Reafirmación y compromiso programático

Ideas para el artículo del 10 de febrero 2008

Por Antonio Elías / Docente universitario, sindicalista y miembro de la Red de Economistas de Izquierda (REDIU)

 

El 5 de febrero de 1971,  el Frente Amplio nació como una organización política para transformar el Uruguay, y no sólo para ganar elecciones. El general Líber Seregni decía en 1972: “La razón de ser, el porqué y el para qué de nuestro Frente Amplio, está en realizar una tarea histórica fundamental… transformar las viejas estructuras económicas, políticas y sociales hoy caducas y crear las nuevas que corresponden a la instancia que nuestro pueblo debe vivir. Y es sí, un verdadero, un auténtico proceso revolucionario… la sustitución de las clases en el poder. Desplazar del poder a la oligarquía y llevar el pueblo a gobernar”. (1)

 

Uno. La unidad política se plasmó en medio de intensas luchas populares contra los efectos de una reestructuración capitalista que suponía mayor explotación y el desmantelamiento del Estado de bienestar. El FA era expresión de un proyecto histórico y una estrategia de acumulación de fuerzas del movimiento popular que se forjó desde la década de los cincuenta, en la que destacan la unidad obrero-estudiantil en torno a la Reforma Universitaria (1958), el Congreso del Pueblo (1965) y la unidad del movimiento sindical en la CNT (1966).

La identidad frenteamplista es hija de la vida y de la lucha, por lo que no es una sumatoria de partidos, y le confiere una doble naturaleza al FA, como coalición de fuerzas políticas  y como movimiento organizado en Comités de Base -integrados por militantes independientes y miembros de las fuerzas políticas- que forman parte de la dirección orgánica del FA, que deciden e inciden sobre sus decisiones y rumbos.

Sin embargo, lo que lo ha hecho perdurar no es sólo, ni principalmente, una “ingeniería” de organización política, sino su legitimidad de masas, la centralidad de una ética común que pone en primer lugar “la pública felicidad” y no los negocios entre privados.

El programa fundacional del FA se basa, con pequeñas variantes, en el aprobado en el Congreso del Pueblo, que incluía entre sus principales medidas la ruptura con el FMI, la reforma agraria y la nacionalización del comercio exterior y la banca. Es un programa esencialmente antiimperialista y antioligárquico. 

En noviembre de 1971 el FA participó en las elecciones nacionales y luego,  bajo dictadura, tuvo a sus principales dirigentes en la cárcel, asesinados, en el exilio o la clandestinidad, y sus partidos más grandes ilegalizados. Todavía con decenas de miles de sus militantes presos, en el exilio o proscritos, participó en la elección restringida de noviembre de 1984, demostrando una poderosa fortaleza ético-política que le permitió resistir, luchar y avanzar a pesar de la feroz represión. En las elecciones de noviembre de 1989, el FA conquistó Montevideo.

La caída del bloque socialista, la ofensiva ideológica neoliberal y el acceso al gobierno de Montevideo incidieron para que el objetivo electoral comenzará a ocupar una importancia cada vez mayor en las definiciones políticas del FA. Aumenta simultáneamente el predominio de su condición de coalición sobre la de  movimiento. La política de alianzas induce a la centralización de las decisiones en la negociación entre partidos, dentro y fuera del FA; y a una menor intervención de las bases en las definiciones programáticas y en la práctica política, que fue morigerándose para acercar a sectores políticos moderados.

 

Dos. Tabaré Vázquez gana las elecciones en primera vuelta (31-10-04) y  logra la mayoría absoluta en el Poder Legislativo. Accede al gobierno una fuerza política policlasista que incluye en su base social a sectores importantes de trabajadores -fundamentalmente los que han estado organizados- y a capas medias y grupos  menores de la burguesía nacional que se han afiliado a una propuesta gradualista de humanización del capitalismo. Es una alianza de intereses socioeconómicos contrapuestos, políticamente heterogénea, y que expresa un corrimiento ideológico y programático hacia el centro.   

El PIT-CNT caracterizó adecuadamente la etapa: “Estamos ante la emergencia de un nuevo escenario político y social que pasa por la generación de mejores condiciones para la disputa con la hegemonía de las clases dominantes.” (2)

Las discrepancias y las diferencias político-ideológicas y programáticas que se escondieron en el período electoral, se expresaron posteriormente en  una disputa por el programa y la agenda del gobierno, la que se refleja con absoluta claridad en la pugna por definir la inserción internacional que expresa la contradicción nación-imperio.

 

Tres. Este año se debe definir, de acuerdo con el estatuto,  el programa de gobierno y los candidatos comunes que se presentarán a las elecciones nacionales. La instancia, para algunos, se limita a buscar acuerdos cupulares para designar a los candidatos que tendrían mayor respaldo electoral según las encuestas de opinión pública.

Por este camino, el programa será sólo un adorno para un candidato destinado a ocupar el centro del espectro político. ¡Que lejos de la concepción revolucionaria que inspiró a los fundadores del Frente Amplio!  ¡Qué cerca del oportunismo electoralista de los partidos de derecha!

Es larga y cambiante la lista de nombres  que se proponen para la primera magistratura. Operadores políticos de todo tipo trabajan buscando ser los “grandes electores”, mientras los dirigentes responsables de no llevar adelante un programa de verdaderas transformaciones y de poner en riesgo la continuidad del FA buscan repartirse candidaturas y “puestos claves”. 

La rica historia del FA no se merece este “cambalache” irresponsable, que busca esconder nuevamente las profundas diferencias programáticas que existen entre los que pretenden el respaldo de Estados Unidos, la neocolonización del país y los impuestos sobre el trabajo, con aquellos que luchan por la unidad latinoamericana, el control de los recursos naturales y los sectores productivos estratégicos y la imposición al capital.

Esas diferencias se expresarán, sin duda, en la discusión del programa de gobierno. La historia y los principios del FA nos exigen realizar un Congreso ejemplar que adopte sus resoluciones luego de un proceso de discusión profunda y fundamentada que implique la más amplia participación de las bases  todos los ámbitos orgánicos del FA. Recién entonces será la hora de definir los candidatos de entre aquellos  que se identifiquen con el programa aprobado y se comprometan a cumplirlo.

La formula presidencial para las elecciones nacionales podrá decidirse en el Congreso o se habilitará, como ya ha sucedido, la existencia de varios candidatos. Esta última opción parece la más plausible considerando  las notorias diferencias y la ausencia de  sólidas mayorías: que los frenteamplistas elijan en forma directa su candidato a la Presidencia de la República.

                       

(1) Discurso pronunciado el 18 -07-1972.

(2) Mesa Representativa Nacional Ampliada, 27-12-2007.

 

 

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.