
que lo duplican: alcanzan el 37,3 por ciento. La pobreza tiene cara
de niño.
En
el gobierno actual se redujo la pobreza de los menores de seis años
un 30 por ciento, pero se redujo mucho más lentamente que
entre los adultos: cayó 41 por ciento en las personas entre 18
y 64 años y 42 por ciento en los mayores de 65 años.
La
pobreza entre los niños es más persistente a pesar de
la existencia de políticas focalizadas como, entre otras, las
contrapartes exigidas en el Plan Nacional de Emergencia Social, el
aumento de la asignación familiar y la implantación del
FONASA. No obstante estos esfuerzos hay una relación
estructural preocupante: el porcentaje de niños pobres es
seis veces mayor que el porcentaje de mayores de 65 años, si
realizamos la misma comparación con los adultos entre 18 y 64
años, la relación es de dos veces y media a uno.
La
pobreza infantil es más marcada en Montevideo, el año
pasado el 45,4 por ciento de los menores de 6 años estaba bajo
la línea de pobreza. En 2004 este valor eran 55,9, por lo cual
la pobreza se redujo sólo un 19 por ciento para a los menores
de 6 años en la capital del país. Las cifras para los
niños de 6 a 12 años son similares (43,7 por ciento) y
algo mejores para los de 13 a 17 años (38,3 por ciento).
DOS..
La
infantilización de la pobreza es consecuencia de un modelo
económico concentrador y excluyente. En los niños
confluyen los principales problemas de una sociedad capitalista, son
el reflejo de sus limitaciones. Empezando por el trabajo: la cantidad
y calidad del trabajo familiar determina la alimentación, la
vivienda, la salud, la atención que se les puede brindar a los
niños. Y, naturalmente, repercute en la escuela, la “segunda
casa”. Y en el tiempo libre, el deporte, la recreación y
la lectura.
La
incidencia de la pobreza en los niños es explicada, muchas
veces, por las pautas reproductivas de los sectores de menores
ingresos y menor educación: su tasa de natalidad es por regla
general más alta que la media de los demás segmentos
etáreos. Eso es cierto, pero la explicación principal
debe buscarse en la dinámica capitalista, sobre todo en un
país periférico, que no ofrece trabajo suficiente con
un salario digno, ni satisface las necesidades sociales básicas.
Concentración del ingreso en una punta y aumento de la
exclusión en la otra es el resultado más notorio de
décadas de libre mercado y economía abierta.
La
enorme crisis estructural que esta viviendo el mundo es una prueba de
la ineficacia e ineficiencia del mercado capitalista como mecanismo
para la coordinación del proceso económico y la
asignación de factores productivos.
No
alcanza con profundizar los cambios a
través de políticas sociales para superar la fractura
social, la exclusión de cientos de miles de compatriotas y
romper el círculo vicioso de la pobreza infantil. Eso es
necesario, pero no es suficiente. Es imprescindible redefinir el
modelo económico y sus políticas de acuerdo al programa
aprobado en el último Congreso del Frente Amplio.
Más
de lo mismo, en igual contexto, genera los mismos resultados. Más
de lo mismo, en un contexto mucho más adverso
como la actual crisis mundial, provocará resultados
indeseables. Sí queremos un país justo y solidario,
donde todos los niños tengan el lugar de privilegio que se
merecen, es necesario e imprescindible un cambio de rumbo económico.
Si no se toman medidas de fondo, se mantendrán las causas
estructurales. Para tomar ese tipo de medidas de fondo se creó
el Frente Amplio en el 71.
Las
múltiples dimensiones de la pobreza infantil deben ser
atacadas y superadas, ese es el principal desafío para un
nuevo gobierno del Frente Amplio. La infancia es el terreno más
fértil para sembrar inteligencia, trabajo, creatividad,
justicia y democracia. Si
se quieren reducir la pobreza infantil en forma estructural no se
deben escatimar esfuerzos ni sacrificios.
Se
deben
destinar
más recursos presupuestales para pagar la deuda social con
los excluidos, priorizando a los niños (lo que implicará
reducir el pago de los intereses de la deuda externa) y que el
Estado asuma un papel económica y socialmente mucho más
activo- en la producción y en la regulación - para
garantizar el acceso a servicios esenciales y sociales básicos
(el mercado solo atiende a los que tienen capacidad de pago). Ese
debe ser un aspecto central del plan de gobierno del FA que se esta
elaborando.
(*)
Dirigente de la Izquierda Democrática 1815 y miembro de la Red
de Economistas de Izquierda (REDIU).
Nota:
Publicado en el semanario “Brecha”, el 31 de julio de
2009.