Un debate actual:

La pobreza en el Uruguay

 

 

El informe sobre el “Desarrollo Mundial 2000-2001” del Banco Mundial referido a la lucha contra la pobreza contiene en su primera parte los conceptos generales que siguen y que tomamos como introducción.

Se ha hecho ya una concepción tradicional de la pobreza englobar en su definición no sólo la privación material (cuantificada mediante un indicador adecuado del ingreso y el consumo), sino también aquellas deficiencias que acompañan la privación material como por ejemplo: en salud y educación, así como fenómenos más intangibles, como la vulnerabilidad y la exposición al riesgo, y la falta de representación y la impotencia. Todas estas formas de privación limitan gravemente lo que Amartya Sen llama las “capacidades con que cuenta una persona, es decir, las libertades sustantivas que le permiten disfrutar de un tipo de vida valioso para él o para ella”.

 

De un modo descriptivo se puede examinar la pobreza a través de las dimensiones puestas de manifiesto por los propios pobres:

 

§         Falta de ingresos y activos para satisfacer las necesidades básicas: alimentos, vivienda, vestido y niveles aceptables de salud y educación.

§         Sensación de impotencia y falta de representación en las instituciones del Estado y de la sociedad.

§         Vulnerabilidad ante las crisis, debido a la incapacidad de hacerles frente.

 

Para comprender los determinantes de la pobreza en todas sus dimensiones, conviene tener en cuenta los activos a disposición de los pobres y su rendimiento e inestabilidad. Los activos son de varias clases:

 

§         Activos Humanos, como la capacidad de desempeñar una actividad laboral básica, los conocimientos especializados y la buena salud.

§         Activos naturales, como la tierra.

§         Activos físicos, como el acceso a la infraestructura.

§         Activos financieros, como el ahorro y el acceso al crédito.

§         Activos sociales, como las redes de enlace y las obligaciones recíprocas a las que se puede recurrir en momentos de necesidad, y a influencia política sobre los recursos.

 

El rendimiento de estos activos depende no solo de la evolución de los mercados, sino también del comportamiento de las instituciones estatales y sociales.

 

El acceso a los activos depende de la estructura jurídica que determina y aplica los derechos de propiedad privada o de normas tradicionales que determinan los recursos de propiedad común. El acceso puede verse también condicionado por una discriminación implícita o explícita basada en el sexo, la etnia, la raza o la condición social. Y tanto el acceso a los activos como su rentabilidad dependen de las políticas públicas de las intervenciones estatales, condicionadas a su vez por la influencia política de los diferentes grupos.

 

Otro aspecto importante es la inestabilidad de los rendimientos. Esta inestabilidad es consecuencia de las fluctuaciones del mercado, las condiciones atmosféricas y, en algunas sociedades, una situación política turbulenta. La inestabilidad repercute no sólo en los rendimientos sino también en el valor de los activos, ya que las crisis redundan en detrimento de la salud, destruyen los activos naturales y físicos o acaban con los ahorros.

 

Medición
Línea de pobreza

Este método intenta medir la capacidad que tiene un hogar para adquirir una determinada canasta de bienes y servicios, existiendo diversos criterios para su establecimiento. Habitualmente CEPAL define la línea de pobreza a partir de una canasta básica alimenticia y multiplicándola por dos, en el entendido que los pobres consumen la mitad de sus ingresos en alimentación. Este criterio ha sido de particular utilidad para la comparación de la pobreza en diferentes países.

El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) ha considerado que esta medición no es la adecuada para nuestro país, expresando que para estimar el costo de las necesidades no alimentarias, a partir de la encuesta de gastos e ingresos de los hogares 1994-95 se realizó un análisis de los distintos componentes del gasto de los hogares del estrato de referencia. “En Montevideo, el gasto en alimentación representa el 34% del gasto total de consumo con valor locativo, por lo que el inverso del coeficiente de Engel asciende a 2.99. Por su parte, el estrato de referencia del Interior presenta un coeficiente de Engel de 38%, por lo que su inverso asciende a 2.65”.

            Este método de medición ha sido, en general, objeto de críticas como unilateral e insuficiente como criterio identificador de las situaciones de pobreza.

 

Pobres según NBI
(Necesidades Básicas Insatisfechas)
 

Este método intenta definir un conjunto de indicadores que constituyen un piso mínimo de requerimientos imprescindibles. Las necesidades básicas han sido definidas como el conjunto de requerimientos psico-físicos y culturales cuyas satisfacción constituye una condición mínima necesaria para el funcionamiento y desarrollo de la vida humana en sociedad.

            En la década de los 80 se identificaron como indicadores de estos requerimientos mínimos el tipo de vivienda, el hacinamiento, la disponibilidad de agua potable, el tipo de sistema de eliminación de excretas, la asistencia escolar y jefes de hogar con cargas familiares y niveles educacionales insuficientes.

            Resulta evidente que cada uno de estos requerimientos puede ser definido de acuerdo con diferentes criterios y que, aun los requerimientos tomados en cuenta que atienden a alojamiento y equipo mínimo adecuado para el hogar, infraestructura que garantice estándares sanitarios mínimos, acceso a servicios de educación y capacidad de subsistencia del hogar, pueden resultar insuficientes para otros investigadores y responden, por otra parte a criterios cambiantes en las dinámicas sociales.

            El investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, el demógrafo Juan José Calvo ha considerado necesario incorporar un indicador de salud, la consideración de medios para calefaccionar ambientes, y la carencia en disponibilidad de alumbrado eléctrico.

 
Medición integrada o bidimensional

 

Este enfoque intenta combinar la línea de pobreza con las NBI, definiendo 4 tipos de hogares: a) hogares en condiciones de integración social cundo no presentan carencias críticas y perciben ingresos por encima de la línea de pobreza; b) Hogares en condiciones de pobreza reciente, cuando su nivel de ingresos está por debajo de la línea de pobreza pero no presentan NBI; c) Hogares en condiciones de pobreza inercial, aquellos que perciben ingresos por encima de la línea de pobreza pero registran NBI y d) Hogares en condiciones de pobreza crónica, cuando perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza y registran carencias críticas (NBI).

                       

Evolución

 

La Unidad de Políticas Sociales, Fortalecimiento del Area Social, FAS, dependiente de OPP publico datos sobre evolución de pobreza e indigencia hasta 1995. Desde entonces, no se cuenta con información oficial publicada sobre este tema.

Las Economistas Alicia Melgar y Andrea Vigorito señalan que en la década de los 90 la pobreza siguió una forma de “U” agregando que entre 1990 y 1994 “aumenta el ingreso de los hogares básicamente por el fuerte aumento real de las pasividades y de los salarios del período”. Posteriormente expresan que “la caída de los salarios reales y la disminución del crecimiento real de las pasividades produce que la pobreza a partir de 1994 comience a aumentar” indicando que el impacto del efecto distributivo es muy bajo.

Coincidiendo varios resultados de estudios sobre este tema en Uruguay, puede verse que la distribución del ingreso se mantuvo prácticamente invariable a lo largo del período (Vigorito, A., 1998; Buchelli M., 1999).

El informe del PNUD sobre Desarrollo Humano en Uruguay 1999 expresa: “En efecto, el índice de Gini osciló levemente alrededor del valor 0,41... Un comportamiento similar se observa cuando en vez de una medida sintética como el Gini se sigue la evolución de la porción del ingreso total que llega a los hogares ubicados en cada uno de los cinco quintiles de ingreso per cápita (Ver cuadro)”

 

Participación en el ingreso de los quintiles de hogares

ordenados por ingreso per cápita.

Total urbano, 1986 – 1998 (en %)

 

Quintil 1

Quintil 2

Quintil 3

Quintil 4

Quintil 5

1986

5.6

10.4

15.0

21.8

47.3

1987

5.9

10.6

15.2

21.9

46.4

1988

6.0

10.5

14.9

21.4

47.2

1989

5.8

10.5

14.9

21.5

47.3

1990

5.8

10.4

14.9

21.5

47.5

1991

5.7

10.3

14.8

21.4

47.7

1992

5.5

10.2

14.8

21.4

48.1

1993

5.8

10.7

15.3

22.0

46.1

1994

5.6

10.3

14.9

21.8

47.4

1995

5.4

10.2

14.9

22.0

47.5

1996

5.4

10.2

14.8

21.9

47.7

1997

5.4

10.1

14.8

21.7

48.0

1998

5.2

9.9

14.7

21.9

48.4

 

Fuente: Kaztman, 1999

 

“Este comportamiento estable, con leve tendencia al aumento de la desigualdad, esconde procesos contradictorios, donde las tendencias concentradoras son contrapesadas por otras que favorecen la desconcentración de los ingresos. En general, y en forma muy sintética, se puede señalar lo siguiente: existe en el actual contexto económico global una “natural” tendencia a la concentración del ingreso. En efecto, la apertura comercial, el achicamiento del Estado y los procesos de desindustrialización y transferencia de fuerza de trabajo a las actividades de servicios, todos ellos, contribuyen a concentrar ingresos de la población. En Uruguay, el empleo público es la menos desigual de las fuentes de ingreso, mientras que el sector industrial exhibe una distribución levemente más igualitaria que la de los servicios. Por ello una caída del empleo público y un proceso de desindustrialización redundan en mayores niveles de desigualdad”.

Los datos sobre salario y empleo agregan una pauta clara para seguir el comportamiento de la pobreza de ingreso.

 

 

Indice de salario real

Nivel General – Promedios Anuales.

Años

General

Sectores

Público

Privado

1970

100.0

100.0

100.0

1971

105.1

106.6

104.3

1982

60.8

66.2

55.7

1983

48.2

51.9

44.8

1984

43.8

45.3

42.5

1989

56.4

52.8

59.3

1990

52.3

47.9

55.7

1994

58.7

51.6

64.2

1995

57.0

50.2

62.3

1999

59.5

55.5

63.5

2000

58.7

54.7

62.7

1970= 100 (Elaboración de datos INE)

 

 

 

La tendencia claramente ascendente del índice de salario real desde 1985 se estabiliza a partir de 1994 en un nivel similar al de 1982 y que resulta equivalente a un 60% del poder adquisitivo de 1970, lo que da cuenta de la instalación de un debilitamiento estructural de los ingresos salariales que hace a la población asalariada más vulnerable y constituye un fuerte condicionante heredado del régimen dictatorial anterior.

Es en estas condiciones de debilitamiento previo que los sectores asalariados van a afrontar en la década del 90 los efectos de las transformaciones tecnológicas sobre la productividad industrial y la pérdida de 85.000 puestos de trabajo en la industria nacional. Esto trajo aparejado tres tipos de deterioro de ingresos:

1.       Incremento de la desocupación.

2.       Sustitución de empleos con otros de menor calidad.

3.       Consolidación de la precariedad e informalidad del empleo.

 

Una rápida mirada a la década de los ‘90 nos permite concluir que no cualquier crecimiento (3% promedio anual en la década) asegura la creación de empleos de calidad suficiente que se traduzca en un mayor bienestar del conjunto de la sociedad.

 

Problemas de empleo en Uruguay. En porcentaje de la PEA.

 

1991

1992

1993

1994

1995

1996

1997

1998

1999

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desempleados

8.8

9.0

8.4

9.2

10.3

12.0

11.5

10.1

11.3

Precarios*

19.6

20.2

19.8

19.9

20.0

19.9

20.7

20.6

19.8

Subempleo**

3.6

2.7

2.2

2.8

3.9

4.5

3.6

3.1

3.6

Cuenta propistas***

13.8

14.1

14.9

14.9

14.5

14.5

14.6

14.6

15.2

Total

45.8

46.0

45.3

46.8

48.7

50.9

50.4

48.4

49.9

 

Fuente: Informalidad y seguridad social en Uruguay. ERT, en base a ECH.

 

*           Trabajadores dependientes privados que son precarios principalmente por falta de cobertura de seguridad social.

**         Trabajadores que desean trabajar más tiempo de lo que lo hacen.

***        Trabajadores independientes no profesionales ni que ocupen cargos gerenciales.

 

Como es previsible existe una alta correlación entre las personas que presentan problemas de empleo y la probabilidad que de dichas personas pertenezcan a hogares más vulnerables, lo cuál podemos medir a través de su ubicación en la distribución del ingreso y de los niveles de pobreza.

 

 

 Ubicación de los trabajadores con distintos problemas de empleo en la distribución de los hogares ordenados por ingreso per cápita.

Quintiles de hogares ordenados por ingreso per cápita

 

 

1

 

2

 

3

 

4

 

5

 

 

1991

 

Desempleados

40.4

 

24.1

 

16.3

 

12.0

 

7.2

 

 

Precarios

31.4

 

21.7

 

17.6

 

15.0

 

14.3

 

 

Subempleo

20.6

 

22.6

 

21.6

 

20.5

 

14.4

 

 

Informales

21.2

 

21.2

 

21.1

 

19.9

 

16.7

 

 

Sin problemas

14.9

 

19.6

 

20.8

 

22.4

 

22.4

 

 

1999

 

Desempleados

41.9

 

25.8

 

15.9

 

11.1

 

5.3

 

 

Precarios

36.7

 

24.1

 

16.1

 

12.7

 

10.5

 

 

Subempleo

20.1

 

20.2

 

21.2

 

19.2

 

19.3

 

 

Informales

26.5

 

22.9

 

21.4

 

16.9

 

12.4

 

 

Sin problemas

13.3

 

19.7

 

20.7

 

21.7

 

24.6

 

 

 

Fuente: Informalidad y seguridad social en Uruguay. ERT, en base a ECH.

 

Puede observarse que en el año 1999 el 41,9% de los desempleados se ubicaban dentro del quintil más bajo de la distribución del ingreso, mientras que el 36,7% de los trabajadores dependientes precarios se encontraban en dicho tramo.

En el informe de desarrollo humano de 1999, PNUD también señala una evolución de la pobreza similar a la constatada por las economistas Melgar y Vigorito, con un pronunciado descenso entre 1986 y 1994 y un ligero aumento en los años subsiguientes.

 

 

Fuente:PNUD

 

Los sociólogos Katzman y Filgueira, en su investigación para la UCUDAL llegan a la misma conclusión, afirmando que en el año 2000 el porcentaje de población en situación de pobreza se sitúa por encima del 24% en un valor similar al de 1991.

Por otra parte el Instituto de Economía a través de un informe de Verónica Amarante en el que presenta una nueva metodología de medición, muestra un resultado de 16,1% de hogares bajo línea de pobreza en el año 2000, con una estimación de población aproximadamente igual a la de los investigadores anteriores.

            Para poblaciones de menos de 5.000 habitantes y población rural dispersa se cuenta con la investigación realizada por OPYPA (Oficina de programación y política agropecuaria – MGAP) entre 1999- 2000, sobre “Empleo, ingresos y condiciones de vida en los hogares rurales”.

Una visión resumida del resultado de medición de pobreza por la metodología de la línea de pobreza utilizando la elaboración de sus propios coeficientes puede verse en el siguiente cuadro:

 

 

Hogares

Personas

 

Pobreza

Indigencia

Pobreza

Indigencia

Urbana (< 5.000)

22.300 (19%)

 5.900 (5%)

100.800 (27%)

30.400 (8.5%)

Rural (dispersa)

11.300 (14.5%)

 8.700 (3.5%)

 48.400(19.5%)

 8.700 (3.5%)

Total

33.600 (16.5%)

 7.900 (3.9%)

149.200(22.9%)

 39.100 (6%)

 

Fuente: OPYPA

 

Asimismo, la OPYPA realizó un enfoque por NBI, definidas de acuerdo a su propia elaboración de criterios, cuyos resultados pueden resumirse en lo siguiente:

 

§         Según la definición del NBI adoptada en este trabajo, el 44,5% de los hogares residentes en las localidades de menos de 5000 habitantes y en la zona rural dispersa tiene al menos una Necesidad Básica Insatisfecha y el 21.3% tiene al menos dos. Las carencias se observan en forma creciente desde el estrato con mayor urbanización hasta la zona rural. En el primero se observa al menos una NBI en el 31.1% de los hogares, en las localidades pequeñas el porcentaje sube al 39.8%, mientras en el área rural alcanza al 54.6%. Los porcentajes de hogares que tienen dos NBI o más son el 15.6% y 27.0% respectivamente.

§         El análisis por NBI muestra que la variable que más influye en este resultado es la disponibilidad de agua potable que afecta al 23.9% de los hogares y al 34.6% de aquellos residentes en el medio rural. Se hace hincapié en la alta proporción de hogares que utilizan al acarreo del agua desde la fuente a la vivienda, es decir, la no utilización de cañerías. Esta es, básicamente, la característica que hace aumentar el porcentaje de hogares con carencias en este indicador, de acuerdo a la definición adoptada. Los hogares que solamente tienen carencias en el origen del agua utilizada, son el 5.2% del total y el 6.9% en la zona rural dispersa.

§         Las personas con NBI representan un porcentaje mayor que los hogares: el 47.6% de los casos presentan al menos una NBI y el 23.1% tienen por lo menos dos. También en ambos indicadores se observan porcentajes crecientes desde las zonas más urbanizadas hasta el estrato rural.

 

 

Finalmente, y volviendo al análisis general del país urbano podemos trasmitir una idea aproximada en valores absolutos para comprender en forma menos técnica la magnitud de la pobreza en el Uruguay.

Cuando hablamos del 24% de población pobre (unas 790.000 personas), estamos incluyendo allí por lo menos tres segmentos diferenciables:

 

§         El primero corresponde a situaciones de indigencia y se situaría algo por encima del 2% siguiendo la línea de CEPAL, es decir unas 70 u 80 mil personas que no alcanzan a obtener una Canasta Básica Alimentaria (CBA). Estamos hablando de un ingreso asimilable a la medición del Banco Mundial de dos dólares por día.

 

§         Un segundo segmento que comprende al anterior, también medido por CEPAL, se ubica cercano al 11% de la población. Unas 370.000 personas que viven en condiciones de pobreza muy severa con ingresos diarios per cápita que pueden estimarse en algo más de cuatro dólares por día.

 

§         Y por último, la medición de pobreza en base a Línea INE que de acuerdo a un reciente informe de los sociólogos R. Katzman y F. Filgueiras, se sitúa en unos 900 dólares mensuales para una familia de 4,6 personas. Esto es un ingreso per cápita día algo por encima de los seis dólares, que alcanza a las 790.000 personas referidas más arriba y que comprende a los dos tramos anteriores.

 

La repercusión de esta pobreza en las múltiples dimensiones de la vida social y en especial la forma en que se halla concentrada en la infancia y la adolescencia, así como en los hogares más jóvenes de nuestra sociedad donde se esta reproduciendo aceleradamente, darán lugar a otras notas para las que no tenemos lugar hoy aquí.

            Dejamos como reflexión final la evaluación sobre los planes de emergencia propuestos por nuestro Encuentro Progresista – Frente Amplio ante el agravamiento persistente de la pobreza en nuestro país. No tenemos duda que de haber sido aplicados la situación social no se encontraría tan deteriorada, pero tampoco dudamos de la necesidad de su profundización en una perspectiva de mediano plazo.

 

Roberto Conde

Diputado