Uruguay: triunfo electoral y tensiones económicas.

 

Gustavo Melazzi

 

1.  Cómo se llega al triunfo electoral

 

            Ganar las elecciones es cumplir exitosamente una etapa muy importante. A partir de aquí, ya es clásico advertir que comienza un proceso “mucho más difícil” y complejo, y vaya que la experiencia demuestra con creces que así es. Para empezar, apenas, se trata de algo bastante más allá de la meta de “ganar las elecciones” (aunque tengamos claro desde ya que debemos ganar las próximas).

            La evolución de la base económica es mala. Durante los últimos 50 años la tendencia central es al estancamiento (1). ¿Qué implica esto hoy para nuestro gobierno? Que el esfuerzo por la recuperación económica debe ser todo nuestro; no hay posibilidades de acompañar, al menos, algún crecimiento, con inversiones en curso y sus impactos. No lo hay.

            La actitud general del pueblo, de la gente, es esperar. Es diferente a otros procesos latinoamericanos, donde en momentos relativamente parecidos existía un movimiento social en auge y con fuerte organización popular.

            Por su parte, la experiencia de la izquierda en la Intendencia Municipal de Montevideo no ayuda mucho. Si bien fue útil para señalar que con la izquierda en el gobierno “no pasa nada”, al contrario de lo que advertía la tesitura conservadora de que sería el caos, se llevarían los niños a Cuba y otros dislates, opino que, en verdad, “pasó demasiado poco”. Ya lo señalé por extenso en otro sitio (2), pero frente al desafío de hoy, entiendo que tal administración, en los últimos años, fue un desperdicio. Su básica inacción no usufructuó la potencialidad de demostrar en los hechos que “se puede”; tampoco acostumbró a los montevideanos a, entre todos, cambiar cosas importantes de la ciudad, ni ayudó a democratizar desde abajo mediante un fuerte impulso a la participación.

 

2.      La etapa actual

 

Más allá de las elecciones: ¿qué ganamos? El hacernos cargo del desafío de demostrar que “se puede”. El pueblo nos abrió la puerta y dijo “háganse cargo” (por aquello de la espera), con gran alegría y esperanza. Muy por el contrario de esa usual expresión de “no es poca cosa”, esto es mucho.

Se trata del gobierno, no del poder (véase Hervidero Nº 5). Para quienes lo detentan, una elección perdida no significa que lo vayan a entregar, simplemente dicen “veremos”. Se sucederán inevitables conflictos (el discurso de que todos los uruguayos seremos favorecidos no tiene asidero), por lo cual es necesario precisar los sustentos sociales de nuestro gobierno, quiénes se le enfrentarán y por qué vía será posible neutralizar otras fuerzas. ¿Cómo se resolverá? No lo sé; llevará tiempo y, mientras, mis esfuerzos se concentrarán en fortalecer el poder del pueblo.

En esas disyuntivas la mayoría parlamentaria obtenida elimina la coartada de los débiles e irresolutos de que “no se puede”, siempre prestos a entregar prendas del apero. Asimismo, la coyuntura regional también es positiva; permite apoyarnos mucho en ella, pese a la reafirmación militarista extrema e indiferente a cualquier legalidad internacional de los EE.UU.

¿Hacia dónde vamos? Yo aspiro el socialismo, pero será la decisión del pueblo. Ese pueblo muy mayoritariamente del “Partido FA” antes que de sus partidos; muy instituyente, pero que no encuentra una organización democrática, abierta, donde participar sin la tutela partidaria permanente. Que todavía no tiene ni se le proponen desde el Frente (3) elementos diferentes, “embrionarios” de otra sociedad. Ni instrumentos necesarios para el seguimiento, evaluación y control del gobierno, para que no sea el gobierno del aparato del Frente sino del pueblo.

En este sentido, hay avance de ideas en cuanto al relacionamiento del gobierno con la sociedad civil (Véase Hervidero Nº 6), pero no los hay para las relaciones al interior de la propia izquierda, con un pie en el gobierno y, otro, en las organizaciones populares. Nuevamente, el ejemplo de la IMM no es positivo.

 

3.      Tensiones económicas

 

Estas tensiones, y la forma que las enfrentamos, nos remiten de inmediato a la teoría económica con que trabajamos. No sólo en sus conceptos básicos sino en sus consecuencias de política económica. Uno de sus componentes más debatidos, por ejemplo, es cómo considerar el superávit o déficit fiscal (si admitimos el abordaje keynesiano o permanecemos atados al fundamentalismo neoliberal que considera este último como nefasto); otro es el enfoque de los equilibrios macroeconómicos (4).

Podemos continuar con los ejemplos, pero lo importante es comprender la polémica de fondo, y estar confiados y sólidos al plantear las alternativas a la teoría económica dominante. Tengo la impresión de que esto es exactamente lo que ocurre en el área económica del gobierno del PT en Brasil (5). No comparto que su política económica obedezca puntualmente a los acuerdos partidarios ni, menos aún, a “desviaciones reaccionarias”. Creo que luego de muchos años de aceptar las recetas neoliberales, sin cuestionarlas a fondo y no plantear alternativas, no sólo se las termina aceptando como correctas y las únicas posibles, sino que incluso se pierde la posibilidad de pensar de manera distinta.

 En Uruguay debemos mantener nuestras mentes abiertas, e intacta la capacidad de elaborar con rigor nuestro propio pensamiento económico de izquierda. Pero admitamos que en este plano, en la academia, hemos perdido la lucha ideológica. Hay que recuperar nuestras posiciones, y plantear alternativas a las propuestas dominantes.

Esto es además vital, pues en las palabras de Don Pedro Vuskovic, “la economía es el escenario privilegiado de las luchas sociales”. Podemos impulsar medidas excelentes en diversos campos; es cierto por ejemplo que la educación e innovación son decisivas en el largo plazo, pero si hoy no manejamos correctamente la economía, si no satisfacemos las necesidades inmediatas más sentidas de la población, poco podemos esperar; la economía no perdona. Para ponerlo en términos bien uruguayos, “el partido se juega en esta cancha”.

De modo que es tiempo de decisiones, no sólo de buenos deseos ni discursos bonitos. Y de decisiones económicas. No comencemos, por ejemplo, a discutir largamente qué significa cuando se habla hoy y aquí de “transición”. Lo importante es tener claro que los cambios importantes que no se impulsen durante los primeros seis meses (“en espera del momento propicio”) seguramente pierden viabilidad.

En el campo popular contamos, básicamente, con los avances de la Comisión Integrada de Programa del Frente. Pero ocurre que dejó demasiadas cosas pendientes. Y hay algunos temas en los cuales “nos jugamos todo”.

Uno de ellos es el de “país productivo”. Lo considero correcto, aunque escaso de estructuración. Se lo presenta como contrapuesto a país especulador, a plaza financiera, pero las pautas no son muy precisas. Aun cuando se recomienden criterios, como ser el de generar empleo, para otorgar apoyos a las empresas, entre otros. Porque: si el empleo es en el sector comercio, ¿es productivo?; los empleos públicos, en especial los de las fuerzas armadas, ¿lo son? E incluso todavía no está claro que la plaza financiera y el capital especulador queden fuera de todo estímulo.

Otro ejemplo (que nos remite a “país productivo”) es el vínculo entre los programas de emergencia social y de empleo. Bien intencionados ambos pero que de no articularse entre sí de manera correcta, se corre el serio peligro de que agoten los escasos fondos disponibles para ellos. Es imprescindible que ambos programas, a fortiori el de empleo, sean ante todo programas de producción. En otras palabras, deben generar en la mayor proporción posible, los recursos para su sostenibilidad,  es decir su permanencia en el tiempo. Por tanto, las diversas áreas, sectores y regiones económicas deben planificar actividades que generen oportunidades de empleo que, al mismo tiempo, aporten a la riqueza nacional en la forma de productos e insumos aprovechables por otras actividades productivas. Y lo deben hacer con inversiones mínimas, por las obvias restricciones existentes al respecto.

Sobre estos aspectos no hay avances sistemáticos. Pero además, informes disponibles de grupos de trabajo suman preocupaciones importantes. Veamos: es claro que un tema crucial para nuestro gobierno popular es la necesidad de generar oportunidades de empleo, y que el directamente productivo es básicamente posible en el agro; es más dificultoso en la industria y en servicios; de escasa calidad y dudosa sostenibilidad en las PYMES, y de resultados no inmediatos en infraestructura. Por otro lado, es evidente que la base de la economía se ubica en el agro. Los informes de este sector prevén que en los próximos años continúe con la tendencia que presenta hasta ahora, sin grandes cambios.

Si juntamos ambos razonamientos la conclusión es sorprendente: no habrá crecimiento importante en el agro, y no sólo no generaremos más divisas, sino que no tendremos posibilidad de crear empleo suficiente. Si mantenemos las tendencias, sin impulsar cambios importantes (por supuesto, difíciles); si no hay “quiebres” al alza en dichas tendencias, se afectan los pilares básicos del Programa de Cambio.

Es un tema clave a enfocar, que hoy no se considera y, por tanto, para el que tampoco hay propuestas.

 Esto nos conduce directamente a un tema más general. Todo proceso de desarrollo, o al menos de crecimiento, con sus deliberados “desequilibrios” (véase nuevamente (3)) requiere de lo que llamo las “locomotoras”. No seamos tan ingenuos de creer las pautas de la teoría económica neoclásica, donde el crecimiento ocurre mediante un proceso de conjunto, equilibrado, simultáneo y guiado por las señales del mercado. Dicho de manera sencilla, la realidad muestra que tal proceso obedece a inversiones específicas, con impacto suficiente para desencadenar una serie de efectos derivados. Esa sucesión de impulsos y arrastres subsiguientes nos indican la necesidad de tener claras las “locomotoras”.

¿Cuáles son las que se manejan para nuestro gobierno? Lamentablemente, es un tema que todavía no está planteado. Recordemos además lo que señalamos al comienzo: la situación de estancamiento nos obliga a “hacernos cargo” desde casi cero del esfuerzo por el crecimiento/desarrollo de la economía uruguaya.

Por último, y para decirlo brevemente porque “ya están sobre la mesa”, figuran los temas de la deuda externa, el presupuesto ya vigente para 2005, y la necesidad de fondos frescos para al menos dar comienzo al programa de nuestro gobierno popular.

Si no se renegocia la deuda externa el país será ingobernable. Tal renegociación debe partir de la idea de que pagaremos toda deuda correcta, no se trata de pagar cualquier cosa. Para ello hay que partir de una auditoría, para saber su origen, si se utilizó de acuerdo a lo pactado, en qué condiciones se acordó su devolución, si se cumplieron los pasos legales, y cuánto hemos pagado ya de ella. Luego, se establecerá el monto posible a pagar, que no implique un esfuerzo desmedido al pueblo y permita impulsar lo básico del programa de gobierno. Con los antecedentes del Tratado de renegociación de deuda de Alemania con Gran Bretaña de 1952, la negociación se efectuará en el marco legal del Capítulo IX de la legislación de los propios EE.UU. 

 

IV.              Conclusiones

 

En el marco de la alegría y entusiasmo de nuestro pueblo, que anhela construir por primera vez su historia, una meta clara es contribuir a que este entusiasmo no decaiga.

Nuestros aportes en tal sentido deben fortalecer todo lo posible la democracia popular, el apoyo y el control a nuestro gobierno. Hay que cuidarse del peligro de la dispersión o feudalización  estatal, y tratar que sea el gobierno de todos y no sólo del aparato del Frente.

En cuanto a la economía, clarifiquemos los aspectos decisivos de la deuda externa, la generación de empleo productivo, y cuáles serán las locomotoras de nuestro desarrollo.

Hacia el largo plazo, construyamos progresivamente “embriones” de otra sociedad; solidaria, comunitaria y con justicia social.

Todos tenemos un hermoso trabajo.

 

Referencias

(1) G. Melazzi: “Medio siglo de economía uruguaya”. En Hervidero Nº 1.

(2) G. Melazzi: ¿Y si nos animamos? Ideas para el Montevideo del próximo siglo. Ed. Banda Oriental, Mdeo. 1999.

(3) Utilizo la expresión más sencilla “Frente” para englobar el FA-EP-NM, y para significar también que el Frente es una original alianza no sólo entre partidos políticos sino, también, entre ellos y “gente”, los Frenteamplistas, y que son amplia mayoría.

(4)  G. Melazzi: “Política macroeconómica, equilibrios y país productivo”, en Brecha 16/julio/04. Mdeo.

 (5) Sugerencia de GF.

 

(Publicado en Hervidero Nº 8, diciembre 2004)