Sí, lo
necesario es posible.
Ernesto Domínguez; Gustavo
Melazzi. Militantes de la Liga Federal Frenteamplista.
Montevideo.
1.
Resulta alentador leer el artículo del Cro. Eduardo Bonomi:
“Liberación nacional, socialismo y poscapitalismo” publicado en Brecha
el 14 de mayo pasado, ya que intenta avanzar en la teoría, en los conceptos
guía de un proceso popular, cuando la izquierda hoy juega tanto a la imagen, a
la frase “simpática”, al olvido de conceptos de fondo.
Su objetivo es defender la postura del
Cro. José Mujica resumida en la frase “por un capitalismo como la gente”,
ubicándola en una serie de ideas sobre la situación actual, las tareas y la
orientación para la izquierda.
Bonomi aduce que a la frase citada se le
opuso el socialismo, y que “construir el socialismo en un solo país” (en este
caso, Uruguay) formaría parte de la ortodoxia soviética, ya superada. Además,
ello sería impensable dado el deterioro de la situación económica y social, lo
cual inhibe totalmente plantearse tal objetivo, ya que “la construcción del
socialismo requiere no sólo del alto desarrollo de fuerzas productivas (FP) a
escala mundial, sino también de un alto nivel de desarrollo social y
cultural…”.
2.
Detengámonos en su referencia a la ortodoxia. Por un lado, lo
del socialismo en un solo país es absolutamente marginal en los planteos
teóricos soviéticos (y estamos seguros que nadie con dos dedos de frente lo
propone hoy para Uruguay). Pero, por
otro lado, lo que sí es rígidamente ortodoxo es su requisito del máximo
desarrollo de las FP. Se trata de un
planteo original de Marx, y desde hace más de 50 años considerado un error.
A menos que el Cro. Bonomi considere que
el fracaso de las experiencias en Chile, Vietnam, Nicaragua, etc. y en la
propia URSS se debe al insuficiente desarrollo de las FP. ¡En qué lío fenomenal
se metieron los rusos, los chinos, vietnamitas, cubanos, etc.! ¡Cómo se les
ocurre construir “algo” diferente al sistema capitalista sin que éste llegue a
su fase más avanzada!
Cabe señalar que el socialismo representa
la recuperación por parte de la gente de la capacidad de controlar y dirigir la
gestión de sus propias condiciones de vida (y en particular de su trabajo). No
es el reparto de la miseria, pero en su afán de mejor producir, respeta los
necesarios equilibrios básicos con la Naturaleza.
Conviene recordar la carta del Ché a
Quijano, publicada bajo el título “El socialismo y el hombre en Cuba”. Palabras
más, palabras menos, señalaba que el socialismo no se medía por la cantidad de
horas disponibles para ir a la playa, sino en conciencia. Un pueblo conciente,
por fuerza es revolucionario. Reconoce sus problemas, discute sus caminos de
solución, y participa y vigila a los ejecutantes. No delega ni en el Estado ni
en un Partido esos deberes y obligaciones generales y le respira
–incesantemente- en la nuca a quienes se encargan en la práctica de la solución
de aquellas tareas.
Y puede ser –gozosamente- feliz calzado
con alpargatas, porque priorizó en su esfuerzo tener, por ejemplo, menos medios
materiales de consumo, pero más tiempo para estar con sus niños y ser solidario
con sus congéneres. Y no son –ciertamente- las FP las que explican esa
increíble capacidad de resistencia del pequeño pueblo cubano ante un bloqueo
inhumano que ya lleva décadas.
Además, el Cro. Bonomi agrega que
“debemos pasar por una fase de liberación nacional”. Según la ortodoxia
soviética, esto se realizaba con la “burguesía nacional”, ya discutido hace
años. Todo esto: ¿formará parte del “capitalismo como la gente”?
Creemos que es un positivo hallazgo la
expresión utilizada por el autor que comentamos de que “la política es el arte
de transformar lo necesario en posible”. Pero no vemos cómo compatibilizarla
con las rígidas expresiones anteriores.
3.
“El capitalismo como la gente”. Es una frase equivocada. El
capitalismo es un sistema que busca –necesita- incrementar incesantemente una
tasa de ganancia. No se trata de un sistema que algunos puedan tener en su
cabeza como deseo, sino el que está hoy, aquí, fuerte y explotador, especulador
y dependiente. No se trata de procurar “un Capitalismo Bueno, honrado, de
competencia leal, como la gente”, porque la explotación, la acumulación y
centralización, etc. le son intrínsecos.
No es una frase aislada, ya que no
podemos pasar por alto los acuerdos del Cro. Mujica con Riet Correa; sus
intentos por privilegiar lo que suma electoralmente, o (con Fernández Huidobro)
su posición para que se mantengan las Fuerzas Armadas y no abogar por la Paz y
el Desarme Generalizado (“nos negamos a preparar y mantener seres humanos
preparados para matar” dicen nuestras Bases Programáticas)
4.
Lo proletario y lo popular.
El remitirse a frases de textos clásicos siempre presenta
inconvenientes. Intentar oponer estos conceptos y hablar de “revolución
verdadera” es inconducente. Primero porque si bien existe una idea común de que
el proletario es sólo el obrero manual nucleado en una fábrica, Engels lo
asimiló explícitamente a trabajador asalariado (“no comprendo por qué se los
separa”, decía). Pero resulta demoledor recordar que en la Primera
Internacional, con activa y directa participación de Marx, los obreros
fabriles, “proletarios”, eran minoría.
Véase: El perfil ocupacional de
fundadores, directivos y miembros destacados de la Asociación Internacional de
Trabajadores hacia 1870 era el siguiente:
Artesanos y gentes de oficio (43 %); Periodistas, escritores, políticos
(21); Obreros y sindicalistas (20); Profesionales (11); Otros (5). Suma 100%;
como nota curiosa, no incluye dos espías infiltrados por los servicios
policiales de Inglaterra y Francia.
5. ¿Por dónde avanzamos? Es curioso que
el Cro. Bonomi no aporte pistas y/o criterios centrales de cómo apuntamos al
socialismo o, al menos, al “poscapitalismo” de su título, esa cosa nueva que no
llega a ser socialismo pero tampoco capitalismo.
En Uruguay, sin duda, la estructura
productiva está golpeada, así como las estructuras sociales. Pero ello no
justifica volver atrás, regresar a los puntos de partida del capitalismo. Los
obreros argentinos, los de Niboplast, los de Funsa, no recuperan sus medios de
producción para regalárselos a los burgueses; intentan caminos alternativos que
suponen –al menos- control de los mismos, y hasta su propiedad; total o
parcial. Caso bien distinto de Cristalerías, donde la propuesta de los Cros. de
una Sociedad Anónima “como la gente”, no funcionó.
No está de más recordar que Marx supo
equivocarse, como en su juicio respecto a Bolívar. Pero nos legó un método, que
es una herramienta insuperable. Y si hay algo que no está “saldado” (ni en los
60 ni hoy) es cómo impulsar la transición a otro sistema.
Pensamos que hay que definir elementos
para superar este sistema; y que el pueblo decida. Pero no es otra forma “como
la gente” de capitalismo; esto es levantar ilusiones. Se trata de apuntar a
otro sistema, con claridad.
Debe ser con la gente; no actuando
aislados en el Parlamento. Formando, educando, participando realmente y
equivocándose. No por intermedio de aparatos partidarios hoy muy flacos y
escasamente democráticos. Dando poder real y no apariencias y discursos. Esta
es la verdadera base.
La historia muestra que los más diversos
temas se convirtieron en eje de la movilización popular, y aquí nadie sabe cuál
será. Pero no habrá cambio real si no se profundiza en serio un proceso de
descentralización (y por tanto participación real) del aparato
estatal, e incorporando –esto es vital- a los trabajadores a la dirección y
control del mismo, y de la sociedad. ¿Cómo podrá hacerse si no promovemos su
propia organización, en comités funcionales y otras formas?
Para ello es obligatorio educar,
orientar, posibilitar experiencia. No permitir que se consoliden aún más
elementos capitalistas, e impulsar con el pueblo pilares de una nueva sociedad.
En esa tarea de superar este sistema
inhumano nos encontraremos, seguramente, con los Cros. Entre todos, y con el
protagonismo decisivo del pueblo, construiremos nuestra historia.
Sí, lo necesario es posible.
(Publicado
en Brecha, 4/junio/2004)