DEUDA EXTERNA Y PRIORIDADES

 

José Antonio Rocca

 

La deuda externa está condicionando el accionar de la conducción económica uruguaya. Contención de salarios en niveles que rozan los más bajos de la historia moderna del país, postergación de gastos en vivienda, salud, educación, continuidad de las líneas estratégicas que condujeron a las peores crisis del Uruguay y promesas de inversores privados que generarán bases para un desarrollo sustentable. El programa de los organismos internacionales no ha cambiado. El riesgo de más de lo mismo está aquí.

 

La crisis económica de 1999 que culminó con la devaluación y crisis financiera del 2002, significó fuertes transferencias del Estado al sistema bancario, y nuevos saltos en la dimensión de la deuda externa.

 

Aproximadamente U$S 2.000 millones del FMI y U$S 1.700 millones del Banco Mundial y el BID engrosaron la deuda externa uruguaya y estuvieron atados a acuerdos que reiteraron los postulados tradicionales de estos organismos..

 

En particular los acuerdos del 2002 con el FMI[1] insistían en “esfuerzos destinados a permitir la participación del sector privado en actividades anteriormente reservadas al sector público” incluyendo la introducción de nuevos marcos regulatorios en áreas como electricidad, telecomunicaciones, agua y saneamientos, vías férreas, etc. Se matizaban las consecuencias indicando que mientras que se avanzaba  en las concesiones al sector privado. el gobierno estaba determinado a mitigar el impacto adverso del ajuste sobre la pobre­za.

 

Las propuestas adicionaban el compromiso de mantener constreñidos salarios y pensiones, y la consolidación del sistema impo­sitivo en cuanto impuestos: IVA, impuesto sobre el consumo, sobre el in­greso y tarifas al comercio.

 

Paralelamente aumentó el riesgo que significa para los acreedores la magnitud que alcanzó la deuda. Los organismos financieros internacionales prenden las luces de “atención” cuando la deuda supera el 40% del PBI y Uruguay rondaba el 100%:. Sus metas fueron claras: cobrar y promover el continuismo de políticas que favorecen esencialmente a la banca transnacional.

 

El fondo y el frente.

 

La asunción del nuevo gobierno abrió expectativas de cambio en los lineamientos estratégicos de la economía uruguaya. En especial respecto a las relaciones y compromisos con el fondo.

 

Sin embargo en un escenario en que los niveles de producción (pese a la recuperación 2004-2005) apenas retornan a los de 1998, con salarios insuficientes el gobierno se compromete a cumplir los “compromisos internacionales” y posterga en consecuencia la inversión productiva y la deuda social.

 

Uno de los fundamentos es de que el Fondo había cambiado, y que los acuerdos fueron un éxito. La realidad muestra otra cosa, los compromisos reiteran los mismos postulados de los acuerdos del 2002 signados con el gobierno de Jorge Batlle y el servicio de la deuda se hace incompatible con las necesidades sociales.

 

Resurge incluso el peligro de nuevas privatizaciones como en el caso de ANTEL, el incumplimiento de la reforma constitucional por el agua, la apertura irrestricta al ingreso de todo tipo de capitales aún a costa de la contaminación del aire, agua o de derechos laborales.

 

El argumento de que es necesario pagar a los grandes organismo internacionales para obtener créditos que permitan el crecimiento económico es desmentido entre otros por J. Stiglitz que fuera vicepresidente del Banco Mundial que señala “ Los créditos del FMI servirán para pagar las deudas con el FMI no para reactivar la economía. Supuestamente el crédito del FMI restaurará la confianza en la economía, pero si es así o no dependerá de las condiciones que sean impuestas. Si el FMI impone una contracción fiscal (...) la economía se debilitará y esto llevará a una nueva erosión de conflictos”.

 

Las obligaciones para el 2005 y 2006 superan los 2000 millones de dólares por año  Los recursos que se destinan a el pago de la deuda se quitan a la salud, vivienda, salarios. Se continúa emitiendo deuda para pagar deuda a tasas de interés superiores a las internacionales como la reciente emisión de títulos a 9.25% anual en dólares.

 

El salario sigue siendo la variable de ajuste para pagar deuda externa y mantener la rentabilidad de las empresas. Después de una perdida de poder adquisitivo que en los últimos años ronda el 25% se pretende prácticamente congelar los salarios y pasividades en estos niveles, mediante pautas de recuperación absolutamente insuficientes.

 

El combate a la pobreza se torna inviable. Aún atendiendo las situaciones más extremas el modelo actual es una continua fábrica de nuevos pobres.

 

La tablita monetaria.

 

El papel que los grandes organismos internacionales le asignan al país en la región fue expresado en una de sus más claras definiciones en el Acuerdo de Ajuste estructural de 1989.  las necesidades de Uruguay son las de un banquero, no las de un comerciante. También requiere altas tasas de interés para atraer y mantener depósitos de no residentes, un alto precio a pagar para financiar la formación del capital necesario para el crecimiento a largo plazo [1]

 

La contención del valor del dólar y la previsión de su cotización futura se convirtió en una pieza clave de estas estrategias.

 

La vieja tablita de finales de los setenta se reeditó con nuevos ropajes, en los noventa, ello daría garantía a los inversores que pasaban del dólar al peso y nuevamente al dólar obteniendo márgenes enormes de ganancia en calesitas financieras de todo tipo. La invasión de productos importados fue otra consecuencia.

 

Desde el 2002, los acuerdos con los organismos internacionales incluyen un alto grado de flexibilidad cambiaria, con intervenciones del BCU limitadas al objetivo de “fomentar un mercado cambiario que permita al sector privado un mejor manejo de su riesgo cambiario”

 

En ese entorno la emisión monetaria se ha convertido en el nuevo ancla que intenta frenar los precios, y la cotización del dólar que efectivamente retrocedió desde guarismos cercanos a los treinta pesos por dólar a mediados del 2004, hasta el actual entorno de los 25 pesos. Todo muy parecido a una tercera versión de la tablita, aunque con nuevo rostro.

 

El control de la evolución del tipo de cambio se realiza mediante la contracción de la emisión de moneda. Cuando no es suficiente se lanzan al mercado títulos en pesos con rentabilidad atractiva para evitar que esos excedentes se vuelquen a la compra de dólares y eleven su cotización. Algunos instrumentos como las letras de corto plazo y depósitos en pesos en el BCU, o letra de tesorería indexadas al IPC cumplen ese objetivo aunque aumentan los egresos futuros del gobierno.

 

Otro de los costos es la inflación en dólares y la pérdida de capacidad de exportación. Los indicadores de competitividad con el exterior marcan que se ha perdido casi un 10% entre febrero del 2004 y abril del 2005.Crecen las importaciones y las tasas de interés reales siguen en niveles insostenibles.

 

Posiblemente se repita la historia de las viejas tablitas. Una primera fase de expansión sobre la base del comercio importador y el crédito y una segunda de deudas y contracción de la demanda que culmina en crisis.

 

El menú se complementa una vez más con promesas de grandes inversores internacionales que sustentarán el crecimiento “genuino”. La experiencia muestra  otra cosa. Salvo excepciones puntuales las empresas que se instalan en el tercer mundo se localizan en las fronteras de grandes mercados, o en fuentes de materias primas no renovables. Eventualmente controlan servicios esenciales o se trata de industrias contaminantes en busca legislaciones permisivas o controles insuficientes.. Como dijo un ex asesor de gobiernos de Estados Unidos, Laurence Summers: “Las industrias contaminantes deben ser transferidas hacia el sur donde el aire es más barato”

 

Está latente el riesgo de la misma película con otros actores. Para el pueblo, la peor de las alternativas.

 

Brecha. Junio 2005.