Un hombre responsable

Un hombre responsable

ANTONIO ELIAS (*)

El lunes pasado el presidente Tabaré Vázquez, ante la sociedad uruguaya y en un solo acto público, vinculó dos temas absolutamente distintos: por un lado, su cambio de posición respecto a las características que deberían tener los festejos del 19 de junio, fecha del natalicio del general José Artigas; por otro, reiteró enfáticamente que no aceptará ser candidato presidencial en el marco de un proceso reeleccionista inmediato. En ambos casos primó, sin lugar a dudas, el sentido común y la responsabilidad.

Uno. Mucho se habla sobre las razones presidenciales para plantear dos temas tan disímiles, desde aquellos que entienden que la no aceptación de la candidatura es consecuencia de la falta de apoyo que tuvo su proyecto y metodología para avanzar en la reconciliación nacional, hasta quienes dicen que el tema electoral fue planteado con el fin de distraer la atención sobre el reconocimiento del error político de la convocatoria a un "Día del nunca más" que igualaba en los hechos a víctimas y victimarios, que revivía la teoría de "los dos demonios". Nada podemos decir sobre las intenciones del primer mandatario ­es tarea para los que se crean capacitados para hacerlo­, pero compartimos el rumbo, la tendencia que deriva de las resoluciones políticas adoptadas.

El cambio operado en una temática tan sensible como los derechos humanos es más que significativo y está demostrado por la incorporación en su discurso del "nunca más terrorismo de Estado". El cambio en las características del acto público ­de un desfile militar a la colocación de una ofrenda floral con una pequeña guardia de Blandengues­, también es un avance en la desmitificación de una fecha que, en los hechos, aparecía
contraponiéndose al histórico 20 de mayo, cuando el pueblo uruguayo marcha en silencio reclamando siempre lo mismo, hasta que se logre… ¡Verdad y justicia!

El Presidente, sin convocar, convocó: "Espontáneamente, quien quiera acompañarnos, acompañe"; las fuerzas mayoritarias del Frente Amplio estarán junto al doctor Tabaré Vázquez, en tanto otras marcarán diferentes niveles de discrepancia. En el ámbito social el grupo de Familiares de Detenidos Desaparecidos decidió no concurrir a la ceremonia y el PIT-CNT resolvió no convocar como organización al acto.

La invitación del Presidente está en cuestión. ¿Es necesaria una prueba de fuerza tan ambiguamente definida? ¿Qué escenario se genera si es acompañado por muchos y cuál será el escenario si no fuera acompañado por tantos? Cómo incidirá uno y otro escenario en el tema fundamental: la vigencia plena de la verdad y la justicia. ¿Qué implica, desde el punto de vista de los derechos humanos, acompañar al Presidente en la ofrenda floral? Ese es el problema…

Dos. La posición no reeleccionista del doctor Vázquez es consecuente con la posición
histórica de una izquierda uruguaya con fuertes raíces libertarias. Debe reconocerse que el Presidente en este tema demostró que tiene una clara noción de sus responsabilidades históricas al renunciar a una candidatura que tenía altas probabilidades de ser ganadora. Al renunciar a su posible postulación para mantenerse al frente del Poder Ejecutivo el Presidente ganó autoridad política y moral para guiar un gobierno particularmente estancado por sus diferencias internas y por la ausencia de ámbitos y dinámicas de participación efectiva para la sociedad civil. El concepto "gobierno en disputa" no es una simple licencia retórica.

Apenas conocida la resolución presidencial salieron a luz las posibles candidaturas. En primer lugar aparecieron los nombres de los ministros José Mujica y Danilo Astori; este último fue acompañado de un trascendido: existiría un compromiso del doctor Vázquez de apoyar la candidatura del actual ministro de Economía. Esta versión aún no ha sido desmentida.

Se manejaron otros nombres: algunos sensatamente marcaron su distancia del tema; otros se apresuraron a aceptar la candidatura en caso de que la fuerza política se lo propusiese. Incluso se plantearon eventuales alineamientos de grupos y alianzas entre potenciales candidatos.

La Constitución, modificada en 1996, habilita a todo ciudadano a ser candidato a la presidencia, siempre y cuando cumpla con la condición de ser elegido por su fuerza política en elecciones internas simultáneas. El tema central ­para quienes fueron educados en la tradición de los partidos de izquierda y en la cultura frenteamplista­ es el programa que se implementará si se accede al gobierno. Luego, se eligen los mejores hombres para llevarlo adelante. Los partidos tradicionales han hecho siempre lo contrario.

Habrá quien pueda argumentar que cada uno de los nombres propuestos tiene asociada una concepción programática clara…pero estará equivocado, al menos parcialmente.

Es indudable que el ministro Astori tiene un programa preciso y ordenado: él expresa una concepción del país y defiende un conjunto determinado de intereses. Sus apoyos se visualizan con claridad: Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, gobierno de Estados Unidos, cámaras empresariales, medios de comunicación cercanos a esos intereses y a los partidos tradicionales. Los cuales, cosa no menor, están en las antípodas de la historia, la cultura y el programa frenteamplistas.

El modelo de Astori es la continuidad ­en cierto sentido­ de gobiernos anteriores, pero va mucho más allá. Su apuesta por los inversores extranjeros, el tratado de libre comercio y el modelo chileno, son sólo algunas muestras de una concepción que apunta a profundizar la inserción capitalista subdesarrollada y dependiente de nuestro país. Quien apoye a Astori sabrá lo que elige: equilibrios macroeconómicos, pago de la deuda y crecimiento sin distribución equitativa. Es decir, más de lo mismo pero empeorado por la pérdida de la esperanza. El ministro José Mujica, en cambio, ha dicho múltiples cosas sobre diversos temas, no necesariamente consistentes entre sí: el discurso ambiguo es uno de sus fuertes. Pero en esencia ha validado y respaldado el modelo económico de Astori.

Su posición en temas clave como el TLC con Estados Unidos, estuvo lejos de lo que se podría esperar de alguien que representa a un movimiento de liberación nacional. En los hechos asume no tener un modelo económico alternativo al actual. Su largo conflicto con el equipo económico ha estado centrado en el endeudamiento agropecuario. Muchas cosas podrán decirse a su favor por su trayectoria vital y su compromiso en las décadas de plomo, pero un dirigente que no tenga un programa y un modelo alternativo quedará en manos de la ortodoxia económica, aliada natural del poder extranjero.

Tres. Habrían acordado los senadores del FA-EP-NM no adelantar la campaña electoral evitando desgastar al gobierno, lo cual parece sensato si se toma en cuenta que las grandes reformas propuestas, como las del Estado, la salud y la educación, aún están en ciernes. Si eso implica, además, ocultar diferencias, reales o potenciales, y mantener la discusión programática en el congelador, los únicos beneficiados van a ser aquellos que apuestan a mantener el statu quo.

La disputa por el programa y la agenda del actual gobierno contrapone básicamente, dentro de la fuerza política, al modelo continuista de Astori con las posiciones que sustentan aquellos que mantienen lazos de identificación con las bases programáticas del FA. En el ámbito social, el PIT-CNT ha marcado claramente su posición contraria al modelo económico vigente. La convocatoria al Segundo Congreso del Pueblo apunta a resolver esta contradicción a través de la organización del debate más amplio y profundo posible con todos los uruguayos.

Ante esta realidad es hora de recordar y reflexionar sobre conceptos expresados hace muchos años por el general Líber Seregni, que mantienen extraordinaria validez. El 18 de julio de 1972 el presidente histórico del Frente Amplio afirmaba: "La patria no se salva, por más espectadores preocupados por su suerte que existan, si reaccionan sólo como público, emotiva y superficialmente. (…) No hay movilización eficaz si no hay interacción: de las bases entre sí, y de las bases y los dirigentes entre sí. Salvar la patria no es tarea para iluminados o visionarios, es trabajo para todo un pueblo". *

(*) Docente universitario, sindicalista, miembro de la Red de Economistas de Izquierda (Rediu)

 

Acerca del autor

Antonio Elías REDIU
Antonio Elías REDIU 46

Es Director del Instituto de Estudios Sindicales Universindo Rodríguez (INESUR) y miembro de la REDIU.