Uruguay: triunfo electoral y
tensiones económicas.
1. Cómo
se llega al triunfo electoral
Ganar las elecciones es cumplir exitosamente una etapa
muy importante. A partir de aquí, ya es clásico advertir que comienza un
proceso “mucho más difícil” y complejo, y vaya que la experiencia demuestra con
creces que así es. Para empezar, apenas, se trata de algo bastante más allá de
la meta de “ganar las elecciones” (aunque tengamos claro desde ya que debemos
ganar las próximas).
La evolución de la base económica es mala. Durante los
últimos 50 años la tendencia central es al estancamiento (1). ¿Qué implica esto
hoy para nuestro gobierno? Que el esfuerzo por la recuperación económica debe
ser todo nuestro; no hay posibilidades de acompañar, al menos, algún
crecimiento, con inversiones en curso y sus impactos. No lo hay.
La actitud general del pueblo, de la gente, es esperar. Es diferente a otros procesos
latinoamericanos, donde en momentos relativamente parecidos existía un
movimiento social en auge y con fuerte organización popular.
Por su parte, la experiencia de la izquierda en la
Intendencia Municipal de Montevideo no ayuda mucho. Si bien fue útil para
señalar que con la izquierda en el gobierno “no pasa nada”, al contrario de lo que
advertía la tesitura conservadora de que sería el caos, se llevarían los niños
a Cuba y otros dislates, opino que, en verdad, “pasó demasiado poco”. Ya lo
señalé por extenso en otro sitio (2), pero frente al desafío de hoy, entiendo
que tal administración, en los últimos años, fue un desperdicio. Su básica
inacción no usufructuó la potencialidad de demostrar en los hechos que “se
puede”; tampoco acostumbró a los montevideanos a, entre todos, cambiar cosas
importantes de la ciudad, ni ayudó a democratizar desde abajo mediante un
fuerte impulso a la participación.
2. La etapa actual
Más
allá de las elecciones: ¿qué ganamos? El hacernos cargo del desafío de
demostrar que “se puede”. El pueblo nos abrió la puerta y dijo “háganse cargo”
(por aquello de la espera), con gran
alegría y esperanza. Muy por el contrario de esa usual expresión de “no es poca
cosa”, esto es mucho.
Se
trata del gobierno, no del poder (véase Hervidero Nº 5). Para quienes lo
detentan, una elección perdida no significa que lo vayan a entregar,
simplemente dicen “veremos”. Se sucederán inevitables conflictos (el discurso
de que todos los uruguayos seremos favorecidos no tiene asidero), por lo cual
es necesario precisar los sustentos sociales de nuestro gobierno, quiénes se le
enfrentarán y por qué vía será posible neutralizar otras fuerzas. ¿Cómo se
resolverá? No lo sé; llevará tiempo y, mientras, mis esfuerzos se concentrarán
en fortalecer el poder del pueblo.
En
esas disyuntivas la mayoría parlamentaria obtenida elimina la coartada de los
débiles e irresolutos de que “no se puede”, siempre prestos a entregar prendas
del apero. Asimismo, la coyuntura regional también es positiva; permite
apoyarnos mucho en ella, pese a la reafirmación militarista extrema e
indiferente a cualquier legalidad internacional de los EE.UU.
¿Hacia
dónde vamos? Yo aspiro el socialismo, pero será la decisión del pueblo. Ese
pueblo muy mayoritariamente del “Partido FA” antes que de sus partidos; muy
instituyente, pero que no encuentra una organización democrática, abierta,
donde participar sin la tutela partidaria permanente. Que todavía no tiene ni
se le proponen desde el Frente (3) elementos diferentes, “embrionarios” de otra
sociedad. Ni instrumentos necesarios para el seguimiento, evaluación y control
del gobierno, para que no sea el gobierno del aparato del Frente sino del
pueblo.
En
este sentido, hay avance de ideas en cuanto al relacionamiento del gobierno con
la sociedad civil (Véase Hervidero Nº 6), pero no los hay para las relaciones
al interior de la propia izquierda, con un pie en el gobierno y, otro, en las
organizaciones populares. Nuevamente, el ejemplo de la IMM no es positivo.
3. Tensiones económicas
Estas
tensiones, y la forma que las enfrentamos, nos remiten de inmediato a la teoría
económica con que trabajamos. No sólo en sus conceptos básicos sino en sus
consecuencias de política económica. Uno de sus componentes más debatidos, por
ejemplo, es cómo considerar el superávit o déficit fiscal (si admitimos el abordaje
keynesiano o permanecemos atados al fundamentalismo neoliberal que considera
este último como nefasto); otro es el enfoque de los equilibrios
macroeconómicos (4).
Podemos
continuar con los ejemplos, pero lo importante es comprender la polémica de fondo,
y estar confiados y sólidos al plantear las alternativas a la teoría económica
dominante. Tengo la impresión de que esto es exactamente lo que ocurre en el área
económica del gobierno del PT en Brasil (5). No comparto que su política
económica obedezca puntualmente a los acuerdos partidarios ni, menos aún, a “desviaciones
reaccionarias”. Creo que luego de muchos años de aceptar las recetas
neoliberales, sin cuestionarlas a fondo y no plantear alternativas, no sólo se
las termina aceptando como correctas y las únicas posibles, sino que incluso se
pierde la posibilidad de pensar de manera distinta.
En Uruguay debemos mantener nuestras mentes
abiertas, e intacta la capacidad de elaborar con rigor nuestro propio
pensamiento económico de izquierda. Pero admitamos que en este plano, en la
academia, hemos perdido la lucha ideológica. Hay que recuperar nuestras
posiciones, y plantear alternativas a las propuestas dominantes.
Esto
es además vital, pues en las palabras de Don Pedro Vuskovic, “la economía es el
escenario privilegiado de las luchas sociales”. Podemos impulsar medidas
excelentes en diversos campos; es cierto por ejemplo que la educación e
innovación son decisivas en el largo plazo, pero si hoy no manejamos
correctamente la economía, si no satisfacemos las necesidades inmediatas más
sentidas de la población, poco podemos esperar; la economía no perdona. Para
ponerlo en términos bien uruguayos, “el partido se juega en esta cancha”.
De
modo que es tiempo de decisiones, no sólo de buenos deseos ni discursos
bonitos. Y de decisiones económicas. No comencemos, por ejemplo, a discutir
largamente qué significa cuando se habla hoy y aquí de “transición”. Lo
importante es tener claro que los cambios importantes que no se impulsen
durante los primeros seis meses (“en espera del momento propicio”) seguramente
pierden viabilidad.
En
el campo popular contamos, básicamente, con los avances de la Comisión
Integrada de Programa del Frente. Pero ocurre que dejó demasiadas cosas
pendientes. Y hay algunos temas en los cuales “nos jugamos todo”.
Uno
de ellos es el de “país productivo”. Lo considero correcto, aunque escaso de
estructuración. Se lo presenta como contrapuesto a país especulador, a plaza
financiera, pero las pautas no son muy precisas. Aun cuando se recomienden
criterios, como ser el de generar empleo, para otorgar apoyos a las empresas,
entre otros. Porque: si el empleo es en el sector comercio, ¿es productivo?;
los empleos públicos, en especial los de las fuerzas armadas, ¿lo son? E
incluso todavía no está claro que la plaza financiera y el capital especulador
queden fuera de todo estímulo.
Otro
ejemplo (que nos remite a “país productivo”) es el vínculo entre los programas
de emergencia social y de empleo. Bien intencionados ambos pero que de no
articularse entre sí de manera correcta, se corre el serio peligro de que
agoten los escasos fondos disponibles para ellos. Es imprescindible que ambos
programas, a fortiori el de empleo, sean
ante todo programas de producción. En otras palabras, deben generar en la mayor
proporción posible, los recursos para su sostenibilidad, es decir su permanencia en el tiempo. Por
tanto, las diversas áreas, sectores y regiones económicas deben planificar
actividades que generen oportunidades de empleo que, al mismo tiempo, aporten a
la riqueza nacional en la forma de productos e insumos aprovechables por otras
actividades productivas. Y lo deben hacer con inversiones mínimas, por las
obvias restricciones existentes al respecto.
Sobre
estos aspectos no hay avances sistemáticos. Pero además, informes disponibles
de grupos de trabajo suman preocupaciones importantes. Veamos: es claro que un
tema crucial para nuestro gobierno popular es la necesidad de generar
oportunidades de empleo, y que el directamente productivo es básicamente posible
en el agro; es más dificultoso en la industria y en servicios; de escasa
calidad y dudosa sostenibilidad en las PYMES, y de resultados no inmediatos en
infraestructura. Por otro lado, es evidente que la base de la economía se ubica
en el agro. Los informes de este sector prevén que en los próximos años
continúe con la tendencia que presenta hasta ahora, sin grandes cambios.
Si
juntamos ambos razonamientos la conclusión es sorprendente: no habrá
crecimiento importante en el agro, y no sólo no generaremos más divisas, sino
que no tendremos posibilidad de crear empleo suficiente. Si mantenemos las tendencias,
sin impulsar cambios importantes (por supuesto, difíciles); si no hay
“quiebres” al alza en dichas tendencias, se afectan los pilares básicos del
Programa de Cambio.
Es
un tema clave a enfocar, que hoy no se considera y, por tanto, para el que
tampoco hay propuestas.
Esto nos conduce directamente a un tema más
general. Todo proceso de desarrollo, o al menos de crecimiento, con sus
deliberados “desequilibrios” (véase nuevamente (3)) requiere de lo que llamo
las “locomotoras”. No seamos tan ingenuos de creer las pautas de la teoría
económica neoclásica, donde el crecimiento ocurre mediante un proceso de
conjunto, equilibrado, simultáneo y guiado por las señales del mercado. Dicho
de manera sencilla, la realidad muestra que tal proceso obedece a inversiones
específicas, con impacto suficiente para desencadenar una serie de efectos
derivados. Esa sucesión de impulsos y arrastres subsiguientes nos indican la necesidad
de tener claras las “locomotoras”.
¿Cuáles
son las que se manejan para nuestro gobierno? Lamentablemente, es un tema que
todavía no está planteado. Recordemos además lo que señalamos al comienzo: la
situación de estancamiento nos obliga a “hacernos cargo” desde casi cero del
esfuerzo por el crecimiento/desarrollo de la economía uruguaya.
Por
último, y para decirlo brevemente porque “ya están sobre la mesa”, figuran los
temas de la deuda externa, el presupuesto ya vigente para 2005, y la necesidad
de fondos frescos para al menos dar comienzo al programa de nuestro gobierno
popular.
Si
no se renegocia la deuda externa el país será ingobernable. Tal renegociación
debe partir de la idea de que pagaremos toda deuda correcta, no se trata de pagar cualquier cosa. Para ello hay que
partir de una auditoría, para saber su origen, si se utilizó de acuerdo a lo
pactado, en qué condiciones se acordó su devolución, si se cumplieron los pasos
legales, y cuánto hemos pagado ya de ella. Luego, se establecerá el monto
posible a pagar, que no implique un esfuerzo desmedido al pueblo y permita
impulsar lo básico del programa de gobierno. Con los antecedentes del Tratado
de renegociación de deuda de Alemania con Gran Bretaña de 1952, la negociación
se efectuará en el marco legal del Capítulo IX de la legislación de los propios
EE.UU.
IV.
Conclusiones
En
el marco de la alegría y entusiasmo de nuestro pueblo, que anhela construir por
primera vez su historia, una meta clara es contribuir a que este entusiasmo no
decaiga.
Nuestros
aportes en tal sentido deben fortalecer todo lo posible la democracia popular,
el apoyo y el control a nuestro gobierno. Hay que cuidarse del peligro de la
dispersión o feudalización estatal, y
tratar que sea el gobierno de todos y no sólo del aparato del Frente.
En
cuanto a la economía, clarifiquemos los aspectos decisivos de la deuda externa,
la generación de empleo productivo, y cuáles serán las locomotoras de nuestro
desarrollo.
Hacia
el largo plazo, construyamos progresivamente “embriones” de otra sociedad;
solidaria, comunitaria y con justicia social.
Todos
tenemos un hermoso trabajo.
Referencias
(1) G. Melazzi: “Medio siglo
de economía uruguaya”. En Hervidero Nº 1.
(2) G. Melazzi: ¿Y si nos
animamos? Ideas para el Montevideo del próximo siglo. Ed. Banda Oriental,
Mdeo. 1999.
(3) Utilizo la expresión más
sencilla “Frente” para englobar el FA-EP-NM, y para significar también que el
Frente es una original alianza no sólo entre partidos políticos sino, también,
entre ellos y “gente”, los Frenteamplistas, y que son amplia mayoría.
(4) G. Melazzi: “Política macroeconómica,
equilibrios y país productivo”, en Brecha 16/julio/04. Mdeo.
(5) Sugerencia de GF.
(Publicado
en Hervidero Nº 8, diciembre 2004)