Por un segundo Congreso del Pueblo

Por un segundo Congreso del Pueblo

ANTONIO ELIAS (*)

El modelo económico que se está implementando en nuestro país, al igual que el aplicado en la década de los noventa, genera crecimiento sin distribución del ingreso. La deuda social se está pagando tarde y mal. La justicia social no viene de la mano de la ortodoxia económica. El número de pobres e indigentes se reduce, pero poco. La distribución del ingreso empeora. Los intereses de la deuda externa, más de ochocientos cincuenta millones de dólares, se "honran" sistemáticamente. Se amortiza la deuda externa pidiendo nuevos préstamos, la "calesita" gira y gira…

Uno. En días tan especiales para los cristianos, como lo es la semana santa, es necesario retomar el pensamiento de un sacerdote ejemplar, "Perico" Pérez Aguirre, en tres aspectos. Por un lado, su identificación con la multitud pobre de nuestros países del sur: "aquel que uno no ve, el sin rostro, la no persona… el rostro velado de los excluidos, de los marginados de los mendigos, de las prostitutas, de los niños de la calle, de los postrados en la droga…". Por otro lado, su cuestionamiento al sistema económico actual. "Si algo hemos aprendido es que la economía de mercado es una economía eficaz, pero que produce inevitablemente desigualdades monstruosas y necesita de cada vez más policía". Por último, el humanismo de su propuesta "Nuestra concepción de la vida, de la historia, de la sociedad se basa en la fraternidad, en una cultura de la solidaridad que pone en el centro a la persona y su dignidad, que privilegia siempre al más pequeño, al más débil y al más pobre. Para avanzar en un una sociedad más justa y solidaria será necesario crecer en una nueva forma de entender la vida humana en cuanto a la organización de la convivencia, en cuanto a los valores, en cuanto a la relación con la naturaleza y en cuanto al ‘estilo de vida’. No podemos resignarnos al desencanto". (1)

Nadie debería resignarse a sufrir hambre, privaciones y humillaciones de todo tipo en una sociedad caracterizada por la injusticia. Sin embargo, en nuestro país, luego de tres años de crecimiento del producto, el número de pobres se redujo solamente del 41 al 35 por ciento -son pobres un millón doscientas mil personas- y el de indigentes de 6 a 4,3 por ciento -son cerca de ciento cincuenta mil uruguayos-. Reducción que, además, se explica en gran medida por la distribución de recursos que se realiza a través del Plan Nacional de Emergencia Social, el cual tiene un papel asistencial que tiende a mitigar la miseria pero que no resuelve los problemas estructurales que generan la pobreza y la indigencia.

Por su parte, la distribución del ingreso ni siquiera ha mejorado, por el contrario, empeoró. Un informe oficial señala que "la concentración del ingreso per cápita con valor locativo aumenta en todo el país urbano".(2) La décima parte de la población que tiene los mayores ingresos aumento su participación del 33 por ciento del total de ingresos al 33,7 por ciento, entre el primer semestre de 2005 y 2006. Como contrapartida la mitad más pobre de la población, un millón setecientas mil personas, redujo su cuota parte en los ingresos, en igual período, de 20,7 a 20 por ciento.

Dos. Es imprescindible combatir la resignación y superar el desencanto que provoca ver a dirigentes frenteamplistas aplicando un modelo económico ortodoxo que pone en riesgo un proyecto histórico y una estrategia de acumulación de fuerzas del movimiento popular que se inició en la década de los sesenta. Entre sus antecedentes fundacionales destacan el Congreso del Pueblo (1965), la concreción de la unidad del movimiento sindical en la Convención Nacional de Trabajadores (1966) y de las organizaciones políticas de izquierda y centro izquierda en el Frente Amplio (1971). Reconocer que la alianza política que hoy está en el gobierno y el movimiento sindical son parte de un mismo proceso de acumulación de fuerzas no implica que sean la misma cosa ni que defiendan los mismos intereses.

El programa de liberación nacional, antiimperialista y antioligárquico aprobado en el Congreso del Pueblo incluía entre sus principales medidas la reforma agraria e industrial, la nacionalización del comercio exterior y de los monopolios y la reforma tributaria, crediticia y bancaria y el rechazo al FMI. Dicho programa fue adoptado como propio por la CNT en el momento de su fundación. Muchas cosas han cambiado en estos años, pero deberá aceptarse que los niveles de dependencia y vulnerabilidad de nuestra economía se han acrecentado con la apertura indiscriminada impulsada por la dictadura cívico-militar y los sucesivos gobiernos de los partidos tradicionales, a tono con los deseos del imperialismo estadounidense para seguir apropiándose del mundo.

Por tanto, si se asume la validez de lo anteriormente señalado, el actual gobierno progresista podría haber adoptado la concepción emancipadora de dicho programa ­adecuándolo en sus instrumentos a la actual situación de la economía nacional y mundial-, y no lo que hizo, al asumir como propio el programa del FMI al margen de los estragos y la devastación que ha generado en nuestro continente.

No se está proponiendo ahora que se ponga en práctica el programa del Congreso del Pueblo de 1965, pero sí que se asuma que el mismo es un antecedente legítimo y con fundamentos para la elaboración de un proyecto económico alternativo, el cual debería construirse en forma participativa y democrática. Y que mejor forma de hacerlo que a través de un Segundo Congreso del Pueblo -el que ya fue convocado por el PIT-CNT en su IX Congreso de 2006 – en el que los trabajadores, los estudiantes, los cooperativistas, los pequeños productores del campo y la ciudad, los intelectuales, las organizaciones barriales y tantas otras formas de organización social participen en la elaboración de un proyecto alternativo.

Tres. La calidad y validez de una propuesta programática esta íntimamente ligada a la forma participativa y democrática con que esta se construye. La capacidad propositiva del movimiento popular se acrecienta y desarrolla a través de un proceso de organización y lucha. No basta con la convocatoria, es necesario avanzar en la definición de los objetivos y en la elaboración de un plan de trabajo. Téngase en cuenta que el temario y las actividades preparatorias del 1er. Congreso del Pueblo que se realizó en agosto de 1965 fueron aprobadas en enero del mismo año e incluían, entre otros aspectos, asamblea de fábricas, movilizaciones en los barrios y en la campaña, creación de mesas barriales, comités zonales y plenarios departamentales.

En la situación actual -signada por una disputa, dentro y fuera del gobierno, entre quienes defienden el espíritu emancipador del programa histórico de los trabajadores y el pueblo y aquellos que han adoptado como propio el programa del Fondo Monetario- se requiere de enormes esfuerzos y de gran capacidad política y organizativa para construir una convergencia programática que sirva de fundamento a una amplia alianza política y social liberadora.

La puesta en marcha del proceso de movilización y debates que significa un Segundo Congreso del Pueblo es un camino para superar los bajos niveles de militancia actuales y un paso fundamental para hacer crecer al bloque de los cambios en tamaño, movilización, organización, definiciones programáticas y capacidad política.

Solamente la independencia de los movimientos sociales respecto al poder del Estado, la articulación solidaria de las organizaciones populares y la radicalización de la democracia permitirán avanzar en los postulados emancipatorios planteados por Luis Pérez Aguirre. *

(*) Docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)

(1) Pérez Aguirre, Luis, "Desnudo de Seguridades. Reflexiones para una acción transformadora", Ediciones Trilce, 2001.

(2) Instituto Nacional de Estadística, "Pobreza y desigualdad en Uruguay 2006", p. 10.

 

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.