LA CRISIS, EL G20,
el Club y el mercado
>> Por Gustavo Melazzi*
La crisis.
Seguramente no nos
equivocamos si afirmamos que, a esta altura, la gran mayoría de los lectores,
de quienes miran noticiosos y comentaristas por TV, de quienes intentan
comprender qué está pasando con la crisis y cuál sería su perspectiva, cada día
aumentan su confusión. Es lógico, ante la avalancha de las más variadas
informaciones, que sólo atosigan a sus receptores. Desde nuestra visión de
izquierda, señalamos ya que para comprenderla, en el banquillo de los acusados
hay que poner al sistema capitalista, aprehender su propia lógica, y entonces
todo se vuelve más claro. Tal como señalamos en una oportunidad “es el
capitalismo, estúpido”.
Pero nuestra
intención no es ahora abundar en esto. Partimos de la base, simplemente, de que
antes que tratar de interpretar desde aquí “los últimos datos de las
cotizaciones de bolsa y del desempleo”, la crisis sigue su curso, es difícil
opinar sobre su duración y perspectivas de recuperación. Así lo admiten los
propios directivos y ejecutivos de las principales transnacionales e instituciones
financieras centrales, y los políticos de las metrópolis donde se decide a nivel
mundial, interesados absolutos en que se supere lo antes posible.
Nos interesa
aportar algún comentario, y dedicarle atención a un evento que no apareció ni
en los titulares ni en la letra chica de los medios.
El G20.
Poco tiempo atrás,
como es de público conocimiento, se reunieron los representantes de estos
países “más importantes” y abordaron la crisis y las propuestas para
superarla.
Muchos analistas
calificaron sus resultados con la conocida expresión “la montaña parió un
ratón”. Aprobaron un gran refuerzo a las finanzas (casi desaparecidas) del
FMI, que incluía un aumento en los Derechos Especiales de Giro y recomendaron
la adopción de medidas regulatorias más estrictas a
los movimientos de capital. Esta recomendación fue muy difusa, a excepción de
la aspiración por aumentar la transparencia de manera de posibilitar una mayor
recaudación fiscal para los gobiernos centrales, tan necesitados de fondos para
paliar al menos en una mínima parte los fabulosos desembolsos con que
subvencionan al sector financiero.
Esa evaluación
pareció atinada, y sus propuestas pueden calificarse de “cosméticas” aunque
hay que tener claro que, en su laconismo e “insuficiencia” ante los problemas,
implícitamente nos comunicaba, a todo el planeta, que el sistema capitalista
debía proseguir sin cambios importantes, y que la crisis era sólo un accidente,
un problema “puntual” que la propia dinámica del capitalismo corregiría. Nada
menos.
De todas maneras,
y pese al eventual “avance” de aumentar el G8 a G20 mediante la invitación a
asistir (y a comprometerse) a otros países, en general esperábamos más de las
resoluciones, aunque sin tener claro qué.
El Club.
Se trata del Club de Bilderberg, nombre del
hotel holandés donde se encontraron por primera vez., y que se reunió del 14
al 17 de mayo en Grecia. Reunión no informada; no divulgada por medio escrito o
televisivo. Única excepción: uno de los periódicos más influyentes de Gran
Bretaña: The Guardian, que
envió corresponsal especial. Su crónica es deliciosa, y cuenta por ejemplo sus
vicisitudes con la policía griega, que no les permitía acercarse a menos de 500
mts. por tierra y 4 km por mar de dicha reunión.
Querido lector,
sospecha bien: El Club es selecto. Lo integran unas
130 personas; entre ellas las más ricas del mundo (Bill
Gates; Warren Buffet; George Soros; David Rockefeller; Ophra Winfrey, etc.); los presidentes de los principales
bancos; máximos ejecutivos de organismos internacionales, ejecutivos en
economía decisivos en los principales gobiernos del mundo (la mayoría de los
del gobierno de Barak Obama
allí estaban), entre otros. Previamente hubo citas preparatorias, y el objetivo
fue analizar la situación.
Concluyeron que la
crisis empeorará, y debatieron si era más conveniente a sus intereses que
tuviera un largo desarrollo con efectos más amortiguados, o fuera más corta
pero de consecuencias mucho más fuertes; en general, se pronunciaron por la
primera alternativa.
Hubo unanimidad,
sin embargo, en que el principal problema y amenaza radica en el excesivo
aumento de la población mundial. Una novedad para quienes todavía creen en un
“capitalismo con rostro humano”, y que anuncia cómo nos tratarán.
Se refirieron
también a la salud mundial (probablemente para consolidar el fuerte sendero
actual hacia su mercantilización total) pero, en lo que nos interesa, económicamente
plantearon que el FMI debía pasar a ser el “tesoro” del mundo, y regular todos
los flujos financieros. En relación al dólar, manifestaron preocupación por la
posible “defunción” del dólar como moneda de reserva internacional.
Es evidente que de
la reunión surgen múltiples comentarios, como el de la
población “culpable”; el
papel clave que EE.UU. se reserva en las finanzas mundiales
vía el FMI, y otras, que se irán planteando en el futuro.
Pero la crónica de
la reunión de El Club aportó el por qué de la
insatisfacción con las resoluciones del G20.
Fue entonces que
apareció la coherencia, la explicación. Nadie duda que El Club
nuclea a quienes deciden la economía del mundo (sobre
nosotros, pues). Su reunión fue a comienzos de abril; por lo tanto no se podía
pedir al G20 que adoptara resoluciones más claras, más efectivas, con
anterioridad a que tomaran posición quienes en el mundo deciden.
Ahora sí; a
futuro, de lo que se trata es de seguirle la pista a las sucesivas resoluciones
en EE.UU. y en la Unión Europea (por ejemplo en la
OCDE a fines de este mes) coherentes con las decisiones en Grecia. Ya hay
indicios al respecto.
Esto no significa
que desde El Club emanen directivas que, de manera
simplista, los gobiernos y demás acaten. El proceso es mucho más complejo;
existen diversos intereses de clase; momentos y disputas internacionales,
etc. Pero es un dato clave.
En este sentido,
por ejemplo, impresiona reseñar que a sus reuniones invitan personas, y no
parece ser sólo casualidad que a Bill Clinton lo invitaron en 1991 y en 1992 fue presidente de EE.UU.; a Tony Blair lo invitaron en 1993 y pasó a primer ministro; Romano
Prodi fue invitado en 1999 y luego fue nombrado
presidente de la Unión Europea. Es sistemática la invitación a líderes de la
OTAN; tratan
las relaciones con
China, el precio del petróleo, y así sucesivamente.
El mercado.
¿Corresponde
sorprenderse por esta reunión? No lo haremos quienes defendemos la economía
política; comprendemos el capitalismo desde los intereses de los trabajadores.
Pero para los
defensores de la “teoría económica”: ¿dónde queda aquello de que “el mercado”
dirige todo? ¿Qué pasó con “la competencia” y/o el “libre juego de las fuerzas
en el mercado que asignan recursos para el máximo bienestar de todos”? ¿Dónde
está “la demanda de los consumidores” que rige al sistema? Para ellos todo lo
que ocurrió es inadmisible, no entra en sus razonamientos.
Pero es la
realidad. Es el capitalismo. En evidencia; descarnados, vemos a los dueños de
las decisiones reuniéndose (con todas las características de un complot) para
defender sus intereses. He aquí al “mercado”, que tiene nombre, apellido, y
poder.
Notas
Y, mucho menos,
plantear incluso trasnochadas sugerencias sobre “lo que deberían hacer”, o
aceptar el acta de defunción del neoliberalismo.
2 Véase, por ejemplo,
Atilio Borón: El gran circo de Londres, en www.argenpress.info
3 Interpretación tan
compartida en nuestro país.
4 Véase Andrew Marshall: Rehacer la
economía política global. En rebelión.org
* Red de Economistas de Izquierda del
Uruguay (REDIU)